“¿Dónde se escondieron, se esconden y se seguirán escondiendo los azotes de barrio, vagos, maleantes, marihuaneros, periqueros, incluidos los generalotes, muy corruptos, el tres de enero y más reciente, el domingo pasado cuando las huestes del míster Trump, profanaron con sus “plantas insolentes” (Ciprianus Castro dixit) no solo el suelo, sino el cielo, el mar y mayormente el subsuelo bituminoso de mi amada Venezuela?”
Tal fue, nada más, que el inicio de la retahíla de don Tiburcio Guruciaga contra los militares y civiles armados hasta los dientes, que apoyan “eso” que lleva el remoquete de “Revolución Bolivariana” para ultraje del patronímico de nuestro Padre Libertador.
Los lamentables, para nosotros, sucesos registrados en la capital de la República y sus alrededores el aciago 13 de mayo de 1958 resultaron de evocación obligada en la requisitoria de don Tiburcio. Los lectores se servirán hacer memoria: Apenas la caravana de autos blindados que encabezaba Richard M. Nixon, entonces vicepresidente de EEUU comenzó a remontar la autopista que conduce a Caracas, los pobladores de los ranchitos aledaños —en esa época eran un puñado, apenas— la emprendieron “a pedrada limpia” contra el encumbrado visitante y su enjambre de espalderos.
No hubo necesidad de que ningún predecesor del “Hombre del Mazo Dado” les pagase las consabidas coimas a las hordas atacantes. Ni que estas últimas fueran movilizadas en autobuses del gobierno. Menos aún, que la Tesorería Pública, para envalentonarlas les suministrase el “combustible del más alto octanaje”, inhalado, ingerido o intravenoso.
Lo peor ocurrió cuando los recién llegados, se dirigieron al Panteón Nacional, para honrar a los Padres de la Patria. Hay quienes aseguran que el espíritu libertario de Bolívar, exacerbó a las masas con la evocación de la siguiente frase: “Estados Unidos parece destinado por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad".
El propio Nixon, en sus memorias, “Six Crises” (1965), evocó el suceso con terror. La turba, desarmada pero enfurecida, no perdonaba el apoyo del gobierno de Dwight Eisenhower, al dictador Pérez Jiménez y estuvo a punto de volcar e incendiar la limusina del viajante. De no haber sido por la valerosa operación de rescate ejecutada —no por los marines del Comando Sur— sino por la GN de Venezuela por orden del gobierno provisorio encabezado por el contralmirante, Wolfgang Larrazabal, aquella gira de “buena voluntad” por Latinoamérica hubiese terminado en tragedia.
Prosiguen los paralelismos —o mejor dicho— las divergencias históricas. Pese a su pasado muy perezjimenero, Larrazabal, sí fue un auténtico Presidente de la “transición democrática”. No la mala caricatura que de esto último dramatiza cierta señorona (sin entrar en otros detalles, porque a las mujeres "ni con el pétalo de una rosa").
Veamos:
El 23 de mayo de aquel 1958, es decir, a escasos cinco meses de tomar posesión como presidente de la Junta de Gobierno provisional, convocó a elecciones generales para el siguiente siete de diciembre, tiempo más que suficiente para unas votaciones presididas por un árbitro electoral probo. Además, el propio contralmirante participó y perdió dichas votaciones y no se escudó en ningún rector Amoroso y mafioso para que hiciera trampas.
Don Tiburcio siempre ha sido lo que llamamos un “pitiyanqui”. Cada vacaciones escolares, se lleva a hijos y nietos a “pasarlo gordo” en “Disney World”. Es fanático acérrimo de los llamados “Mulos de Manhattan”. Anima sus veladas con baladas de Frank Sinatra, música country de Kenny Rogers y cada vez que puede, aliña sus peroratas con exclamaciones como “Oh, my goodness!” u “Holy shhh…!” (censurado).
Tiburcio Guruciaga, respiró profundo y siguió con su soflama contra el fementido gobierno de la transición democrática de Venezuela. Cito textualmente: “Más que un mensaje agresivo de los invasores, el simulacro de invasión del domingo pasado fue un mensaje de sumisión de la pandilla que desgobierna desde el Palacio de Miraflores (...) Guapos con el desarmado, pero correlones y asustadizos en el lance hombre a hombre (...) ñángaras o comunistoides si se trata de secuestrar a un ejecutivo gringo y quedarse con los millones del rescate, pero capitalistas salvajes si la ocasión la pintan calva para ponérsele de hinojos —a lo Lewinsky— a cualquier jefezote de esos mismos gringos”.
A don Tiburcio, por lo demás, tampoco le molestaría ser poblador de la 51.ª provincia y/o de una colonia y/o de una satrapatía tutelada por EEUU, y tener que obedecerle al señor Trump —¡Aaaatención firrrr!— cada vez que este último agarre una de sus rabietas.
Es que Tiburcio Guruciaga es un roboLucionario bolivariano cualquiera y él mismo ni cuenta se ha dado.
@omarestacio