“El encuentro con Trump le dio un cambio de 180 grados al presidente Petro e, inclusive, le desarmó su estrategia narrativa antimperialista. Desde que comenzó el despliegue naval cerca de Venezuela, hace unos meses, Petro se erigió como un líder antiamericano en funcionalidad de las elecciones, de un liderazgo regional, en funcionalidad de empujar el proceso de paz aquí en Colombia”, considera Sahid.
A juicio del analista, el encuentro Trump-Petro tendrá incidencia sobre el escenario electoral que vive el país y el golpe a las estructuras radicales de izquierda: “Esto le quita legitimidad al apoyo de Petro a cualquier candidato y descoloca las bases del Pacto Histórico en el debate electoral y en el debate discursivo”. Para el investigador resulta importante que la Administración Trump logra separar a Petro como individuo, sobre quien pesan sanciones personales, del Petro jefe de Estado.
Destaca que, a su vez, EEUU reconoce que Colombia, como Estado, “es un pivote geopolítico fundamental para ellos en la región y que el caso de Petro se puede manejar con presión para que cambie su comportamiento”.
Año electoral en Colombia
Colombia vive un año electoral en este 2026: el 8 de marzo se celebrarán los comicios del Congreso y el 31 de mayo los presidenciales. De requerirse, la segunda vuelta sería el 21 de junio.
“Tenemos que trabajar con total determinación para derrotar la abstención electoral y hacer que los colombianos se animen a tomar decisiones y salgan a ejercer su derecho al voto. Colombia es uno de los países que está por debajo de la media en materia de participación electoral”, dijo el registrador nacional del Estado Civil, Hernán Penagos, al presentar el calendario de los comicios.
Aunque no puede optar por la reelección, el presidente Gustavo Petro, quien fue electo en 2022 como candidato del Pacto Histórico, anunció varias medidas que apuntan a una estrategia para la continuidad de la izquierda en el poder. El mandatario fijó un aumento de 23% en el salario mínimo para dos millones y medio de trabajadores formales, pese a las advertencias de inflación, desempleo e informalidad. Los gremios y sindicatos habían pedido un incremento de 16%.
Petro también decretó la disminución del sueldo de senadores y representantes a la Cámara, suprimiendo las millonarias primas de servicio. Además, declaró la emergencia económica y social en Colombia por 30 días: el decreto entró en la Sala Plena de la Corte Constitucional para debatir su suspensión. El mandatario anunció la reducción del precio de la gasolina a partir del 1 de febrero y, a su vez, volvió con su propuesta de una Asamblea Constituyente.
Mario Hernán López, profesor de la Universidad de Caldas, señala al DIARIO LAS AMÉRICAS que las medidas de Petro son calificadas por los sectores críticos al gobierno como medidas populistas e insostenibles, como ocurre con el aumento del salario mínimo.
“Pero, desde el punto de vista de la izquierda, lo que sustenta esa decisión es una deuda histórica de la economía empresarial. En consecuencia, lo que para unos es populismo para otros una política centrada en la generación de equidad. Me parece que hay argumentos poderosos en ambos sentidos”, indica.
“El presidente Petro nunca abandonó la campaña. Se enfoca en construir narrativas para asegurar la continuidad del proyecto indistintamente de la eficiencia o eficacia de sus políticas públicas. Y como sabe que no puede participar en política directamente a un candidato, decidió utilizar su capacidad como jefe del Ejecutivo para condicionar la opinión de la ciudadanía”, expresa Germán Sahid.
A juicio de Sahid, el presidente colombiano necesita crear un estado de opinión favorable a su proyecto político. “La narrativa la pega a los ataques xenofóbicos a Estados Unidos y a Trump con una medida de activar la liberación nacional, de lucha antiimperialista para revivir cierto sentimiento nacionalista en Colombia”, acota.
Puntualiza que el mandatario no entiende la democracia como un equilibrio de poderes, más bien desprecia a los poderes públicos.
La política colombiana
Mario Hernán López afirma que la política colombiana está reinventándose. “Traemos dos siglos de disputas internas, particularmente en el siglo XX, atravesado por las disputas de dos partidos políticos que se buscaron resolver en la segunda mitad del siglo con una coalición, el Frente Nacional, una especie de alternancia del Partido Liberal y luego el Partido Conservador. Una alternancia política que permitiera bajar la intensidad de la violencia, con eso entramos al siglo XXI”, explica.
El profesor de la Universidad de Caldas agrega que, como ha ocurrido en las democracias liberales los partidos políticos han entrado en crisis y se ha registrado un surgimiento de los movimientos sociales.
“En Colombia por primera vez se configura el espectro político en dos dimensiones ideológicas por un lado la derecha y, por otro lado, la izquierda que en una versión más amplia se ha conocido como el progresismo. Petro entra a ser el gobierno y todo lo que hemos vivido en tres años y medio ha sido una suerte de tensión política inédita entre ese gobierno progresista y los sectores del poder financiero, económico y político que históricamente han tenido la hegemonía”, indica.
El investigador considera que la Administración de Petro ha sido mucho más próxima a una socialdemocracia que a un gobierno de izquierda radical y que Colombia ha tenido durante 40 años una agenda política centrada en la seguridad debido al conflicto armado.
En ese orden, la llegada del gobierno de izquierda ha significado la necesidad de que todos los sectores políticos se pongan en la tarea de construir un proyecto de mayor justicia social, que hoy está en manos de ese sector de izquierda y, a su juicio, eso intensifica la aplicación de medidas. Entre estas medidas refiere el aumento del salario mínimo, la demanda permanente ante el Legislativo, porque no aprueba las reformas sociales o discutir con las altas cortes la aprobación o lo que puede ocurrir con una reforma pensional.
El profesor de la Universidad de Caldas explica que, dado el fracaso de la paz total, la derecha insiste en su agenda de seguridad. Ese contexto, dice, es el que hace que Gustavo Petro tenga una alta favorabilidad que “sorprende a todo el mundo”. Los resultados revelan que 48,8% de los encuestados tiene una percepción positiva de la gestión de Petro, ante a 42,1% que la percibe de forma negativa. Esto según el Centro Nacional de Consultoría (CNC).
El candidato de Petro
El senador Iván Cepeda es el candidato del Pacto Histórico a las presidenciales. El Consejo Nacional Electoral (CNE) decidió el 4 de febrero que no autoriza su participación en la consulta del Frente por la Vida, prevista para el 8 de marzo, en la que se escogerá a un candidato único de la izquierda. El organismo determinó que Cepeda estaría impedido por haberse medido en la consulta del Pacto Histórico del 2025.
El profesor Mario Hernán López señala que Cepeda está marcando entre 28 y 30% de aprobación en los sondeos de opinión. “Solo el influjo de Petro no le garantiza a Iván Cepeda el caudal electoral capaz de competirle a una derecha que está haciendo estrategias importantes para conquistar al electorado”, subraya.
El profesor Germán Sahid refiere que Iván Cepeda es un hombre más pausado y más reflexivo que Petro, pero mucho más radical. “Es un tipo más dogmático sobre el marxismo, el leninismo, sobre la Guerra Fría, no evidencia sus intenciones y eso genera problemas”, afirma.
Además, destaca, que Cepeda evidencia desprecio hacia los controles democráticos, la oposición y las fuerzas militares. “Es un candidato altamente peligroso para el orden constitucional vigente en Colombia”, enfatiza Sahid.
@snederr
FUENTE: Con información del DIARIO LAS AMÉRICAS, Semana, AFP, Infobae