Roma paga a los traidores, pero los desprecia. En esta frase tan antigua y socorrida se encierran las razones de la suerte que corre hoy día en una cárcel estadounidense Ana Belén Montes, quien fuera una de las más encumbradas analistas de inteligencia militar del Pentágono, a la vez que espiaba para los servicios de la Seguridad cubana.
A pesar de la incondicionalidad demostrada por Montes durante 17 años, la antigua doble agente permanece en un penal del estado de Texas, junto a reas condenadas por asesinato, sin que al Gobierno de Cuba le interese su rescate, tal y como lo hicieron con los miembros de la red Avispa.
Sin embargo, Belén permanece firme en los principios que la hicieron traicionar al Gobierno del país que la acogió entre los suyos y le permitió brillar por sus capacidades cuando escribió en carta a uno de sus familiares: “…hay ciertas cosas en la vida por las que merece la pena ir a la cárcel”.
Quizás sus palabras se deban a la convicción de alguien que conoce bien de cerca por haberle cumplido al pie de la letra, qué pasa en Cuba con los elegidos cuando su papel en el juego deja de ser el de una ficha clave.
Así pasó con el doble agente Juan Pablo Roque que permaneció infiltrado en la organización Hermanos al Rescate en Miami desde la cual espió hasta el derribo de dos de las aeronaves de la organización y hoy vive olvidado en su propio país, aquejado por el alcoholismo y lamentando sus acciones pasadas.
Desde la soledad de su celda, Belén tiene claro que cuando el furor por el regreso de los espías pase, la suerte de estos no será muy diferente a la de Roque, dejarán de llamarles héroes y aunque en sus palabras no lo exprese, para la exagente hay una verdad tajante: el pago por sus servicios a La Habana ya fue cobrado.