Mis amigos, América Latina está viviendo un giro político que devuelve la esperanza a millones de ciudadanos. Pero la pregunta es: ¿estamos frente a un cambio definitivo o es solo un receso temporal?
La estabilidad de nuestra América no será constante sin poner fin a los regímenes comunistas que aplastan a Cuba, Venezuela y Nicaragua
Mis amigos, América Latina está viviendo un giro político que devuelve la esperanza a millones de ciudadanos. Pero la pregunta es: ¿estamos frente a un cambio definitivo o es solo un receso temporal?
Este viraje nació del agotamiento de los pueblos frente a décadas de fracasos, corrupción, pobreza y deterioro institucional promovidos por proyectos de extrema izquierda.
Todos sabemos que nuestro sector ha sido históricamente débil en lo comunicacional, pero es que la realidad fue más fuerte que cualquier relato. Los ciudadanos vivieron las consecuencias de la izquierda en el poder y, donde pudieron, reaccionaron con el voto.
Ahora, déjenme contarles que durante décadas andando por toda América, escuché una y otra vez el mismo argumento: “el comunismo aquí es diferente”, “eso que pasó en Cuba aquí no va a pasar”, “lo de Venezuela es otra cosa”, y muchos más. Pero la realidad demostró exactamente lo contrario. Venezuela y Nicaragua son pruebas contundentes de cómo el avance de proyectos inspirados en el comunismo (o socialismo, o el sobrenombre que le quieran poner) termina concentrando poder, reventando las instituciones y restringiendo libertades.
Amigos, todos estos tipos son lo mismo. ¿No? ¿Y entonces qué hacen los jerarcas del comunismo latinoamericano, todos, yendo a Cuba a cada rato si son tan diferentes?
A estas alturas, ¿quién puede creer en la ficción de que estos movimientos actúan de manera independiente? Es evidente que durante años existieron vínculos, coordinación e influencia política desde La Habana, mientras el régimen comunista cubano y el desquiciado régimen venezolano impulsaban y financiaban procesos de desestabilización en distintos países de la región, incluido Estados Unidos.
Ante esto, mis amigos, los países que lograron defender sus democracias no pueden conformarse con haber resistido. Tienen una responsabilidad moral, política y estratégica con la libertad de la región, que sólo se puede sostener si se logra la libertad de los pueblos de Cuba, Venezuela y Nicaragua.
Quienes durante años denunciamos el avance de la sedición y el autoritarismo comunista cuando muchos preferían callar, sabemos que la estabilidad de nuestra América no será constante sin poner fin a los regímenes comunistas que aplastan a Cuba, Venezuela y Nicaragua.
Si América Latina abandona a esos pueblos a su suerte, no hemos resuelto ningún problema. Solo corrimos la arruga.
