sábado 31  de  enero 2026
OPINIÓN

México: Cantinflas presidente

Sheinbaum terminó la obra de AMLO desapareciendo el Poder Judicial independiente, que era el último bastión que resistía el autoritarismo impuesto al cascarón que queda de la antigua democracia mexicana

Diario las Américas | Omar Sixto
Por Omar Sixto

Desde que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se hizo, de manera ilegal —pues no era residente en esa urbe—, de la jefatura de gobierno de la Ciudad de México en el año 2000, implantó un sistema de conferencias matutinas que se conocieron como “mañaneras”.

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Esto le permitía controlar la narrativa noticiosa del país. Estaciones de radio y de televisión transmitían en vivo las barrabasadas que el individuo disparaba cada mañana. No importaba que fueran medias verdades, tergiversaciones o evidentes mentiras. Toda la prensa reportaba sus dichos.

No era un método nuevo; la mayoría de los dictadores y líderes autoritarios populistas lo han empleado. Fidel Castro, el Orador Orate, al principio de su dictadura hizo lo mismo; luego ya no tanto. Después de confiscar todos los medios de prensa, no necesitaba decir lo que le interesaba de manera directa: lo hacían sus papagayos.

AMLO finalmente, después de muchos intentos, llegó en 2018 a la presidencia de México. Había perdido las dos elecciones anteriores, pero en 2018 la mala —o nula— gestión de Enrique Peña Nieto, la complicidad de este y de buena parte de la prensa y la sociedad, así como, según parece, el apoyo monetario y logístico tanto de algún cártel del narco como de las dictaduras cubana y venezolana y parte de la izquierda española, lo sentaron en la silla presidencial.

Después de seis años de endeudar al país, asfixiar su economía, dejar hacer lo que quisieran los cárteles y desarmar el aparato democrático, entregó, de manera formal —aunque evidentemente no de manera real—, el poder a su pupila Claudia Sheinbaum.

La señora, a diferencia de AMLO, que es un camaleón ideológico, sí viene de un mundo doctrinario. Doctrinario del comunismo ortodoxo. Como ella, llegaron a ocupar posiciones relevantes en el gobierno federal personajes del mismo huerto, con nombres como Lenia, Martí o Marx.

Sheinbaum terminó la obra de AMLO desapareciendo el Poder Judicial independiente, que era el último bastión que resistía el autoritarismo impuesto al cascarón que queda de la antigua democracia mexicana.

También heredó, y adoptó, el método de las conferencias “mañaneras” para manipular y guiar a la opinión pública a favor de los intereses de su gobierno. Y si su mentor era un tipo sin el más mínimo ápice de vergüenza para mentir descaradamente, la señora tiene la agilidad mental de un perezoso tico y el carisma de una endoscopía.

El periodista Raymundo Riva Palacio le preguntó a ChatGPT cómo describir lo que dice Sheinbaum en la “mañanera”, y este programa de inteligencia artificial le contestó lo siguiente:

Vamos a hablar de dos cosas que no son dos cosas distintas, sino la misma cosa: que todo va bien… aunque claramente no todo va bien.

Porque, miren, en la Cuarta Transformación las contradicciones no son contradicciones, son procesos dialécticos de profundización histórica. Es decir: si ayer dijimos A y hoy decimos no-A, en realidad seguimos diciendo A, pero con mayor conciencia. Y eso, compañeras y compañeros, se llama coherencia transformadora.

En cualquier tema nacional o internacional la señora se enreda en respuestas contradictorias. Si le preguntan si el envío de una serie de narcotraficantes presos a Estados Unidos fue por presiones de Trump, dice que no, que México es un país soberano.

Y así en muchos otros temas, donde cede ante la administración norteamericana mientras clama que no “aceptamos presiones” o que colaboran en un marco de respeto mutuo.

Como Cantinflas, quien en el mundo actual hubiera nadado como pez en el agua política de estos días.

Todo esto lo hace, repito, mientras desarma lo que queda de democracia en México y mientras se une o apoya a cualquier causa que pueda afectar políticamente a su poderoso vecino.

No solo regaló los libros de texto para los niños cautivos de la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba y recibe miles de supuestos médicos cubanos mientras hay médicos mexicanos desempleados, también utiliza los consulados de su país en Estados Unidos para repartir textos antinorteamericanos.

Y en el tema de los combustibles, el cantinfleo —si existe esa palabra— llega a extremos memorables, como ningún presidente mexicano lo ha hecho.

Si le preguntan sobre qué contratos se hace el envío de petróleo a los Panzones de La Habana, dice que no sabe, pues quien los embarca es una empresa privada llamada Gasolinas del Bienestar y, como es privada, no tiene información.

Cuando le dicen que Gasolinas del Bienestar pertenece a Pemex, una empresa estatal, dice que sí, pero que no; que sí pertenece a Pemex, pero que no tiene información.

Hace unos días se divulgó la noticia de que Pemex había dejado de enviar combustible a la dictadura. Yo lo dudé. Lo que no dudo es que sí lo sigan enviando. Enviándolo de manera opaca.

Hoy sabemos que los Barrigones de La Habana revendían más del sesenta por ciento del petróleo que les mandaba la narcodictadura de Maduro y los Soles. Lo revendían mientras los cubanos viven bajo apagones generalizados y cocinan con leña.

Ya no llega petróleo venezolano a la isla fallida, pero sigue llegando el mexicano. Bueno, no es que llegue: se les manda desde México, pero no llega a la isla.

Y les pongo el ejemplo del tanquero Swift Galaxy, de 700 000 barriles de capacidad. Zarpó de la refinería de Pajaritos, en Veracruz, el pasado diciembre, oficialmente rumbo a Jamaica para refinárselo a Cuba, pero se fue a Colombia y ahora anda por Dinamarca.

Por esa zona anda aquel otro tanquero, al servicio de Gaesa, el Mia Grace, del que hablamos el otro día. El que andaba por Amberes, luego se fue a Togo y, en vez de regresar a Cuba, se dirigió a Santo Domingo.

Todo turbio, oscuro. Complicidad ideológica y geopolítica.

El 27 de enero pasado, cuando se difundió que México no enviaría más petróleo a la dictadura cubana, la señora Sheinbaum dijo que “es una decisión soberana y Pemex toma sus decisiones”.

Al día siguiente reculó y dijo: “Yo nunca hablé de si se había suspendido”. Y volvió con la cantaleta de la solidaridad, que no es otra cosa que apoyo total y complicidad con la Junta Militar que tiene a Cuba en ruinas y a sus habitantes en medio de una catástrofe humanitaria.

“Solidaridad”, en forma de hidrocarburos, que no se usa para mejorar la vida de esos desdichados, sino para engordar las arcas y las panzas de esos ineptos malnacidos.

En poco más de un año les ha enviado más de mil millones de dólares robados a los mexicanos para sostener un régimen que colapsa. Un régimen empobrecedor y maligno.

En sus tiempos de líder estudiantil, la joven Claudia se desgañitaba en los mítines gritando en contra de la exportación de petróleo. Exportación pagada en dólares al Pemex de los mexicanos.

En 2026, en esa “mañanera”, dice que al pueblo de México no le importa mucho el petróleo.

Les digo, como Cantinflas, aunque en vez de gracia derrocha hipocresía.

Mientras, les sigue robando a los mexicanos para sostener a los parásitos de La Habana.

Cosas de locos, o de comunistas.

Hablando de locos, ayer Trump apretó un poquito más la tuerca.

Luego hablamos de eso.

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