Ha habido tantas filtraciones sobre lo que sucede en la Casa Blanca en estos últimos meses, que el despido de HR McMaster como asesor de Seguridad Nacional realmente no sorprendió a nadie. Tampoco sorprendió la salida de otros funcionarios claves en la administración de Trump. No obstante, estos movimientos dan prueba de que el Presidente no está claro sobre quién quiere a su alrededor y qué estrategia debe seguir.

Es cierto que en el caso del despido de Mike Flynn, su primer asesor de Seguridad Nacional, no tuvo más alternativa, luego de que saliera a la luz que le mintió al FBI sobre sus contactos con funcionarios rusos durante la campaña electoral. El despido de McMaster, después de un año en el cargo, parece sustentarse en un choque de personalidades.

Pero ¿qué cualidades ofrece John Bolton para merecer la confianza de Trump?

Bolton, quien fue embajador ante Naciones Unidas durante 2005-06, es un ferviente defensor de la política exterior de confrontación que deja poco espacio para la diplomacia, escéptico de la cooperación y los tratados multilaterales, conocedor del funcionamiento del Gobierno, comparte además con Trump la percepción de que la Organización de Naciones Unidas es un organismo burocrático, disfuncional y además costoso para Estados Unidos.

"No hay Naciones Unidas. Hay una comunidad internacional que ocasionalmente puede ser dirigida por el único poder real que queda en el mundo, y ese es Estados Unidos, cuando conviene a nuestros intereses". - dijo Bolton en una oportunidad.

Si el Presidente consideraba que McMaster era brusco, es mejor que se prepare para Bolton, cuando entre a la Oficina Oval.

Basta con recordar sus polémicas audiencias de aprobación en el Senado, donde su confirmación para el cargo fue obstruida por los demócratas, con la ayuda de varios republicanos. El presidente George W.Bush finalmente envió a Bolton a la ONU, nombrándolo representante durante un receso legislativo.

Esta vez no necesitará la aprobación de la Cámara Alta.

El entrante consejero de Seguridad Nacional ha dicho recientemente: “Mis posiciones anteriores han quedado atrás", prometiendo que encontraría formas de ejecutar las políticas de la administración Trump pero que no toleraría retardos ni filtraciones de burócratas.

Sin embargo, el mandatario ha cambiado a tantos miembros de su Gobierno que es difícil imaginar que vaya a estar contento con un asesor por mucho tiempo, después de demostrar, en numerosas ocasiones, que prefiere hacer caso a sus propios instintos.

Según Jake Sullivan, asesor principal en temas de política exterior de Hillary Clinton, es válido preguntarse cuánto tiempo podría estar John Bolton en el cargo y si no es solo una estrategia de Trump para desviar la atención sobre las recientes declaraciones que lo involucran con escándalos sexuales, que podrían tener consecuencias legales para su presidencia.

A Trump le gusta hacer las cosas a su manera y el mejor ejemplo ocurrió hace unos días, cuando llamó al presidente Vladimir Putin para felicitarlo por su reelección.

Aun cuando las notas de sus asesores cercanos incluían las palabras "NO FELICITE" a Putin, estas fueron ignoradas por Trump, quien parece haber comenzado la conversación con el mandatario ruso justo con las congratulaciones personales, a pesar de las dudas que se ciernen sobre la transparencia del proceso electoral ruso.

En todo caso, parece que la influencia de Bolton se está dejando sentir aun antes de asumir el cargo, después de que la Casa Blanca anunciara la expulsión de 60 rusos, en represalia a los ataques con sustancias químicas en el Reino Unido.

Con Bolton, como asesor de Seguridad Nacional, y Mike Pompeo, como su nuevo secretario de Estado, Trump debería sentirse más seguro de que tiene consejeros en política exterior que apoyan su estilo menos internacionalista y más nacionalista.

Pese a ello, una gran parte dependerá de la química del grupo y otros miembros clave del equipo de Trump, especialmente el jefe del Pentágono, James Mattis, y el jefe de Gabinete General, John Kelly, a quien le gusta dirigir con disciplina y asegurarse de que tiene la última palabra sobre quién entra o no en la Oficina Oval.

Resulta imposible ponerle nombres a todas las tormentas que acechan a la Casa Blanca, ya que vienen en diferentes direcciones y no parece que ese mal tiempo vaya a cambiar pronto.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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