La batalla por las elecciones presidenciales 2020 ya comenzó, con el presidente Donald Trump confrontando a un Partido Demócrata revitalizado, después de reconquistar la Cámara de Representantes.
La batalla por las elecciones presidenciales 2020 ya comenzó, con el presidente Donald Trump confrontando a un Partido Demócrata revitalizado, después de reconquistar la Cámara de Representantes.
No hay duda que el país sigue dividido, pero hay un cambio importante que le brinda a los contendores de Trump: la esperanza de vencerlo en su aspiración por un segundo mandato en la Casa Blanca.
Sin embargo, si los demócratas usan su mayoría para bloquear a la actual administración, con propósitos políticos, efectivamente podrán detener la agenda gubernamental pero será contraproducente ante los ojos del electorado.
Por una parte, le daría a Trump la excusa para culpar a sus rivales políticos, tal como lo hizo el expresidente Barack Obama cuando los republicanos obstruyeron en el Congreso su agenda.
Es un camino arriesgado si lo que quieren los demócratas es demostrar a los votantes que son la mejor opción partidista.
Aun a pesar de que el mandatario y Nancy Pelosi, la probable presidenta de la Cámara, han indicado que esperan trabajar juntos constructivamente, el lenguaje desafiante de Trump, advirtiendo a los demócratas que no inicien investigaciones sobre su pasado, sugiere que los próximos dos años no van a funcionar sin problemas.
La inmigración, la reforma de salud o los recortes de impuestos para los más ricos serán solo tres de los temas que seguro provocarán enfrentamientos acérrimos y explosivos con el poder legislativo demócrata, pero también la pelea por continuar la investigación del fiscal Robert Muller sobre la trama rusa.
“No estamos haciendo ninguna investigación por un propósito político, sino para buscar la verdad”, sostuvo recientemente Pelosi.
Según el Pew Research Center, los votantes favorecieron a los candidatos demócratas en el Congreso sobre los republicanos por un margen de unos 7 puntos porcentuales en las elecciones de medio término. Mientras tanto, la brecha de género en las preferencias de voto fue al menos tan amplia como en cualquier punto de las últimas dos décadas, con mujeres que favorecen al candidato demócrata en su distrito del 59% al 40% y hombres que votan por el candidato republicano del 51% al 47%.
A pesar de estos alentadores resultados, los demócratas todavía tienen el desafío de no contar con ese líder que pueda ser un presidente potencial.
Es cierto que hay muchos posibles candidatos, como Joe Biden, el exvicepresidente o la senadora Elizabeth Warren, pero no hay aún una estrella demócrata en ascenso, vista por el partido, como la persona capaz de enfrentar a Trump y derrotarlo en 2020.
Por eso, el primer objetivo demócrata deberá ser demostrar su liderazgo a través de su programa legislativo y sus habilidades negociadoras para enganchar a la Casa Blanca y traer un cierto grado de unidad de cara al país.
Cualquier otra estrategia, como un juicio político contra Trump, podría colmar la paciencia del estadounidense común.
Por otra parte, Trump también tendrá que desempeñar un papel más conciliatorio, si quiere avanzar en sus objetivos.
Es más que seguro que el Presidente querrá seguir con sus programas prioritarios, dos de los cuales son: el tema migratorio para justificar la construcción de un muro fronterizo y pelear por un presupuesto de defensa mayor, para aumentar y mejorar las capacidades de las fuerzas armadas.
La lección de oro en política para el mandatario será negociar con el enemigo y evitar una ruptura política permanente.
Para un presidente, cuyos primeros dos años serán recordados por su estilo de confrontación y desenfadados tuits, parece poco probable que cambie.
Es innegable que Trump, más que cualquier otro líder político, conoce y entiende su base de apoyo, luego de lograr una serie de victorias notables en varios estados clave, que ayudaron a extender el control republicano en el Senado.
Así, a menos que se cambie el curso político, es probable que en algún momento de los próximos dos años haya una ruptura de relaciones entre la Casa Blanca y la Cámara.
La clave estará en ¿quiénes serán vistos como responsables de la crisis, Trump o los demócratas? La respuesta a esa pregunta podría decidir quién gane las elecciones presidenciales de 2020.
