La nueva década mantiene la existencia de dos Américas: una democrática y otra dictatorial de delincuencia organizada desde la que se busca la desestabilización permanente de las democracias.

La América dictatorial, ahora denominada “castrochavismo”, está dirigida por Cuba que controla las dictaduras de Venezuela y Nicaragua e integraba a Ecuador con Rafael Correa y Bolivia con Evo Morales. Las dictaduras han perdido espacio y afrontan situaciones de crisis terminal, pero ahora están apoyadas por los gobiernos de Argentina, México y España.

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En la América democrática las características son la “alternancia en el poder y la previsibilidad”, cumpliendo los elementos esenciales de la democracia resumidos en el respeto a los derechos humanos, la vigencia del estado de derecho, la división e independencia de poderes, elecciones libres y justas con un régimen plural de partidos y organizaciones políticas.

Las características de la América dictatorial o dictaduras castrochavistas son la “permanencia indefinida en el poder y su ejercicio de facto” con ausencia de los elementos esenciales de la democracia, existencia de perseguidos, presos y exiliados políticos por medio de la judicialización de la represión, y la comisión de delitos como ejercicio del poder en un sistema de delincuencia organizada trasnacional que abarca narcotráfico, terrorismo, corrupción, delitos de lesa humanidad y más.

Ecuador, con el presidente Lenín Moreno, resultó un gobierno de “transición a la democracia”, restaurando los elementos esenciales y permitiendo acciones legales por la corrupción de Correa, apartándose de ser una dictadura. Bolivia, con la renuncia de Evo Morales, con un gobierno interino lleva al país a nuevas elecciones, lucha por liberarse del sistema dictatorial aún vigente ante la conspiración y amenaza permanentes por el grave impacto que representa su pérdida para el sistema castrochavista.

Para demorar su final y contener la creciente presión interna e internacional por la liberación de los pueblos de Cuba, Venezuela y Nicaragua, las dictaduras castrochavistas que oprimen esos países pusieron en marcha una ofensiva contra la América democrática, evidenciada con el fallido golpe de estado en Ecuador, la desestabilización de Chile, la activación de las FARC, el soporte al ELN y conflictos en Colombia, la conspiración en Perú, Brasil y otros, manipulación migratoria y narcotráfico contra la región, Estados Unidos, y más.

La América democrática se ha fortalecido y aumentado el número de Estados, lo que se ha expresado en la Organización de Estados Americanos que regresó al respeto y aplicación de la Carta Democrática Interamericana, en una nueva política exterior de los Estados Unidos para la región, en el Grupo de Lima, en la reactivación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca y en una creciente actitud para identificar correctamente al enemigo que ataca las democracias.

La derrota de la América dictatorial se retarda por la política exterior de México alineada con las dictaduras castrochavistas, bajo mando del presidente López Obrador. Su sabotaje al Grupo de Lima, su abierto apoyo a la dictadura de Venezuela, su consistente apoyo a la dictadura de Cuba que incluye la contratación de “médicos esclavos”, la protección dada al dictador Evo Morales para que huya de Bolivia y su posición en la ONU y la OEA lo demuestran.

El apoyo de Alberto Fernández y Cristina Kirchner ha cambiado la política exterior de Argentina para ponerla al servicio del crimen organizado que representan Cuba, Venezuela y Nicaragua. Así lo prueba la estrecha relación Kirchner con Cuba, la defensa del dictador prófugo Evo Morales incurriendo en violaciones al derecho internacional como permitir que Morales conspire desde territorio argentino contra el gobierno interino de Bolivia y el retiro del representante del presidente Guaidó de Venezuela para reemplazarlo por uno de Maduro.

En España, con el gobierno de Pedro Sánchez e Pablo Iglesias, el castrochavismo ha tomado el poder porque Podemos es la creación de la América dictatorial para penetrar y destrozar la democracia española. La intervención de miembros de la seguridad de España para liberar prófugos de la Embajada de México en La Paz-Bolivia así lo prueba. Podemos controla la televisión oficial española y penetra el servicio exterior.

Los amigos de los enemigos no son amigos. Las democracias de las Américas deben ser claras y oportunas en precisar y denunciar la posición de Argentina, México y España, no permitir un “doble estándar” y actuar en consecuencia.

*Abogado y Politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracy
www.carlossanchezberzain.com

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