Las intenciones y propósitos de la política exterior de China son cada vez más claros. Recientemente, aplastaron los espacios democráticos de Hong Kong, a pesar de que acordaron con Inglaterra que los respetarían; las elecciones hongkonesas, bajo la nueva ley impuesta, entregaron el poder a los pro Pekín; fabricaron islas artificiales en el Mar Meridional, para tomar control naval y económico sobre el 90% de esas aguas; se niegan radicalmente a cualquier investigación seria sobre el origen del coronavirus; realizan frecuentes operaciones de pirateo electrónico para robar tecnologías de empresas de aeronáutica que producen aviones y barcos de guerra para EEUU; y se han envuelto en una precipitada carrera armamentista y nuclear que desborda cualquier argumentación de seguridad nacional.

Estas son algunas de las acciones que han hecho “despertar” a numerosos gobiernos del mundo sobre las intenciones hegemónicas y militaristas del régimen de Xi Jinping.

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Con este mare magnum ofensivo, Xi pretende además desviar la atención de que Taiwán es su objetivo inmediato. Las incursiones aéreas más allá de la zona de seguridad taiwanesa han aumentado de 380 en 2020, a más de 1.000 en 2021. También, el régimen chino ha intensificado las presiones internacionales para aislar a Taiwán. En febrero, obligó al gobierno de Guyana a dar marcha atrás a su anuncio de abrir una oficina comercial de Taiwán. Hace unos días, el régimen de Daniel Ortega cortó los lazos diplomáticos con Taiwán y los creó con China. Una semana después, recibió un cargamento de vacunas chinas Sinovac.

Esta escalada agresiva contra Taiwán no ha escapado a la observación de los pueblos y gobiernos democráticos, especialmente europeos, que han comenzado a dar pasos importantes de acercamiento a Taiwán y de distanciamiento con la China comunista.

La entrevista de la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-weng, en la televisora estadounidense CNN, en la que declaró que su país estaba “de pie, en la primera línea de defensa de la democracia”, ha reflejado una verdad importante y de gran trascendencia estratégica para Asia y Europa.

En agosto, Lituania anunció que abriría una Oficina de Representación de Taiwán, el equivalente a una representación diplomática. Las presiones chinas no se hicieron esperar: retiró a su embajador en Vilnius y pidió a Lituania que retirara el suyo. Desde entonces, las presiones no han cesado, pero los lituanos han mantenido firme su apoyo a Taiwán, y en noviembre la oficina abrió sus puertas.

También en noviembre pasado, una delegación oficial taiwanesa fue recibida en Eslovaquia y en la República Checa. En reciprocidad, siete miembros del Parlamento Europeo realizaron una histórica visita a Taipéi.

Y para confirmar que la ola europea de apoyo a Taiwán está creciendo, el parlamento de los Países Bajos ha aprobado dos importantes resoluciones. La primera pide al gobierno que exprese su rechazo a que Pekín cambie el estatu quo actual entre China y Taiwán. La segunda pide apoyo para Lituania frente a las represalias de Xi.

* El autor es analista político y exdiplomático.

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