Los tiempos de la política y de la justicia no suelen pero tampoco deben entenderse. En eso se basa la separación de poderes que da sentido a los regímenes democráticos. La cosa es más peliaguda cuando el investigado es un representante del ejecutivo o el legislativo. Las elecciones y la agenda pública se mueven como un péndulo sobre los casos de corrupción y siempre se generan dudas sobre si detrás de una acusación puede haber un intento de cambiar el rumbo de los acontecimientos.
Por si les quedaba duda, sí, me estoy refiriendo al laberinto judicial en el que está metido Robert Menéndez, el senador por Nueva Jersey tan querido por la comunidad cubanoamericana del sur de la Florida, tanto por los suyos (los demócratas) como por los republicanos.
Esta semana conocíamos que el Departamento de Justicia ha presentado cargos contra él por corrupción. A Menéndez se le acusa de haber aceptado regalos de uno de sus donantes, el doctor Salomón Melgen, como contrapartida a sus gestiones por defender sus intereses empresariales en Florida.
Los cargos que se le imputan a Menéndez son fruto de una larga investigación del FBI que lleva años entrando y saliendo de los medios de comunicación. El senador podría haber mediado a favor del oftalmólogo dominicano en una disputa con funcionarios de salud respecto a unos pagos relacionados con los servicios sanitarios. También se le acusa de instar a las autoridades de República Dominicana a aceptar un contrato con una empresa de seguridad portuaria propiedad del médico al que, como ha contado públicamente, considera “un verdadero amigo” desde hace más de 20 años.
Lo que si ya quedó probado y no es algo muy edificante ni plausible en un representante público es que Menéndez viajó en 2010 dos veces a la República Dominicana como invitado de su peligrosa amistad. En 2013, cuando salió a la luz que no había declarado esos viajes como regalos, se vio obligado a reembolsar al médico más de 60.000 dólares por los gastos sufragados.
Está claro que ser amigo de Melgen no le ha traído nada bueno políticamente a Robert Menéndez. Este caso amenaza con arruinar su carrera en un momento político crucial. Es necesario recordar quién es Menéndez, lo que significa para la causa de Cuba y el momento que se está viviendo en las relaciones entre Washington y La Habana. Entre otras muchas cosas, labradas en una carrera política de más de 40 años, Menéndez es la conciencia crítica de Obama y del Partido Demócrata en cómo se están manejando las conversaciones con el régimen de los Castro y también en las negociaciones sobre el tema nuclear con Irán.
Menéndez no se ha callado ante ninguno de estos asuntos y en el caso de Cuba se mostró sorprendido y ninguneado sobre cómo el Presidente Obama había llevado a cabo el acercamiento a la isla sin contar para nada con él, al extremo de que prácticamente se enteró en vivo del acontecimiento histórico.
Insisto en que los tiempos de la justicia no deben mirar ni de reojo los acontecimientos políticos, pero en este caso debemos tener en cuenta los factores externos antes de condenar públicamente a Robert Menéndez.