miércoles 29  de  mayo 2024
ANÁLISIS

Machado hizo lo que tenía que hacer

El caso venezolano–decíamos–parece confirmar la tesis de Burton y Higley, quienes sostienen que el origen de los sistemas democráticos está profundamente vinculado a la instauración de pactos de élites

Diario las Américas | ORLANDO VIERA-BLANCO
Por ORLANDO VIERA-BLANCO

María Corina ha dado un paso trascendente. Ha acudido al TSJ para reclamar sus derechos políticos. A nuestro juicio la estrategia fue acertada. No anticipó lo que haría, mantuvo un discurso adecuado [mal puede existir una inhabilitación si no existe un procedimiento], no ejerció un recurso de nulidad sino de queja y amparo, y políticamente hizo lo correcto: apersonarse dignamente al órgano judicial, para decir, aquí estoy, explíquenme cómo es que he sido inhabilitada y bajo cuál procedimiento.

Es una gran tentación y de hecho, no deja de ser verdad, decir que “el Acuerdo de Barbados a este punto “es sólo papel y disimulo” Pero la historia de liberación a democratización, de dictaduras a democracias nos demuestra, que los pactos transicionales no son puros ni impecables, es más, pueden llegar a ser absurdos e incluso ilegales, pero en un sentido posibilista, son la herramienta sobre la que hay que cabalgar.

Entre pactos te vea…

La transición Uruguaya arranca con el Pacto del Club Naval. Directrices que finalmente nunca se aplicaron. Pero dejó de lado posturas principistas como las del líder de derecha (Por la Patria/Partido Nacional) Wilson Ferreira, quien negaba todo diálogo que colocara sobre la mesa la “Ley de Caducidad de los Delitos Militares”. Julio María Sanguinetti a la cabeza del Partido Colorado y del Frente Unido, supo imponer la tesis que la paz y la democracia sólo llegarían al Uruguay “desistiendo posturas normativas-aun siendo injustas-y asumiendo sacrificios grupales (consensos), aun siendo duros, de cara al costo/beneficio que podían lograr: la libertad y la democracia”. Después del plebiscito que forzaron las negociaciones de 1981, Juan María Bordaberry abandona el poder quedando el camino abierto para las elecciones que ganaría el Frente Democrático Unido en 1984 con Julio María Sanguinetti a la cabeza. Wilson Ferreira nunca fue Presidente de Uruguay. Sanguinetti lo fue dos veces (1985-90/ 1990-95). El Acuerdo de Barbados es un pacto de fachada jurídicamente absurdo, pero es un instrumento de eficacia política inobjetable.

El caso venezolano–decíamos–parece confirmar la tesis de Burton y Higley, quienes sostienen que el origen de los sistemas democráticos está profundamente vinculado a la instauración de pactos de élites (elite settlements). El Pacto de Puntofijo nació de un consenso de “élites políticas”, cierto, pero expansivo a todos los sectores de la vida nacional: obreros, iglesia, empresarios, agroindustriales. Aún no hemos llegado a un punto de liberación. Pero el prólogo de esa búsqueda, es Barbados. María Corina no podía autoexcluirse de ese pacto transicional de liberación. Su mandato es agotar todos los actos necesarios para cumplir con la ruta electoral.

Vale mencionar que en Polonia la derecha liberal y autoritaria se burlaba del recién evocado principio de pacta sunt servanda, enunciado por el profesor Bronisaw Geremek, arquitecto principal de la transición polaca a la democracia. Jarosaw Gowin, uno de los principales intelectuales del partido Plataforma Cívica, durante el vigésimo aniversario del debate de la Mesa Redonda dijo: “Hasta hoy resuena aún en mis oídos la famosa declaración del profesor Geremek, pacta sunt servanda. Ya en el momento en que lo oí me pareció una disonancia profunda […] ¿Cómo podemos cumplir los acuerdos cerrados con unos criminales? Con un bandido que nos apunta con una pistola sólo se puede hacer un trato para arrancarle la pistola de la mano, y si llega la oportunidad de hacerlo, hay que aprovecharla sin dudarlo” […] Una lógica tremendista, impecable y muy seductora. Pero inviable de cara a una trepidante realidad: frente a gobiernos autoritarios los pactos transicionales no son espléndidos y cabales. Son simplemente posibles y utilitarios. Y en este capítulo estamos. La sagacidad que se antepone a la rectitud reglada.

La transición chilena la resume la constitución de Chile de 1.980 [por cierto aún vigente habiendo ganado el NO a la reforma este fin de semana]. Una constitución de vocación democrática que coexistió con un régimen autoritario. Y la alegría llegó a Chile con el referéndum de octubre de 1988 en el cual el país le dice NO a Pinochet y el referéndum de 1.989, donde se aprueba la constitución democrática de Chile, de 1980. Lo pactado debe honrarse, es ley entre las partes; lo pactado obliga [pacta sunt servanda] es un postulado contractualista del derecho civil. Pero en política, aun con regímenes autoritarios, deben esgrimirse irremisiblemente. Si no la salida no es política. Es otra…

Mientras la búsqueda sea una transición política pacífica, es necesario que se cumplan varias condiciones:1.- Eficiencia política de los factores democráticos en el proceso restaurador. 2.-Aprovechamiento de la crisis de gobernabilidad de la coalición dominante. 3.- Una sociedad civil fuerte. 4.- Un liderazgo político opositor unido 5.-Una comunidad internacional solidaria. Es el rol que ha jugado el Reino Unido y EEUU. María Corina no debe dejarlos colgado.

Crisis del régimen.

Uno de los elementos que permite un proceso de transición política de regímenes autoritarios a la democracia, es la crisis institucional, social, política y/o económica que enfrenta la coalición dominante. Según Ángel Sermeño; “una crisis de régimen es aquella situación producida a partir de la aparición de disfunciones e inestabilidades al interior del régimen mismo. Es la búsqueda de un equilibrio sumamente difícil de alcanzar y sostener…que no oculta ni obvia la presencia de múltiples cleavages (fracturas) existentes en la sociedad civil y que se transfieren a las estructuras políticas a través de los diversos actores incorporados al régimen político”. En definitiva, las crisis del régimen surgen a partir de la "inexistencia de equilibrio entre demandas políticas, apoyos, procesos decisionales y outputs o respuestas a nivel de la relación estructuras de autoridad-comunidad política", poniéndose, por tanto, en peligro la estabilidad y persistencia del régimen.

¿Cómo aprovecharlo en aras de propiciar la transición? El equilibrio, la unidad y coherencia de los factores de oposición debe traducirse en eficacia política. Y eficacia política es tener una oposición sistémica. Quien debe hoy construirla sin radicalización y sentido de apertura es María Corina. Y ese compromiso pasa por adherirse a los pactos celebrados por la plataforma unitaria, aun cuando María Corina Machado no ha participado en esos acuerdos. Al menos no visiblemente. Algunos podrían concluir que no son vinculantes o en todo caso, que podría desmarcarse de ellos, “asumiendo un nuevo camino”. Pero en la práctica no es así. Aun cuando los pactos suscritos nos luzcan antijurídicos e inconstitucionales, ilógicos en una visión reglada, lo pactado obliga políticamente. ¿El fin justifica los medios? Quizás lo que toca decir es que los medios justifican el fin…

La pérdida del equilibrio del régimen se expresa a través de la fractura de la coalición o debilitamiento de la coalición sostenedora de dicho régimen. Una expresión catalizadora de esa ruptura, es rasgar sus esquemas de manipulación y cerco institucional. Aunque resulta ilegal e injusto recurrir ante un TSJ [parcializado] una inhabitación que no existe, hacerlo agudiza la crisis política del régimen. En el epicentro tanto de la coalición dominante, de la oposición y de la sociedad en su conjunto, existen conflictos y tensiones. Una forma de aliviar las tensiones de una sociedad mayoritariamente fatigada y esperanzada en el cambio es trasladar la conflictividad a la coalición dominante y desencajar su esquema autoritario. Ese es el efecto y consecuencia del amparo y acción “revisoría” María Corina Machado.

La transición política suele caracterizarse por su incertidumbre y ambigüedad. Es decir, es un proceso al que sólo post festum se puede precisar su intensidad, profundidad y gradualidad en el cambio de régimen. Evaluar como bueno o malo, adecuado o inadecuado ciertas decisiones de factores de oposición de cara al reto de lograr la transición es por lo pronto irrelevante. El alcance positivo o no de esas decisiones lo sabremos después, logrado o no el quiebre de la coalición dominante. Mientras no ocurra, es preciso aprender de los errores. María Corina Machado a aprendido. Está dando demostraciones de madurez, de cómo hacer política frente a un régimen que no va de instituciones y en una pelea muy desigual. Ha puesto de lado posturas sustanciales, tajantes, y ha dicho con inteligencia política, “señor Maduro el problema de mi habilitación no es jurídico sino es político…por lo que estoy dispuesta a sentarme y conversarlo”. Entre tanto, hace lo que tiene que hacer: no dejarse provocar, ni dejarse autoexcluirse, y descolocar al contrario.

La frontera entre ascender o caer…

Las fronteras que demarcan el ascenso o caída en el reto restaurador de la libertad y la democracia, del inicio y el final de un régimen autoritario, son difíciles de anticipar. De ahí que la transición política puede definirse, “como aquel proceso a través del cual actores, instituciones, posiciones de poder y reglas del juego dejan de corresponder a la lógica del régimen anterior sin definirse del todo en una lógica distinta". Sentencia Sermeño: “La transición justamente termina cuando la lógica emergente queda inequívocamente afirmada”. Esto es fundamental. Pero mientras se agota el proceso transicional hacia la democracia y logramos imponer la lógica de la libertad, la justicia y la paz, debemos corresponder “la lógica” de la coalición dominante. Al decir de Julio María Sanguinetti, ese es el sacrificio por la libertad y la democracia, aun que nos parezca injusto.

Es la lógica del régimen anterior que, en medio de sus crisis y debilidades, se ve obligado a propiciar pactos de gobernabilidad y permanencia, por cierto, ilógicos a su usanza. Así tenemos o bien transiciones pactadas que rompen con el pasado como el caso del Estado Novo Salazarista [Portugal/1974] o aquellas que se ven obligadas a coexistir con él [España de Adolfo Suarez vs. Franquismo; el Chile de Pinochet].

María Corina ha evolucionado inmensamente la comprensión del régimen que enfrenta y cómo hacerlo. Sabe que es fundamental construir alianzas-sistémicas-con factores de oposición, de los cuales se desmarcó en términos competitivos, pero hoy debe aglutinar inevitablemente. Sabe que debe seguir el guión del Pacto de Barbados, que, aunque luce roto y pisoteado, es la base política escrita por la comunidad internacional. Y muy importante, sabe que sus decisiones ya no son individuales. El personalismo no paga porque hoy el mandato es un valor superior: cumplir con el pueblo que la ha elegido y le ha confiado liderar el cambio en Venezuela.

Si es necesario pactar lo ajeno a nuestra propia lógica, toca hacerlo hasta que podamos imponer la nuestra…En resumidas cuentas, María Corina hizo lo que tenía que hacer: política.

@ovierablanco

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