* Favorece la liberación de sustancias relacionadas con el bienestar y el estado de ánimo.
*Combina movimiento, atención y coordinación, ayuda a salir de pensamientos negativos repetitivos.
*Permite expresar emociones a través del cuerpo.
*Cuando se realiza en grupo, también puede reducir el aislamiento y fortalecer los vínculos sociales.
Además, bailar puede aportar beneficios para la salud cardiovascular, la función cognitiva y la autoestima.
No en vano, muchas personas recurren al refrán popular: “La mejor versión de mí es cuando bailo”
Importante a tener en cuenta: esto no significa que bailar reemplace a los antidepresivos o a la terapia. Puede ser una herramienta complementaria y su utilidad depende de cada persona y de la gravedad de los síntomas.
El lenguaje del cuerpo
La danza explicada científicamente da respuesta a esa alegría que se siente cuando se baila ya sea solo o con una pareja.
La pista de baile tiene otro significado para un científico deja de ser un grupo de personas moviéndose al unísono para convertirse en una especie de terapia de grupo.
“El baile es un lenguaje del cuerpo”, afirma Julia F. Christensen, neurocientífico del Instituto Max Planck de Estética Empírica y autora de El baile es la mejor medicina. Explica que nuestro entiende los gestos que hacemos al bailar como un lenguaje expresivo.
La danza es ancestral. Con ella se celebra y también se realizan rituales para sanar, los neurocientíficos señalan que mucho antes de que rastrearan las ondas cerebrales o midieran los neurotransmisores, los bailarines tenían una comprensión intuitiva del poder de moverse juntos.
Ahora, la investigación está empezando a ponerse al día.
En 2024, en The BMJ un metaanálisis revisó 218 ensayos clínicos y descubrió que la danza reducía los síntomas de la depresión más que caminar, el yoga, el entrenamiento de fuerza e incluso los antidepresivos estándar.
Aunque solo 15 de los estudios se centraron específicamente en el baile, los resultados fueron suficientes para llamar la atención de los investigadores.
“Me sorprendió que hubiera cinco estudios sobre la danza”, dice Michael Noetel, profesor asociado de la Universidad de Queensland y autor principal de la revisión. “Entre la actividad física, la interacción socialy la influencia de música, no me
sorprende que la danza haya tenido buenos resultados”.
Aun así, los investigadores advierten que se necesitan más estudios a gran escala antes de que la danza pueda considerarse un tratamiento independiente.
Tratamiento divertido y barato
Dado que la depresión afecta a más del 29% de los adultos estadounidenses en algún momento de sus vidas, según una encuesta de Gallup de 2023, y que la terapia sigue siendo costosa o inaccesible para muchos, el baile puede ofrecer algo poco común: un tratamiento que es alegre, asequible y que ya forma parte de la forma en que los seres humanos se relacionan.
Por qué a tu cerebro le encanta moverse al ritmo de la música
Nuestros cerebros están programados para el ritmo, y bailar involucra a todo nuestro sistema nervioso. Algunos neurocientíficos describen esta estimulación de todo el cuerpo como una sinfonía neuroquímica.
Los procesos químicos que se registran en el cuerpo cuando se identifica una melodía tienen que ver con la liberación de dopamina, el movimiento físico aumenta las endorfinas y bailar con otras personas aumenta la oxitocina.
Los estudios han demostrado que esta triple acción puede mejorar el estado de ánimo, aumentar los vínculos sociales y reducir el estrés.
Christensen asegura que esta combinación de elementos probablemente diferencia al baile de otras formas de ejercicio, como los deportes y el yoga.
“En la terapia de movimiento y danza, por ejemplo, la reducción real de la ansiedad y los síntomas depresivos está relacionada con el componente expresivo del baile”, detalla.
Agrega: “Tomas algo que te define como persona o sentimientos que te resultan difíciles, y canalizas todo eso fuera de tu sistema, expresándolo a través de los gestos de tus brazos mientras bailas”.
En los ensayos clínicos, esto se manifiesta de forma cuantificable. “No fueron las partes de estiramiento lento, la frecuencia con la que las personas hacían ejercicio a la semana ni la duración del programa lo que tuvo el efecto”, comenta Noetel.
De forma sencilla, los científicos explican que bailar con mucho entusiasmo, al compás de la música, hace que los síntomas se reduzcan en mayor proporción.
En esos momentos cuando, el ritmo se acelera, el suelo vibra y los desconocidos se mueven al unísono, los investigadores han observado un fenómeno denominado sincronía intercerebral. Se trata de la alineación de la actividad cerebral entre las personas, que a menudo se observa en los estudios de electroencefalograma del movimiento en grupo.
Bailar en pareja o en grupo difumina la línea entre uno mismo y los demás, indica Christensen, y esto puede dar lugar a un potente aumento de la confianza y la conexión.
Reconectarse con uno mismo
La armonía entre la mente y el cuerpo hace que la persona se reconecte con sí misma. Una persona deprimida puede tener movimientos apagados, reducción de la expresión facial, de los gestos y de la postura; para los científicos, se trata de una pérdida del vocabulario emocional del cuerpo.
Entonces, el baile logra activar vías emocionales, cognitivas y sensoriales, “despierta una sensación de conexión dentro y fuera del yo”, dicen los investigadores.
Bailar para una persona deprimida puede ofrecer algo que la terapia conversacional no puede: una forma de procesar las emociones sin necesidad de utilizar el lenguaje.
“La danza invita a las personas a expresar algo sin necesidad de ponerlo en palabras”, insiste. Para muchos, esto puede ser increíblemente curativo y una gran terapia complementaria a la terapia conversacional.
Eso puede explicar por qué las intervenciones más eficaces en los ensayos clínicos no solo implicaban movimiento, sino también bailar con música y otras personas, algo que, según Noetel, puede ser clave para la eficacia de la danza.
El baile, según algunos, va más allá: crea momentos de alegría.
Desde clases de salsa hasta pistas de baile en clubes underground, los mejores resultados se obtuvieron con programas que priorizaban la interacción social y la musicalidad.
El baile prospera en entornos en los que se fomenta la creatividad y la iniciativa. Los investigadores sostienen que esto ayuda a restablecer la sensación de control y la expresión personal, dos aspectos que a menudo se ven mermados por la depresión.
Estas investigaciones están originando nuevos programas basados en el baile. Desde las aulas escolares hasta los centros de adultos mayores, los instructores están cambiando su enfoque de la precisión técnica al movimiento expresivo y la creación de vínculos comunitarios.
El baile también puede restaurar algo que la depresión a menudo nos quita: la capacidad de acción. Te da la oportunidad de elegir tu estilo, tu ritmo, tu manera de ser.
La recomendación final es encontrar el estilo de baile que más se parezca a tu personalidad y mover el cuerpo para mejorar la salud mental.
FUENTE: Con información de National Geographic