La Ley de Violencia contra la Mujer de 1994 (VAWA), por sus siglas en inglés, es una ley federal en Estados Unidos que atiende el Control de Delitos Violentos firmada por el presidente Bill Clinton el 13 de septiembre de 1994.

Esta ley fue uno de los pilares del Gobierno federal en respuesta a la violencia doméstica, la agresión sexual y el acoso entonces. Copatrocinada por el entonces senador demócrata por Delaware Joe Biden y el senador republicano por Utah Orrin Hatch.

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Esta ley también estableció la Oficina de Violencia contra la Mujer dentro del Departamento de Justicia.

Es irónico que un tema que le cosechó a Biden gran aprobación en su momento ahora se pueda volver contra él y arruinar sus esperanzas presidenciales.

Y es que con las denuncias hechas por Tara Reade, la exasistente del exlegislador, vino también el pedido, durante una entrevista, que el demócrata debería abandonar la carrera electoral pues, según la denunciante, “no es la persona adecuada” para ocupar el máximo cargo que dirigiría los destinos del país.

A pesar de que Biden ha negado categóricamente los hechos, la idea parece haber tenido resonancia en algunos sectores de Washington sembrando dudas en torno a su persona, aunque dentro del círculo de sus compañeros de partido el candidato demócrata ha obtenido respaldo.

La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, dijo que creía en Biden y que no tenía intención de responder preguntas al respecto.

De igual manera, los partidarios de Biden han señalado que su candidato siempre ha defendido los derechos de las mujeres De hecho, él mismo dijo en una declaración reciente que “todas las mujeres que sintieron haber sido maltratadas física o sexualmente deberían presentarse y recibir un trato justo y respetuoso”.

El supuesto suceso, que según Reade tuvo lugar hace 27 años, consistió en que el entonces senador la “empujó contra una pared en un pasillo del Senado y le puso la mano debajo de su falda”.

Para Biden este problema solo suma dificultades pues no solo debe encarar con firmeza esta situación, sino que además debe preparar un mensaje convincente sobre porqué él es la mejor opción para abordar la crisis provocada por la pandemia de coronavirus y sus efectos negativos en la economía. Cualquier variación futura de esta declaración sembraría dudas sobre su honestidad, transparencia y capacidad.

Por lo pronto, estamos ante una situación que enfrenta la palabra de Biden contra la de Reade; a menos que surja alguna clara evidencia que respalde a uno o el otro.

Una situación similar ocurrió cuando el juez Brett Kavanaugh fue nominado a la Corte Suprema y entonces acusado por Christine Blasey Ford de haberla agredido “sexualmente” en una fiesta, cuando ambos eran adolescentes.

Durante las audiencias de nominación del Comité Judicial del Senado en septiembre de 2018, el juez Kavanaugh negó enfáticamente la acusación pero entonces la Dra. Blasey Ford presentó pruebas y detalles de lo que pudo recordar.

En todo caso Kavanaugh ganó y fue aprobado como juez de la Corte Suprema.

Otro suceso que sacudió a la opinión pública del país fue el que involucró al productor de Hollywood Harvey Weinstein, quien más tarde fue condenado por numerosos abusos sexuales.

Entre tanto, el equipo de campaña de Trump está aprovechando la coyuntura para desacreditar al candidato demócrata. Es decir, es un tema que no va a desaparecer tan fácilmente.

Reade dijo que dudaba que Biden abandonara la carrera y probablemente tenga razón, aunque es posible que a puertas cerradas la jerarquía del Partido Demócrata tenga algunas conversaciones sobre la necesidad de tener un plan B para Biden si algo inesperado sucede.

Puede que ahora todo depende más que nunca de quien sea la compañera de fórmula de Biden, asumiendo que se mantenga firme en su idea de escoger a una mujer.

Lamentablemente, el momento político dicta que ahora la economía o la salud pública serán los temas preponderantes que favorecen o destruirán las ilusiones de ocupar la Oficina Oval en la Casa Blanca por los próximos cuatros años.

Tal vez entonces haya más oportunidad para luchar por los derechos de las mujeres sexualmente agraviadas.

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