La desaparición de cuatro técnicos militares salvadoreños en Haití ha puesto al descubierto una situación muy sospechosa.
El periodista argentino Nacho Montes de Oca ha resumido esta inquietud con una expresión lapidaria: "Haití es un laboratorio para la guerra sin responsables".
La desaparición de cuatro técnicos militares salvadoreños en Haití ha puesto al descubierto una situación muy sospechosa.
Mientras ese país se desintegra bajo el dominio de las bandas criminales, se entrecruzan fuerzas internacionales, misiones respaldadas por la ONU y empresas privadas de seguridad cuyo papel exige explicaciones públicas y controles efectivos.
El periodista argentino Nacho Montes de Oca ha resumido esta inquietud con una expresión lapidaria: "Haití es un laboratorio para la guerra sin responsables".
Su planteamiento deriva en una pregunta básica: ¿quién controla realmente las operaciones armadas en Haití y quién responde por sus consecuencias?
Los reportes sobre la participación de Vectus Global, empresa vinculada a Erik Prince, fundador de Blackwater, y sobre la contratación de exmilitares extranjeros para entrenar fuerzas haitianas en nuevas modalidades de combate, hacen todavía más urgente esclarecer los intereses, los contratos y la cadena de mando detrás de estas operaciones.
No se trata de convertir las denuncias periodísticas en sentencias anticipadas, sino de exigir transparencia donde están en juego vidas humanas y la estabilidad regional.
La ONU tampoco puede refugiarse indefinidamente en el lenguaje de las misiones internacionales. Su responsabilidad debe medirse por los resultados, la supervisión de las operaciones que legitima y su capacidad para impedir que Haití continúe hundiéndose en la violencia.
Después de tantos años de intervenciones y promesas, el pueblo haitiano sigue padeciendo el terror de las bandas, el desplazamiento y el colapso institucional.
¿Y la ONU? ¡Bien gracias! En lo mismo de siempre, en lugares de conflicto donde va, en vez de arreglarse las cosas, estas se complican.
¿Se está trabajando realmente para pacificar Haití o se está consolidando un escenario de confrontación permanente en el que determinados actores políticos, económicos y militares encuentran ventajas? Esa es la interrogante del millón.
Si el plan es extender el conflicto a toda la Isla, la República Dominicana no puede permanecer indiferente.
Tenemos el derecho soberano y la obligación constitucional de preservar nuestra integridad territorial, proteger a nuestra población y defender la seguridad nacional.
Nuestro país debe fortalecer la vigilancia fronteriza, la inteligencia estratégica, la capacidad de respuesta de las Fuerzas Armadas y los mecanismos de coordinación internacional.
También debe exigir información verificable sobre las operaciones militares y de seguridad que se desarrollan en Haití, sus patrocinadores y sus posibles repercusiones sobre el territorio dominicano.
No podemos permitir que la incapacidad internacional para estabilizar Haití termine convirtiéndose en una carga permanente para nuestro país, ni que la expansión de la violencia sea tratada como una fatalidad inevitable.
La solidaridad no significa ingenuidad. La cooperación internacional no sustituye la responsabilidad de cada Estado de defender a sus ciudadanos. Y la soberanía no se negocia ante la incertidumbre.
Haití necesita una solución, no una guerra interminable. La República Dominicana necesita previsión, no improvisación.
Si los actores internacionales "desean la cacareada" paz, que demuestren con hechos que su objetivo es restablecer el orden institucional haitiano, desmantelar las estructuras criminales y devolverle al pueblo haitiano la posibilidad de vivir en libertad y seguridad.
Cosa que todavía ni por asomo han demostrado, ya que como vemos el conflicto se prolonga, y proliferan actores armados sin controles transparentes.
El tema no será quién puede resolver la crisis haitiana, sino quién se beneficia de que nunca termine.
La República Dominicana no puede esperar a conocer todas las respuestas cuando las consecuencias ya hayan alcanzado sus puertas.
Nota base de este artículo: La desaparición de los cuatro técnicos salvadoreños fue reportada tras un ataque ocurrido el 18 de octubre de 2026. Al 25 de octubre, el presidente Nayib Bukele había rechazado que unos restos humanos hallados en Haití correspondieran a sus militares desaparecidos.
