Los dirigentes cubanos, esos de mucho currículo y poco pedigrí, suelen perder la memoria con facilidad. Fueron las autoridades de Matanzas, la llamada Ciudad de los Puentes, quienes incentivaron la idea para que los trabajadores por cuenta propia repararan círculos sociales destruidos y cines abandonados. En su momento lo publicó el periódico Girón, vocero oficial del Partido Comunista en esa provincia; la televisión local y la gaceta cultural de Matanzas. Pero claro, el reto era encontrar una aguja en un pajar; el temor estatal comenzó cuando comenzaron a apreciar la celeridad con que se multiplicaron los “pajares”.

En las localidades de Matanzas, Calimete, Colón, Torrientes, Pedro Betancourt, Jovellanos, Perico y Jagüey Grande, se presentaron emprendedores cubanos pidiendo cines vacíos y círculos sociales abandonados. Autorizados por el Consejo de Administración (entidad de Gobierno en la instancia local) y con la aprobación exclusiva de Tania León Silveira, presidenta de la Asamblea Provincial del Poder Popular de Matanzas, el gobierno firmó los “joint ventures”. La repartición oscila entre un 60 u 80% para el particular, y un 40 o 20% para la Empresa Provincial de Cine que dejaba un trabajador de la entidad como administrador-supervisor.

La inversión quedaba a cargo del trabajador privado, que haciendo maravillas y buscando inversionistas, hacía frente a la compra e instalación de equipos de climatización, aire acondicionado, extractores, luces, sonidos, mejoras en los edificios, construir plataformas, reparar techos, zonas de almacenaje, pisos, baños, áreas VIP, ventiladores y hasta uniformes para personalizar a los empleados de cada lugar. Por su parte, como la Dirección Provincial de Cine no tiene recursos constructivos, ni albañiles, ni dinero, sólo podía aportar pequeñas cantidades de cemento, tejas o madera que rara vez autorizaron los Consejos de Administración de los gobiernos locales.

Hablemos sin tabúes ni eufemismos. La política es luz por delante, y como linterna sin baterías por detrás. En esas localidades que promedian una población de 30.000 habitantes, las discotecas no solo debían dar vida y beneficiar a la juventud local con nuevos lugares a donde ir; también serían fuente de empleos. Entre camareros, dependientes, personal de limpieza, sonidistas, luminotécnicos, cajeros, diseñadores, instructores de baile, músicos locales, electricistas, plomeros, jardineros, taxistas y personal de seguridad, cada discoteca podía generar casi la misma cantidad, tal vez más, que los empleos estatales.

Prostitución, drogas y lavado de dinero

Acusación sin sustento. Las prostitutas están donde quiera que haya dinero; pero eso no quiere decir que sean exclusivas de los negocios privados.

Algunas de esas discotecas privadas le robaron la clientela a los hoteles de Varadero; pero quien sacaba a los turistas del conocido balneario no era la publicidad, eran las jóvenes para huir del rigor policial. Entonces, podemos decir que la prostitución, en Cuba, está mucho más cercana a los centros del Estado que de los negocios privados.

Desde que existen las leyes, ha habido personas y grupos que intentan quebrantar el orden jurídico, social y moral de la sociedad; pero con los avances tecnológicos y los controles del país, la inserción de capital de dudosa procedencia a la economía nacional se convierte en un acto difícil, únicamente posible en caso de estar autorizado por alguien con mucho poder, y en ese caso, no lavaría dinero en una discoteca de pueblo.

El que conozca Cuba sabe que, en su gran mayoría, los cubanos con capacidad de invertir, e interés en ese tipo de negocios, están en La Habana y Varadero, o viven fuera de Cuba. Es muy fácil ir a la Policía y descubrir quién es el inversor de cualquiera de esas discotecas.

La disco de Matanzas abrió el Club Galaxia, del que hablé la semana pasada. La de Jovellanos abrió, también la de Calimete; pero las cerraron. La de Colón y Jagüey quedaron listas para inaugurar; pero no abrieron. Torrientes, Pedro Betancourt y Perico quedaron a medio hacer. Todo el gasto de los particulares se perdió sin posibilidades de recuperar.

En estos casos es ridículo hablar de drogas, es obvio que es una mentira bien trenzada para cerrar el local. Estamos hablando de discotecas dirigidas a brindar servicio al vecindario y, como sabemos, los campesinos no se drogan. La diversión en los pueblos es emborracharse y el fogaje se resuelve con una fajatiña. El engaño y la estafa autorizada son otra cosa.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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