1. Primera versión: FUE UN SUICIDIO. Preguntas ¿Qué impulsó a Fernando Albán, dirigente de Primero Justicia, a suicidarse? ¿Cuál fue el motivo para que alguien que, de manera muy normal, tenía planes de viajar al exterior tomara la decisión repentina de quitarse la vida? ¿Qué hizo la diferencia entre un boleto aéreo internacional en Maiquetía y la boleta de encarcelamiento en el Sebin? ¿Albán tomó la dura decisión de quitarse la vida por el sólo hecho de haber sido preso? ¿O fue acaso el buen trato que le dieron y eso lo conmocionó y decidió poner fin a su vida? ¿O fueron las torturas físicas y/o sicológicas recibidas (o ambas a la vez), lo cual condujo a un suicidio inducido o forzado? Esta última versión es la única creíble dentro de la hipótesis del suicidio. Y de haber sido así, entonces ya estamos hablando igualmente de un crimen.

2. Segunda versión: FUE UN ASESINATO. Albán murió debido a las torturas, quizás una costilla fracturada por un objeto contundente (el bate es pieza predilecta de los torturadores) lo cual le perforó el corazón. Obvio, un suicidio con una soga en el cuello no eliminaría las evidencias de la tortura. Sólo una caída con alto impacto corporal podía camuflagear los signos de la flagelación y la crueldad.

3. Por cierto ¿cómo es que a los otros presos políticos que han acudido a ese pequeño baño nunca se les dejó solos, y cómo es que a Alban, acusado de MAGNICIDIO, se le dejó a su libre albedrío?

4. En ambos casos, la responsabilidad del Estado es absoluta, tal como lo insinuó el senador estadounidense Bob Corker. Nadie puede decir que el “suicidio” fue una orden presidencial hasta que se demuestre lo contrario. Lo único cierto es que sí se está aplicando tortura severa en los calabozos de la policía política venezolana. Es posible que finalmente se reconozca que la intención de los funcionarios torturadores no era matar a Albán y que se les pasó involuntariamente la mano. Pues igual la tortura sigue siendo un crimen de lesa humanidad ¿O no?

5. Sin duda, la versión del gobierno es totalmente inconsistente, y no podrá evadir fácilmente la acusación de homicidio. Y ello pone en tela de juicio todas las vestiduras rasgadas en contra de las torturas en décadas pasadas en Venezuela. Carlos Andrés Pérez tuvo el coraje de admitir la responsabilidad de su gobierno ante el asesinato de Jorge Rodriguez padre y enjuiciaron a los responsables ¿Harán lo mismo Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez y Jorge Rodríguez?

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