Por LILEANA PONCE

Al fin pudimos disfrutar, de una buena noticia acerca de la situación de mi queridísimo país, Venezuela. ¡Nuestra embajada fue desalojada! Los seguidores del régimen Castrista-Madurista que pretendieron ocupar los espacios de nuestra embajada en Washington, no resistieron a la presión de los venezolanos que lucharon pacíficamente día y noche, acompañados por nuestro embajador Carlos Vecchio, por desalojar a estos personajes dignos merecedores de un exhaustivo análisis psiquiátrico.

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Estos eventos me hicieron rememorar los días que yo viví en esa gran ciudad y tuve la fortuna de caminar por las bellas calles de Georgetown y ver en la calle 30, que desemboca en el Río Potomac, a la flamante bandera de Venezuela en nuestra embajada. Recordé también cuando fui miembro de mesa electoral, en las elecciones del 2012. Estuve presente y compartí durante horas del día y de la noche con los partidarios de Chávez. Fueron momentos difíciles, pero también fueron momentos de grandes sorpresas… por cuanto podía caminar por pasillos y oficinas no abiertas al público en general y tuve la oportunidad de ver cómo, en uno de los pasillos, los funcionarios habían instalado un altar dedicado a María Lionza y a sus cortes: Guaicaipuro, José Gregorio Hernández, la corte Africana, Negro Primero y además, las imágenes de la Santería Cubana: Changó, Yemayá, Obatalá, Ochún, me detuve un rato a observar y sin salir de mi asombro, pude ver los restos de tabaco fumados… ¡Con razón, sentíamos el fuerte olor a tabaco en toda la embajada!

María Lionza es un mito importante dentro de nuestra imaginería autóctona. Fue inmortalizada por nuestro gran escultor Alejandro Colina en su imponente escultura ubicada en la autopista, frente a la Ciudad Universitaria. Todos recordamos las miles de ofendas florales que colocaban allí, a sus pies. La adoración a “La Reina”, se convirtió en un culto. Este culto, a diferencia del mito, busca penetrar en las imágenes religiosas de la religión católica, de la misma manera como lo logra el sincretismo afro-cubano, identificando a Santa Bárbara con Changó o la Virgen María, con Yemayá, la Madre y diosa del amor.

El chavismo, tal y como lo hicieron los castristas en Cuba, utilizó este culto como parte de un “nacionalismo mediocre”, para adoctrinar a la sociedad venezolana. Sí, nacionalismo mediocre, porque no llega a la cima, se queda en la mitad. De hecho, la palabra mediocre proviene del latín “mediocris” que significa “medio” o “común”. Etimológicamente está compuesto por el vocablo “medius” que expresa “medio” o intermedio” y “ocris” que significa “montaña o “peñasco escarpado, por lo que indica a algo o alguien que se queda a la mitad del camino siendo la cima de la montaña el destino final.

Pero como señala el sociólogo y médico argentino, José Ingeniero, en su libro “El hombre mediocre”: “El mediocre es el que se suma a los demás. Los mediocres no tienen voz, sino eco”. El venezolano se convirtió en un pueblo que no tenía voz, sino eco… debido al bombardeo de la mediocridad castrista-chavista.

Esta mediocridad galopante invadió a nuestro país, de la misma manera que invadió a nuestra embajada en Washington, durante 20 años. Hasta hace poco estuvo representada por un grupo de fanáticos ignorantes, es decir, de mediocres. Esta es la evidencia de que los Estados Unidos de América, cuna de libertad y democracia, también está siendo atacada por el cáncer de la ignorancia, la desinformación y la mediocridad galopante que llevó a Venezuela a la peor crisis humana acontecida en América Latina.

*VenAmérica Sector Educación

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