ROMA.- Este domingo 18 de octubre el pueblo boliviano tiene una cita con la democracia. En un comunicado conjunto la Conferencia Episcopal Boliviana, la Unión Europea y las Naciones Unidas pidieron “al pueblo boliviano y a los actores políticos y sociales evitar la violencia durante y después del proceso electoral, para no crear un clima de confrontación y agresión que impida culminar con éxito el presente proceso de transición democrática”. Dieron además un voto de confianza “al Tribunal Supremo Electoral y a los Tribunales Electorales Departamentales y al esfuerzo institucional desplegado en este sensible momento para organizar elecciones transparentes, participativas y seguras”.

Según la encuesta de la iniciativa Tu voto cuenta de la Fundación Jubileo, el 18 de octubre el candidato Luis Arce del Movimiento al Socialismo (MAS) alcanzaría 42,9 por ciento de los votos, seguido por Carlos Mesa de Comunidad Ciudadana (CC) con 34,2 por ciento. Es decir, con una distancia de 8,7 puntos porcentuales, al MAS le faltaría sumar 1,3 % de votos para ganar la elección en la primera vuelta. Con este escenario, Luis Arce estaría jurando como presidente de Bolivia el próximo sábado 14 de noviembre.

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Y luego del fraude electoral protagonizado por Evo Morales en las últimas elecciones realizadas hace casi un año, el 20 de octubre de 2019, ¿cómo es posible que su partido, el MAS, esté a punto de volver al poder? Pues la respuesta la dio el propio Morales el pasado 08 de octubre en un foro con aliados internacionales: “La ventaja que tenemos es que ellos están divididos”.

Son cinco los candidatos que se miden para la presidencia: el ex ministro de Economía de Evo Morales, Luis Arce (Mas), el ex presidente Carlos Mesa (CC), el dirigente de ultraderecha Luis Fernando Camacho (alianza Creemos), el coreano nacionalizado boliviano y pastor evangelista Chi Hyun Chung (Frente Para la Victoria), y el sindicalista Feliciano Mamani (Partido de Acción Nacional Boliviano). Inicialmente se presentó la presidenta interina, Jeanine Áñez, pero luego renunció a su candidatura ante el riesgo de dividir el voto contra el (MAS). Para ganar en primera vuelta la persona elegida deberá alcanzar más del 50% de los votos o un mínimo de 40% con una diferencia de 10 puntos sobre la segunda. Además de presidente y vice se eligen 36 bancas del Senado, 130 diputaciones y nueve representantes ante organismos supraestatales.

Más de 7,3 millones de bolivianos están convocados a las urnas electorales que, a pesar del tenso clima de polarización, representan una oportunidad real para que el país pueda consolidar su democracia. Sin embargo, para el politólogo boliviano Franklin Pareja “el panorama es preocupante”, pues “terminó la pausa electoral y, como tradicionalmente ha ocurrido en nuestro país, pese a las difíciles circunstancias, la lucha por el poder deja trascender nuevamente que los intereses prevalecen casi intactos entre quienes quieren restaurar su hegemonía y los que quieren arrebatarla”, escribió en un artículo publicado en la plataforma Diálogo Político.

Así Bolivia se enfrenta a un inédito proceso electoral, sumida en una profunda crisis política y social, agravada por la crisis sanitaria del Covid-19 que mantiene a la población confinada desde el 26 de marzo. Una de las principales misiones del ganador será afrontar el golpe de la pandemia contra la economía boliviana, que registró una caída de 7.9% de enero a julio y se prevé que cierre el año con un descenso de 6.2%. El déficit superó los US$ 2,800 millones en el primer semestre, una cifra que estaba prevista para todo el año, y el desempleo subió a 11.8%.

En este ambiente crispado, el politólogo Pareja alertó que “sale a relucir en su peor versión las debilidades estructurales crónicas” de Bolivia: “órganos del Estado en constante disputa y carentes de independencia; sistema de salud al borde del colapso; deficiente coordinación multinivel e interinstitucional; economía en recesión y al límite; fuerzas del orden a punto de ser rebasadas; intentos deliberados de desestabilización del proceso de transición; violencia focalizada; y un gobierno confundido y sobrepasado”.

La plataforma de noticias “Nodal” informó que “en los últimos días se han reportado hechos violentos en varias regiones del país; en la mayoría de las denuncias están involucrados simpatizantes del Movimiento Al Socialismo (MAS) y de Comunidad Ciudadana (CC), que son los partidos que lideran las encuestas. Y un grupo de la Resistencia Juvenil Cochala (RJC) pide la renuncia del fiscal General, Juan Lanchipa, a quien acusan de favorecer al partido del expresidente Evo Morales. Además, se han registrado manifestaciones aisladas con demandas sectoriales.

El partido de Evo Morales intenta retomar el poder que ostentó durante casi 14 años y que perdió en unas elecciones que fueron anuladas ante el fraude que luego comprobó la Organización de Estados Americanos (OEA). Ahora los socialistas amenazan con recuperar el poder “en las calles”: “Ni se les ocurra hacer alguna irregularidad, fraude o provocar convulsión… Si provocan alguna irregularidad, el pueblo boliviano en las calles recuperará el poder”, ha manifestado Andrónico Rodríguez, dirigente del Mas, al mejor estilo de Evo Morales.

En respuesta, el gobierno interino de Jeanine Añez, lejos de tranquilizar los ánimos, este viernes afirmó que las fuerzas de seguridad están listas “para usar las armas”. “En caso de que exista cualquier activación, de cualquier grupo irregular que quiera romper el orden público, vamos a actuar, vamos a actuar de acuerdo a ley. En caso de que estas personas no logren replegarse, en disuasión vamos a usar agentes químicos, en caso de que ellos utilicen armas, nosotros también estamos listos para el uso de armas”, afirmó el viceministro de Régimen Interior, Javier Issa, citado por el diario La Razón, de La Paz.

Ante el temor de una convulsión social, los bolivianos se prepararon para este 18 de octubre con compras nerviosas de comida y gasolina en las principales ciudades. “Por lo pronto, prevalecen los deseos y ambiciones políticas, con una población que mira con escepticismo la lucha por el poder, en medio de preocupaciones lejanas a este. ¿Qué sucederá? Pues bien, evocando las palabras del filósofo Friedrich Nietzsche: «Más allá del bien y del mal está la realidad». Será la realidad la que finalmente prime a la hora de la verdad”, concluyó.

 

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