SAN JOSÉ.-JOSUÉ BRAVO
Especial
De los miles de cubanos varados en Panamá, Pavel Hernández, quien se identifica como líder religioso, ofrece declaraciones en nombre de sus coterráneos
SAN JOSÉ.-JOSUÉ BRAVO
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La vida de más de 2.000 cubanos varados en el norte de Panamá, en la frontera con Costa Rica, se ha vuelto un drama mayor.
A las tensiones emocionales, el alto costo económico y los peligros o vulnerabilidad con los que hacen la desgastante ruta migratoria que abarca gran parte de Latinoamérica, se añade la impotencia de estar frenados en condiciones infrahumanas sin que aún haya claridad sobre sus destinos.
“Hay total tensión entre los cubanos en Paso Canoas”, comenta Pavel Hernández, un pastor evangélico cubano que ha servido de vocero para sus coterráneos varados en ese punto fronterizo.
“Hay personas que tiene más de 4 meses de estar en esa misma condición, no nos quedan recursos, hay mucho desgaste físico, desventaja económica, estamos vulnerables. Hay mujeres en estado de gestación y niños. Necesitamos más recursos. Recibimos ayuda de Cáritas y la Cruz Roja, pero no son suficientes para alimentar a miles de personas”, añadió.
Según Hernández, ya son casi 4.000 los cubanos varados en Panamá, ubicados en Puerto Obaldía, en el Caribe sur panameño cerca de Colombia, y en Paso Canoas, Chiriquí, fronterizo con Costa Rica.
En Paso Canoas, la tensión ha crecido esta semana, después de que 1.300 cubanos y migrantes de otros parajes irrumpieron a la fuerza en territorio costarricense. Tras del incidente, Costa Rica los devolvió a Panamá y blindó su frontera con 300 policías en una imagen nunca vista en este país.
Columnas de policías firmes y apertrechados evitan el paso, y abajo, muchos de ellos sentados en el piso, los cubanos claman o protestan por continuar hacia Costa Rica. “Queremos pasar”, gritan a coro los migrantes, y entre ellos también hay africanos y asiáticos.
La vigilancia genera todo un desgaste económico para Costa Rica, según el ministro de Seguridad Pública, Gustavo Mata; dado que el país debe a alimentar a los policías que estarán ahí durante las 24 horas del día.
También ha dispuesto de su servicio de vigilancia aérea y drones para monitorear mejor la zona.
Después de los 1.300 migrantes reportados a mediados de semana, Costa Rica ha devuelto a más de 200 que igualmente cruzaron de modo irregular a su territorio en las últimas horas. Incluso la policía costarricense detuvo a cerca de un centenar de africanos y asiáticos que cruzaron al otro extremo, en Peñas Blancas, frontera con Nicaragua, siempre presionando por continuar su ruta a Norteamérica.
Cerca de Paso Canoas, a unos 200 metros hacia el interior de Panamá, hay todo un hotel abarrotado de cubanos con mayores recursos, que evitan la vida que cientos o miles más llevan en la zona fronteriza.
La situación en Chiriquí no es muy distinta a la ocurrida entre finales del año anterior e inicios de 2016 en el norte de Costa Rica, cuando se vararon miles de migrantes de la isla. Viven hacinados a la intemperie o dentro de albergues, dentro de casas de campaña o durmiendo en colchonetas, recibiendo una ayuda escasa que casi siempre proviene de Cáritas y la Cruz Roja, y en menor medida del Gobierno canalero.
“Ya uno lleva casi cinco meses aquí en lo mismo, y el Gobierno no se pronuncia y nos da la espalda completamente. Aquí hay mujeres embarazadas y personas mayores, la atención médica es pobre”, reclamó un migrante cubano a la televisión costarricense.
"Los alimentos se acaban, los baños colapsan, los espacios de los albergues se están tornando pequeños debido al número creciente de cubanos en esta zona del país", afirma por su parte a un medio panameño, Siexdel Candanedo, representante de Cáritas.
Según Candadeno, en las últimas horas las condiciones de los albergues se deterioran y un ejemplo es que en un albergue donde había 206 cubanos colapsaron los baños y ello obligó a la apertura de uno nuevo hacia donde se trasladaron 150 migrantes.
Mientras esto ocurre, al otro lado de la guardarraya de una frontera vulnerable, Costa Rica sigue invariable en su posición de impedirles el paso, alegando incapacidad para atenderlos porque nuevamente quedarían varados en su territorio al continuar en Nicaragua el cierre de las fronteras.
Costa Rica, por medio del canciller, Manuel González, ha criticado con mayor dureza la Ley de Ajuste Cubano que atrae a toda esta masa de isleños y que deja, según el diplomático, problemas y gastos de atención a los países en tránsito de una migración considerada económica.
“No somos migrantes económicos”
“Hay que sensibilizar a los gobiernos que están clamando por derogar la Ley de Ajuste Cubano. Nos están utilizando a nosotros, la migración cubana, para dar el espaldarazo a la Ley de Ajuste; están dando el espaldarazo a una crisis humanitaria que provocaría una estampida con coyotes a riesgo de sus vidas”, respondió el pastor Hernández.
“Es una ley hecha solo para cubanos porque ustedes los centroamericanos viven en estado de derecho, con elecciones libres y democracia, donde pueden decir abiertamente lo que piensan en la calle, elegir al presidente que deseen. Los migrantes de Centroamérica sí son económicos, nosotros no. No es lo mismo ser un migrante económico que un refugiado como nosotros, porque nosotros en Cuba no tenemos las mismas libertades que en otros países”, añade.
Hernández toca puertas ante las autoridades panameñas, con al afán de crear una voz de los migrantes cubanos, que sea contraparte en cualquier discusión sobre su futuro. “Queremos alzar nuestra voz. Nunca se ha escuchado nuestro punto de vista”, sostuvo.
El problema de la migración cubana en Centroamérica parece nunca acabar. Cada día llegan cientos a Panamá. En Ecuador hay cerca de 40.000 de ellos queriendo emigrar a Estados Unidos, y desde Cuba siguen saliendo, usando mil maneras con nuevas rutas que incluso abarcan países como Guyana, para luego torcer hacia Centroamérica.
El ministro de seguridad Pública de Costa Rica, al respecto, aseguró que la crisis en Paso Canoas continuará hasta tanto no se resuelva el futuro de los varados en Panamá.
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