martes 27  de  octubre 2026
OPINIÓN

73 años hablando estupideces y destruyendo riqueza

Mientras Fidel Castro prometía superar a Países Bajos en producción lechera, su régimen sumía a Cuba en una crisis alimentaria que aún persiste.

Diario las Américas | Omar Sixto
Por Omar Sixto

No le llamamos Orador Orate por gusto. Desde al menos 1953, cuando se defendió ante un poder judicial justo y libre, Fidel Castro empezó a hablar estupideces y no se detuvo hasta su muerte en 2016. Empezó con ese alegato escrito por otro y terminado en una frase copiada a otro.

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Luego, desde 1959, engañó por medio año a medio mundo y a partir de ahí se regodeó demoliendo la prosperidad y libertad de Cuba hasta dejarla devastada en el momento de su muerte. Murió feliz el muy mal nacido, en una cama limpia bajo un techo robado a un cubano.

Y desde 1959 hasta su muerte, mientras destruía, fusilaba, encarcelaba, exiliaba y oprimía a los cubanos, no paró de hablar estupideces nunca. Centenares de horas soltando sandeces, tonterías y mentiras.

Les digo esto —aunque ustedes ya lo saben— porque estoy escribiendo la continuación de mi libro Se acabó la diversión y me tropiezo cada día con alguna de las estupideces que el barbudo dijo entre 1963 y 1980, período que abarca este libro. Entre esas, les comparto un párrafo del texto donde cito al Orate:

Antes de convertirse en dueño de los destinos de la isla, Castro no había tenido ninguna relación con el negocio ganadero o lácteo, pero después de la conversación con el embajador de Holanda y de leer los folletos que le entregó, hizo sus propios cálculos a partir de las estadísticas holandesas y concluyó: "En la ganadería, partiendo del ejemplo de Holanda, yo estoy absolutamente convencido —y me atrevo a decirlo aquí sin miedo a decir ninguna barbaridad, y que me juzgue la historia por lo que voy a decir— de que nosotros podemos llegar a producir tanta leche como Holanda, tanta leche como Holanda; no digo más, porque lo demás se lo dejo a los nuevos zootécnicos y los nuevos impulsores de la producción, que es posible un día sobrepasen".

Eso lo dijo el 20 de julio de 1963: hace sesenta y tres años. Por entonces no hablaba de bloqueo imperialista ni nada por el estilo. Los soviéticos le subsidiaban el circo mientras los cubanos escuchaban encantados al imbécil verborreico. A los que no se encantaban con sus estupideces, los metía en la cárcel o los fusilaba.

Un individuo que antes de que los cubanos le regalaran su país y su libertad nunca había trabajado, se leyó dos libros y un folleto, y de inmediato se consideró un experto en ganadería. Los resultados de confiar su futuro a un bandido con ínfulas de estadista están a la vista en el desastre humanitario que habita las ruinas de Cuba en la actualidad.

En 1963 decía que Cuba iba a producir más leche que Holanda. Hoy decenas de miles de niños y millones de adultos cubanos no pueden ni tan siquiera tomarse un vaso de leche. Despiertan, sobreviven y se acuestan con hambre en el mismo país donde antes de la llegada de ese Orate no faltaba la comida y alcanzaba la leche.

Ayer me preguntaban sobre quién estaría al frente de la reconstrucción de Cuba. Contesté lo que les repito hoy: cualquiera menos un político. Ojalá los cubanos hayamos aprendido la amarga lección que nos legaron nuestros padres de confiar a un megalómano desquiciado el destino de sus vidas y, por ende, de las nuestras.

La miseria actual de Cuba no es culpa de ningún bloqueo, no es responsabilidad de nadie más que de esa dictadura impuesta por ese Orador Orate y su pandilla. Dictadura que despojó a un hermoso país de toda su riqueza, de toda su prosperidad, de su libertad, de su dignidad y la convirtió en ese páramo miserable y a la vez represor que es hoy.

Ojalá hayamos aprendido la lección.

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