La investigación periodística de nuestro diario que ha dejado al descubierto la presencia en el sur de la Florida de una exjueza afín al chavismo, da pie para pensar en una sola dirección: el chavismo se convenció de las bondades del capitalismo.
Día a día son más los chavistas que se quitan la boina roja para lucir una gorra de los Marlins, trayendo consigo una estela de dolor y desesperanza a cuestas que tratan de paliar con los dineros malditos de la “revolución bolivariana”
La investigación periodística de nuestro diario que ha dejado al descubierto la presencia en el sur de la Florida de una exjueza afín al chavismo, da pie para pensar en una sola dirección: el chavismo se convenció de las bondades del capitalismo.
Este rincón de los Estados Unidos se está convirtiendo en una especie de paraíso para un sinnúmero de venezolanos que en el pasado le hicieron tanto daño a la institucionalidad de su país y que hoy, por ser víctimas ellos mismos de un invento llamado “socialismo del siglo XXI”, bordado con endebles hilos cubanos, decidieron dar un paso hacia adelante en busca de un lugar donde pasar inadvertidos y reinventar sus vidas manchadas de sangre inocente.
Día a día son más los chavistas que se quitan la boina roja para lucir una gorra de los Marlins, trayendo consigo una estela de dolor y desesperanza a cuestas que tratan de paliar con los dineros malditos de una “revolución bolivariana” que, muy seguramente, genera rabia y desconsuelo a los restos del verdadero Libertador, en el Panteón Nacional, en Caracas.
Pero si allá no los quieren, de este lado de la mesa de ajedrez no podemos abrirles las puertas a esos alfiles de una filosofía retrógrada que ha llevado a un pueblo entero a ser visto como paria, en donde la muerte, hoz en mano, cercena las esperanzas y causa un llanto que ahoga a la gente en un mar de injusticias.
Es hora de cerrar filas contra esos esbirros del chavismo que hoy se muestran arrepentidos o que simplemente pretenden acrecentar sus fortunas estableciendo negocios prósperos en el país que otrora, peyorativamente, denominaban “el imperio”.
La comunidad latinoamericana con asiento en el sur de la Florida no puede ser ajena a los esfuerzos de las organizaciones de exiliados venezolanos que propenden por la expedición de medidas más coercitivas en aras de expulsar de los Estados Unidos a toda esa caterva de “enchufados” que desangraron las arcas de un país y que, además, se les encauce judicialmente.