Se marchó el papa Francisco de Cuba y Estados Unidos y, en cuanto al asunto de la situación cubana, dejó tras de sí una estela de contrapuestos intereses y afanes. y desalientos entre aquellos cubanos que durante más de cinco décadas vienen luchando por la libertad y la democracia para Cuba, en especial los disidentes y opositores cívicos que son brutalmente reprimidos por abogar por los derechos humanos y la libertad y democracia para Cuba.
Una encuesta hecha con urgencia arrojó como resultado que cinco de cada seis cubanos han quedado desalentados y defraudados tras la visita del Papa a Cuba, y que les ha dejado una impresión negativa.
Ha sido de conocimiento internacional el incremento de la represión policial, precisamente en los días inmediatos a la visita del Papa y durante los días que estuvo en la Isla. Si algún servicio de información es efectivo, no cabe duda, es el que tiene el Vaticano, que tiene que haber ofrecido amplios informes de la realidad inmediata del país.
No es posible admitir que el Papa no se enterara de tantos casos de represión que el gobierno castrocomunista llevó a cabo con ocasión de su visita. El cual ni siquiera acusó recibo de las cartas que, con respeto y esperanzas, le hicieron llegar luchadores (de filiación cristiana, incluso) por los derechos humanos y la sociedad civil.
Eso –entre otras cosas- ha defraudado a los activistas de la oposición, lo cual hizo decir al líder de Unión Patriótica Cubana (UNPACU), José Daniel Ferrer, que quedó decepcionado de la visita papal, de la que esperaba, al menos, que abogara por la libertad de los presos políticos y el fin de la represión. Por lo que Ferrer concluye que la visita del Papa “Va a pasar como una visita sin ninguna trascendencia para la vida de los cubanos”, en la busca de la libertad.
Para lo que sí ha servido –entre otras cosas decepcionantes- es para apuntalar y alzar la imagen política de Raúl Castro, y la exaltación simbólica, no obstante que repugnante, de Fidel Castro –el más sanguinario de los dictadores que ha padecido la América Hispana- a cuyo encuentro personal fue el Papa, en un saludo afectuoso, y con regalos, en gesto reivindicador.
De esta forma, Raúl Castro exaltado a su vez por el papa Francisco, aparece como el victorioso caudillo ante el imperio norteamericano, y que se yergue exigente, mientras que de la otra parte, el gobierno que preside Barak Obama, todo es concesiones, a priori, sin reciprocidad.
Es así que Cuba y su gobierno de dictadura militar, que es la parte que está en profunda crisis, y que en el fondo de este acercamiento diplomático (del cual el papa Francisco fue su inmediato catalizador) necesita como urgente alternativa el subsidio del nuevo padrino rico que es Estados Unidos, no obstante en el escenario internacional, como en una comedia del absurdo, el cuadro se presenta a la inversa.
Otras cosas, otras fuerzas, están en trasfondo de estas relaciones diplomáticas de emergencia. Algunas ya asoman su perfil entre bambalinas, y se irán desenmascarando en el curso de estas insólitas relaciones, no por ellas en esencia, ya que cualesquiera países puedan realizarlas normalmente, sino por la forma en la que se han estado presentado.
Mientras, el paso del para Francisco deja tras de sí una estela de contrapuestos intereses, afanes y desalientos –como antes dijimos- con la desorientación que resulta de sus dos discursos: el que dijo en Estados Unidos donde, entre otros puntos, ideológica y prácticamente al capitalismo, sin siquiera rozar al comunismo y su índole totalitaria, que existe en un país que acababa de visitar; donde todo fue exaltación política del dictador heredero, Raúl Castro y una especie de bendición simbólica al sanguinario caudillo que tanto dolor y luto llevó a nuestro país.
Queda pues, preguntar si tras su paso el papa Francisco dejará esta exaltación de ese dúo de dictadores; o si, como expuso con pesadumbre José Daniel Ferrer, líder de UNPACU, “su visita se va a olvidar, va a pasar como una visita sin ninguna trascendencia para la vida de los cubanos”.