¿Por qué insisto en explicar la Zona Gris? Porque necesitamos el diagnóstico, conocer la fuerza y las dimensiones del enemigo. Defender la democracia en Venezuela va mucho más allá de atacar a Maduro. Tal vez uno de los mayores errores de nuestro lado ha sido subestimar al monstruo al que nos enfrentamos. Maduro está muy lejos de operar solo. Además de Cuba, cuenta con la asistencia interesada de Rusia, China e Irán, de decenas de países que coquetean con la doble moral y tienen síndrome de distracción ante el delito. Los chicos malos son fuertes y poderosos. Por eso considero que es fundamental darle dimensión a lo que está planteado en Venezuela y por eso también me detengo en este concepto, relativamente nuevo, llamado Zona Gris.

Zona Gris es un territorio construido por grupos o por países que aprovechan el vacío de Estado para desdibujar fronteras. El control de este espacio suele ser impulsado por países que confrontan las democracias liberales y en concreto a Estados Unidos. Es un sistema fluido, adaptativo y depredador que usualmente es sostenido por grupos irregulares armados vinculados al comercio ilegal de drogas. También pueden actuar organizaciones que operan por inspiración religiosa o ideológica.

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La Zona Gris es una manera de evadir una guerra abierta ante la imposibilidad de vencer la superioridad militar norteamericana. Es, por lo tanto, un conflicto no convencional. La Zona Gris puede causar cambios relevantes en el sistema económico global, con poco o nulo desgaste de parte de quien la genera.

En el caso de Venezuela existe el interés de fortalecer a Nicolás Maduro, ampliamente cuestionado por la comunidad internacional. De hecho, Rusia, China e Irán han logrado sostener al régimen.

En la Zona Gris se fractura la cohesión social, la población pierde la confianza en sí misma y en su liderazgo, es afectada la imagen de las organizaciones nacionales e internacionales. Los países y los grupos criminales atacan las vulnerabilidades de los Estados democráticos, sus instituciones y la población.

Venezuela reúne las condiciones de una Zona Gris donde la criminalidad se ha integrado o ha sustituido las instituciones formales. Estudios como la Fundación Insight Crime detectaron por lo menos 30 grupos armados no estatales distribuidos en buena parte del país. Se trata de bandas que han sido activadas o protegidas por organismos civiles o militares en lo que ha resultado una descarada sinergia del oficialismo con el delito. Desde que Chávez tomó el poder estrechó su relación con la guerrilla y le abrió paso al establecimiento de campamentos en nuestro territorio, cobijando así a los enemigos de la institucionalidad colombiana. Esa insurgencia se apropió de zonas estratégicas para el tráfico de droga. También con Chávez fueron alentados y financiados los colectivos, grupos con raíces políticas alentados a ejercer la violencia para defender su supuesta revolución.

Con Nicolás Maduro los grupos armados no estatales se han consolidado y se han extendido en ocupación de territorios y en involucramiento con distintos negocios, en sociedad con la élite del régimen. Lo hacen bajo el manto extendido desde Miraflores. Maduro está convencido de que estas bandas armadas que ya tienen presencia en unos 20 estados del país saldrán en su defensa en caso de que sea necesario. Y no es un planteamiento descabellado. Lo que en un principio fue definido como guerra asimétrica o guerra híbrida, se ha ido acomodando a los nuevos tiempos en lo que las confrontaciones son ambiguas, difusas, e incorporan de manera decisiva Internet.

El conflicto establecido es una Zona Gris no respeta fronteras porque al ser depredador va agotando los recursos por donde avanza y necesita más. Es necesariamente expansivo. Después de Venezuela, Colombia es el objetivo.

Todo esto sucede en el territorio venezolano devastado, con una población diezmada, con más de 6 millones de ciudadanos que han salido expelidos, con pésimas condiciones de vida y sin libertad. Recordemos que Maduro y su entorno ha comenzado a ser investigado por la Fiscalía de la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad. Mientras pende esa espada de Damócles, la dictadura avanza en sus objetivos junto a sus aliados. Porque algo es seguro: ellos ni se detienen, ni dejan cabos sueltos.

Un aspecto clave, decisivo en la Zona Gris, es el relato. Para eso el enemigo está muy preparado. Y por lo que he percibido, nosotros no.

Sobre la batalla por el relato escribiré en la próxima columna. Todo es parte de un trabajo de investigación que acabo de hacer público. Dos reportajes y seis videos que los encuentran en VenezuelaZonaGris.com.

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