Fue reconfortante observar a un grupo de estudiantes, con Miguel Suárez, presidente de la Federación de Centros Universitarios de la Universidad Central de Venezuela a la cabeza, encarando a Delcy Rodríguez para la liberación de los presos políticos.
Ella, rodeada de algunos matones y asumiéndose en el personaje de candidata presidencial, anda muy activa entregando equipos a hospitales, visitando escuelas, y besando a viejitos. En la UCV intentó matizar el rechazo a su persona con la compañía del grandeliga Miguel Cabrera.
Los jóvenes no perdieron su oportunidad: “libérenlos a todos”, recordándole a Delcy que ella y su hermano Jorge egresaron de esa casa de estudios, y ella claro, desde su poder, alzó la voz intentando apabullar; al no lograrlo, huyó.
Ni una sola área del país se ha salvado del efecto devastador del chavismo, pero lo ocurrido en la educación es particularmente terrible. Es una proeza que las casas de estudio se mantengan en pie y que todavía profesores con el salario de una limosna honren su vocación y continúen enseñando.
Un ejemplo retrata el desprecio de la dictadura por la educación y específicamente por la formación universitaria. Es el caso de la Universidad Católica Santa Rosa (que ya ni tan católica) porque bajo los efectos legales la Iglesia perdió el control. Ahora es un ente con estructura propia jurídica civil.
La verdad es que la Universidad Santa Rosa funciona como un ente operativo del régimen, deformada en una maquinaria para producir títulos académicos utilizados para limpiar la imagen de mediocres e indolentes representantes del oficialismo que necesitan ser habilitados para cargos estratégicos sin cumplir los requisitos para acceder a ellos.
Se trata de un patrón sostenido para acreditar ilegalmente a personajes con autoridad para encerrar a inocentes o tener injerencia en la elección presidencial.
Esa es la razón de por qué los títulos académicos entregados por la Universidad Santa Rosa se han concentrado en entes electorales, organismos de justicia y de seguridad del Estado. Aunque también han pensado en los negocios, en fuentes estratégicas de ingresos como los impuestos.
La Universidad Santa Rosa de carácter privado tuvo su origen en 1999 en la iglesia católica sin rol político relevante. Eso comenzó a cambiar en el 2004 cuando el rector Martín Enrique Zapata Fonseca reformó los estatutos para lograr el control de la fundación universitaria y en el mejor estilo chavista volteó la institución hacia un rectorado concentrado y con autonomía sin rendir cuentas a la Iglesia, lo que se entendió como una ruptura práctica del control eclesiástico tradicional convirtiendo la UCSAR en una estructura politizada.
Se activó entonces la fábrica productora de títulos que fue perfeccionada en el 2014 con un nuevo rector, el presbítero Carlos Boully, aún en funciones, un activo clave para legitimar a personajes del régimen, limpiarles su pasado con títulos universitarios incluso doctorados, para garantizar que cumplan los requisitos para altos cargos.
Es un gestor, un operador que activa el mecanismo para ubicar a piezas del régimen como magistrados del Tribunal Supremo de Justicia que toman decisiones sin cumplir con los requisitos legales como el doctorado previo conocido; el mal se extiende hacia el fiscal general, el contralor y la directiva del Consejo Nacional Electoral donde el cura Boully ha participado con su voto como miembro del Comité de Postulaciones para seleccionar a los rectores.
La repartición de honores se prolonga hasta altos funcionarios administrativos como el Seniat en beneficio de José David Cabello y para miembros de la Procuraduría y otros órganos de control.
Boully ya lleva 12 años a la cabeza de la Universidad Santa Rosa y ha sido reconocido por la dictadura en distintos escenarios. Memorable fue un acto de ascensos policiales dirigido por Nicolás Maduro en el que fue ascendido a comisario mayor -la máxima jerarquía policial- y designado como Capellán General de Policías.
También es frecuente entrevistado en VTV donde habla de formación ciudadana. Su peculiar discurso está mimetizado al madurismo. Basta escuchar su propuesta de acreditar como legítimo los “saberes”, reconociendo la experiencia laboral como formación académica.
Lo de Boully es lesivo para la educación nacional. La universidad Santa Rosa construye coartadas a personajes que no cumplen los requisitos legales para ascender a cargos de de poder.
Es un lavador institucional. Es decir, de lo que queda de institución en una mole con registro de educación.
Por cierto, por allí anda Indira Urbaneja una de las propuestas por el oficialismo en su comisión para la paz y la convivencia. Otra estafadora de título que afirma falsamente ser egresada de la Universidad de Carabobo en la escuela de Estudios Políticos. Ya desmentida por las autoridades.