A veces la realidad supera los sueños y aunque sabemos que es inmutable nos entrega una sorpresa agradable en la vida. Este es el caso de los parlamentarios lituanos que nos regalaron un ferviente obsequio de vida, al apoyar la libertad del pueblo cubano en una resolución de condena a la tiranía castrosocialista.

Lituania, una pequeña nación que ha mostrado un profundo orgullo de patriotismo independentista y de una milenaria historia. En el siglo XX logró independizarse de tres poderosos imperios: el ruso zarista, el alemán nazista y el soviético. Durante la subyugación de su pueblo por la Unión Soviética realizaron muchas protestas y pusieron fin al totalitarismo comunista. Una de esas sonadas manifestaciones fue la cadena humana de los pueblos de los países bálticos: Lituania, Estonia y Letonia.

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La Cadena Báltica estuvo formada por más de un millón de personas que se unieron de las manos en una cadena humana a lo largo de 600 km desde Tallin, Estonia, pasando por Riga, Letonia, a Vilna, Lituania, en agosto de 1989. Proceso de protestas cívicas que comenzó en Estonia y terminó en Lituania y al final conllevó a la independencia de esas naciones y liberación del yugo comunista.

Recientemente los parlamentarios lituanos condenaron las violaciones de los derechos humanos del pueblo cubano por el régimen castrista y se abrió un cielo esperanzador que pareciera como si la chispa de la Cadena Báltica se extendiera desde Vilna a hacia Cuba, como una llama esperanzadora lituana que ilumina el camino de libertad para Cuba, la cual desencadena en la isla caribeña la insurrección por la libertad. Desde occidente al extremo oriente del país, desde San Antonio de los Baños a Guantánamo. En la gran urbe de La Habana hasta en el pequeño barrio de Camaño en San Cristóbal. Un mar de pueblo en las calles del país exigiendo libertad y prosperidad.

En San Antonio de los Baños, el fervor libertario fue tan intenso y de multitudes de personas que hasta el tirano, el sucesor designado Miguel Díaz-Canel Bermúdez, se apareció en la ciudad para poner fin a las protestas, pero antes de su presentación aplacó el descontento ciudadano con detenciones y violentas golpizas por la acción represora de la tropas militares de las boinas negras. No obstante, a pesar de que el mandatario comunista estaba bajo la protección del cuerpo represor, la gente le gritaron consignas antigubernamentales y le lazaron objetos. Hasta en esto, Díaz-Canel muestra ser la continuidad fiel y malévola del tirano Fidel Castro, recibiendo las mismas recompensas de desprecio popular de él cuando el maleconazo.

Cuba tiene 62 años de tiranía totalitaria comunista, donde predican y enseñan por adoctrinamiento el odio y la violencia a la población para convertirla en una masa dócil, apática y manipulable. Sin embargo, en estas protestas masivas por primera vez en todo el país, el civismo del pueblo cubano fue ejemplarizante y demostró que adheridos a los principios de la desobediencia civil, no solo hizo tambalear al régimen castrosocialista, sino que puede echarlo abajo y recuperar su libertad.

El Partido Comunista de Cuba y Miquel Díaz-Canel han conducido con sus políticas fracasadas al país a una grave crisis humanitaria que afecta al pueblo cubano en las esferas de la salud, la alimentación, la economía y sobre todo en la política; el hambre y la falta de medicamentos afectan el bienestar general en la sociedad, asociada a un severo terror de estado.

Díaz-Canel es un títere diabólico al manchar sus manos de sangre de personas inocentes y pacíficas. Es el ejemplo clásico de la barbarie humana al estilo del régimen nazi o estalinista. Como uno de esos hombres salvajes dio la orden de usar la violencia extrema a sus secuaces del Partido Comunista y las Brigadas de Respuesta Rápida, que son paramilitares vestidos de civil, de enfrentar, combatir y aniquilar a los manifestantes de las protestas pacíficas para su dilución y censura de sus derechos a la libre expresión.

La comunidad internacional, los gobiernos democráticos y las personas de bien deben apoyar al pueblo cubano en su búsqueda de libertad y embargar las fuentes de riquezas de la tiranía castrista, condenar a los individuos que inciten o cometan crímenes de lesa humanidad. Este régimen cubano es tan cruel y despreciable como el apartheid de Sudáfrica racista.

Muy agradecido estoy con el pueblo y parlamentarios lituanos, también al Gobierno por no adherirse al Acuerdo de Diálogo Políticos de la Unión Europea y Cuba tiránica y que en solidaridad con el sufrido pueblo cubano no rubrique oficialmente ese acuerdo. Lituania es un paradigma de dignidad a imitar por la humanidad.

Estos actos transcendentales de protestas cívicas me hacen feliz, pues resaltan el virtuosismo cívico del pueblo cubano en su lucha por conquistar los derechos humanos y sus libertades fundamentales en las calles del país, asimismo el apoyo de los exiliados en ese fin. Situaciones que no deben frenarse sino acrecentarse hasta lograr los objetivos de establecer la República de Cuba libre.

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