En el chavismo tampoco hay alegría. No hubo celebración alguna, no hubo pueblo en la calle. Hasta sus bases presienten que algo no está bien, que el triunfo en 18 gobernaciones tiene más de ficción que de convicción. Algunos gobernadores oficialistas se esforzaron con reducidas fiestas en la intimidad local con sus grupos rojos allegados, algún pequeño acto cultural en donde con esfuerzo se emitía alguna suerte de alegría casi impuesta por decreto.

Sobrevivir a la crisis económica y a la escasez de alimentos es una hazaña cotidiana que no distingue entre chavistas, opositores o apáticos. La búsqueda de alimentos es una expiación que no cesa y sus opciones se han ido reduciendo hasta el final de una cadena que lleva a cientos de familias a hurgar en la basura.

Solo la cúpula agrupada en el poder celebra su exitosa jornada. Con camisas rojas relucientes y rostros saturados de ironía se convencen que la tarea de sostenerse en el Gobierno ha sido concluida con la jornada del 15 de octubre. Con ello han sembrado el mensaje según el cual cuentan con el apoyo popular y la idea de que el pueblo quiere el comunismo y la revolución será para siempre.

Los nuevos emperadores del poder local ya comienzan a medir los negocios que se avecinan, mientras desmantelan el poder en las regiones que han sido entregadas a la oposición. Las policías ya han sido intervenidas, las corporaciones traspasadas y los gobernadores victoriosos, aún sin asumir los cargos, ya se encuentran amenazados hasta con cárcel.

Pero la vida allá afuera, en el mundo real, sigue su curso trágico de muerte y miseria, como una suerte de devastación que no tiene fin. A diferencia de un huracán que se deshace y permite la reconstrucción, ésta destrucción no tiene fin.

Las noticias de hoy anuncian que la Canasta Alimentaria ha cerrado en septiembre en 3.900.000 bolívares para un ciudadano cuyo salario mínimo es de 136.543 bolívares más un ticket de alimentación de 189.000 bolívares. Es decir, que le faltan 3 millones más para alimentar a su familia.

Cuando el dólar negro o paralelo ha llegado a 40.000 bolívares por dólar muchos en el Gobierno, lejos de escandalizarse, de pensar en medidas correctivas, se frotan las manos. Pues el sistema cambiario los ha hecho millonarios. Quienes tienen influencia y acceso a la divisa pueden obtenerlo al cambio de 10 bolívares por dólar con el llamado dólar DIPRO o acceder al DICOM que se cotiza en 2.200 bolívares por dólar.

Por esa razón mientras la gente común debe pagar hasta 36 mil bolívares por paquetico de arroz, los mismos conectados del Gobierno, esos que celebran, crean empresas de maletín para importar productos de primera necesidad, reciben dólares a 10 bolívares, para traer esos productos que nunca llegarán a la mesa de los venezolanos.

Es un perverso sistema que se ha basado en la importación de alimentos y ha dejado a los verdaderos productores sin insumos para generar los alimentos y las medicinas que antes de que llegara el chavismo se producían en el país.

Por eso cada evento fraudulento que impone el Gobierno de Maduro para seguir en el poder es una sentencia que condena a los venezolanos a una crisis humanitaria que ya no tiene precedentes en Latinoamérica, salvo el caso cubano del Período Especial, solventado parcialmente con el petróleo venezolano.

Por el momento, desde la cúpula gobernante no se vislumbra ninguna señal de rectificación en el modelo económico. Al parecer todos se benefician de la misma fiesta. El control de la economía venezolana se ha repartido entre un grupo de privilegiados y un sector de la FANB. De allí han derivado grandes negocios que han permitido que el chavismo se sostenga en el poder.

Sin embargo en las bases del chavismo que no gozan de esos beneficios se siente el desconcierto. Otros factores como las medidas internacionales; el chavismo disidente que ha crecido; una oposición que, a pesar de las caídas, ha logrado desnudar el carácter dictatorial del Gobierno; y una crisis económica que se acelera y afecta a los cuadros medios militares y bases chavistas, pueden incidir en un cambio cercano que podría tener su primer detonante en una implosión desde el propio chavismo.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

Aparecen en esta nota:

 

Deja tu comentario