Mucho se dijo durante el acuerdo de paz sobre el candidato del partido Liberal colombiano Humberto de la Calle; se dijo de todo, desde que era y sigue siendo guerrillero hasta que es un traidor a la patria por negociar los acuerdos en La Habana. Yo, incluido, critiqué mucho la forma en que los acuerdos le dieron muchos beneficios a la guerrilla de las FARC pero después de conocer a muchas víctimas y soldados entendí que a pesar que había muchos reparos que hacer el proceso, era vital para el país avanzar hacia una Colombia sin FARC.

Como candidato al Congreso de Colombia por el Liberalismo, por los colombianos en el exterior, pude dialogar con muchas víctimas y pude identificar muchos odios y con obvias razones, pero también muchas ganas de creer en un nuevo país que venza el miedo y logre los cambios que necesita para avanzar hacia una República estable y en paz. Muchos colombianos valoran lo hecho por el candidato Liberal a la presidencia para alcanzar la paz, y otros lo censuran por haber entregado mucho a cambio de nada. Seguro, para muchos colombianos no es fácil entender por qué se le dio tanto a un grupo de bandidos que sólo le han hecho daño al país y que de ahí hasta el sol del día Humberto de la Calle haya pagado caro habérsela jugado por Colombia. No es fácil hacer la paz, y sin duda eso es claro para muchos, pero para otros no lo es y de ahí el odio.

No había nadie más idóneo para llevar a cabo el proceso de paz, ya De la Calle había negociado con las FARC en el pasado y la guerrilla extrema no se hubiera sentido cómoda con nadie más, y no porque Humberto de la Calle sea guerrillero, sino porque la guerrilla confiaba en la experiencia del líder Liberal y sobre todo que podría entender las dificultades de un proceso de esa envergadura. Lo triste es que puedo extenderme más y explicar el por qué De la Calle es un hombre serio, de honor y en quien se puede confiar, pero quienes solo creen en la guerra como camino para resolver los problemas del país, jamás le darán crédito a él y seguirán tildándolo de guerrillero cuando está lejos de serlo. Todo lo contrario, jugársela por la paz no es algo negativo ni malo y sí, las guerrillas de las FARC son unos criminales terroristas que deben pagar por sus crímenes sin salirse con la suya, y claro que podemos tener diferencias con De la Calle en la forma pero nunca podré pensar que es un guerrillero o que no es un hombre en quien Colombia pueda confiar para consolidar la paz y ser presidente.

Entonces, yo confío en De la Calle porque negociar la paz no puede ser un crimen y mucho menos se puede condenar a un país a seguir en guerra solo porque algunos aspectos de los acuerdos afectan a aquellos que durante décadas se han beneficiado del conflicto tanto económica como políticamente. Lo que sí debe quedar claro es que los acuerdos se deben proteger pero también debe existir el compromiso de todos los candidatos presidenciales, incluido Gustavo Petro, de perseguir sin piedad a aquellos que quieran seguir en el negocio del narcotráfico porque no podemos seguir promoviendo la cultura del delito y del todo vale. Por consiguiente, tengo confianza en Humberto de la Calle porque es el candidato más sensato y coherente, es el centro, ese centro que debe reinar sobre los extremos que pueden gobernar a Colombia si no atajamos la amenaza ahora.

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