Horacio Medina, experto petrolero y exgerente de Convenios Operativos de la estatal PDVSA, en principio no duda de las ventajas del convenio que prevé "un potencial probado de 65,000 millones de barriles de petróleo".
“Me parece excelente que, en los términos que le competen a Venezuela, podamos llegar a firmar un verdadero convenio que pueda comprometer muchos de esos campos con una inversión de 100 mil millones de dólares”, afirma.
Pero lo percibe inicialmente como un “preacuerdo” con miras a ser efectivo en un futuro no muy lejano.
“En las circunstancias actuales no es posible”, opina el petrolero en referencia a la situación política y económica venezolana, envuelta además en la expectación generada por las elecciones de medio término en noviembre próximo. Y señala la falta de información sobre las empresas definidas para esos 17 convenios de los que EEUU “se convertiría en garante”.
Lo que determina el pacto planteado es cómo beneficia tanto a EEUU como a Venezuela, subraya la internacionalista Beatrice Rangel, experta en desarrollo económico y administración pública. Lo ve positivo pero lo analiza con precaución. Le llama la atención, dice, que exista un acuerdo petrolero de tal magnitud entre partes “histórica y completamente opuestas”.
“Preguntarse a quién le interesa el acuerdo es la mejor manera de analizar su avance. Y no se puede reaccionar con hormonas sino con el cerebro”, insta en medio del debate de especialistas que aspiran a mayor claridad.
Acuerdo petrolero en detalle
En medio de esas exigencias, este lunes Washington hizo público varios detalles del convenio en un documento recogido por agencias, en el que se describen términos en la explotación de unos 17 campos petroleros venezolanos con reservas probadas.
Según la información, Venezuela habría otorgado a la empresa petrolera North American Blue Energy Partners (NABEP), del cuestionado empresario Alejandro Betancourt —investigado por corrupción y blanqueo en Europa y EEUU—, concesiones por 100 años para operar esos campos.
La NABEP otorgaría al Office of Strategic Capital del Departamento de Guerra de EEUU una participación accionaria de 35 % calculada en cientos de miles de millones de dólares en valor y dividendos “sin costo para los contribuyentes estadounidenses”, indica el reporte.
El Departamento de Estado, por su parte, también tendría derechos al poder adquirir 20% del petróleo al costo de producción en los campos actuales y los futuros que manejaría NABEP.
Esto explicaría la presencia del secretario de Guerra, Peter Hegseth, en la delegación estadounidense liderada por el secretario de Energía, Chris Wright, que llegó el martes a Venezuela, para formalizar el convenio con la representación de Delcy Rodríguez.
El gobierno de Trump tendría la primera opción para adquirir el 80% restante de la producción en situaciones de emergencia, para contribuir con la Reserva Estratégica de Petróleo, aludida por el mandatario.
El régimen de Rodríguez no respondió de inmediato a esta información que se difundió en vísperas de la reunión del presidente con líderes de la industria este martes, para alcanzar la mayor capacidad de refinación, según informó el portavoz de la Casa Blanca, Taylor Rogers.
El acuerdo en cuestión estaría avanzando. Según reportes, las petroleras estadounidenses Chevron y GE Vernova, entre otras extranjeras, estarían a punto de firmar las ofertas energéticas, transcurridos los seis meses de adaptación a las nuevas normas de la Ley de Hidrocarburos.
El acuerdo, que supone una producción de 1.5 millones de barriles diarios, cada uno por cerca de 19 dólares producido y vendido y prevé la explotación de 17 campos estratégicos durante 25 años, según informó Rodríguez el sábado pasado, ya fue objetado por China.
El gobierno de Xinping exigió a Venezuela, aliado por décadas, que “salvaguarde” sus derechos e intereses en campos petroleros operados por sus empresas, entre ellas Sinopec y CNPC.
Beneficios para EEUU
En su análisis, Rangel explica por qué el acuerdo es beneficioso para EEUU, país para el que el petróleo es la principal fuente primaria, entre otras, con la que satisface las necesidades de energía y combustible.
“La matriz energética de este país es una de las menos diversificadas del mundo y, por tanto, una de las más dependientes del petróleo”, asegura con base en datos de la Secretaría de Energía de EEUU y el World Economic Forum.
Según datos recopilados por la experta, el consumo nacional de energía deriva del petróleo, en un 37% principalmente para transporte; seguido del gas natural, en 36% para electricidad, calefacción e industria; el carbón en 9% para la generación eléctrica; la energía nuclear en 9%; y las energías renovables, como la eólica, la solar o la hidroeléctrica, entre otras, en similar cantidad.
“Dentro de 14 o 20 años o más, EEUU no habrá diversificado su matriz energética, no al ritmo de Brasil, China o Francia, debido a que el fracking and cracking en el foso inmenso de petróleo de la Cuenca Pérmica, cesará. Eso se acaba. Y tiene que asegurarse el suministro petrolero. El Medio Oriente, inestable por definición, es un lugar que está plagado de conflictos”, expresa.
El gobierno de Trump buscaría las reservas petroleras venezolanas que son las mayores del mundo, y a eso apostó cuando realizó la costosa operación militar para la captura de Nicolás Maduro, según Rangel. “Invirtió en romperle la cabeza a la culebra pero se queda con el cuerpo de la culebra que sabe manejar”.
“El acuerdo, obviamente, es bueno para EEUU y también va a ser bueno para Venezuela en la medida en que la fase de desarrollo tenga gente de reconocida trayectoria en el sector petrolero”, destaca.
Medina también hace énfasis en que el gobierno de Trump desea contar con “un suministrador seguro y confiable como lo fue Venezuela hasta 1999, cuando inició el gobierno de Hugo Chávez (1999-2012)
“Nosotros enviábamos un 1,400,000 barriles al mercado de EEUU todos los días; entonces Venezuela producían 3.4 millones de barriles”, dice el exgerente de PDVSA, uno de los expulsados por el presidente chavista al desmantelar la exitosa industria petrolera estatal en 2002 en medio rechazos y tensiones políticas.
Sostiene que la razón del acuerdo es que “EEUU sufrirá a mediano plazo la consecuencia de la declinación energética de los yacimientos del crudo no convencional, y mantenerse por encima de los 13 millones de barriles le va a ser prácticamente imposible. Así, necesitan suplirlo con una fuente externa del crudo”.
No obstante, calcula que el acuerdo no generará beneficios inmediatos para los norteamericanos. No verán mejora en los precios de la gasolina.
“Más bien han aumentado desde el día en que el acuerdo se anunció, debido a que se radicalizó otra vez la confrontación bélica en el Medio Oriente, mientras la guerra de Ucrania con Rusia continúa”, dice.
Positivo para Venezuela
En medio de las limitaciones que impone la falta de información, Medina asegura que el acuerdo “histórico” también tendrá efectos positivos para Venezuela, además de un ingreso estimado en más de 200 mil millones de dólares.
“Va a haber muchísimas inversiones en Venezuela y cuando eso ocurre se genera trabajo, mano de obra que necesita especialización, y una cantidad de factores que mueven la industria metal-mecánica van a empezar a mover los engranajes nacionales.
Como otro beneficio apunta que se van a cobrar regalías e impuestos sobre la renta conforme a la ley de Hidrocarburos promulgada en este 2026.
“Se habla de que si EEUU se va a llevar el 55% y eso puede ser debido a que quien pone la inversión y abre el mercado puede tener esa facilidad, pero no importa cuánto tenga, todo lo que se produzca tiene que pagar impuestos sobre la renta y regalías, y ese es el ingreso que puede percibir Venezuela”, puntualiza el experto.
Garantizar que los beneficios percolen en la población, según Medina, es “un asunto ciudadano que no le corresponde a quien firma esto, sino a nosotros”.
Legitimidad en el camino
El acuerdo petrolero y sus beneficios para los dos países, sin embargo, tienen obstáculos en el camino para su concreción, luego de más de dos décadas de destrucción de la industria petrolera.
Medina insiste en que las condiciones políticas y económicas actuales en Venezuela y “la forma como el acuerdo se está planteado” le sugieren que “se trata de un preacuerdo” que requiere establecer términos y condiciones para cada uno de los 17 proyectos.
Desde su análisis técnico resalta el estado del sistema eléctrico nacional. “Si no se recompone no va a haber forma ni manera posible de que se pueda recuperar la industria de hidrocarburos y creo que EEUU sabe bien esto”, apunta, al mencionar la reciente inspección que hizo una delegación de altos funcionarios estadounidenses en la mayor central hidroeléctrica del Guri en el sur de Venezuela.
“El principal problema del sistema eléctrico venezolano es el problema de transmisión y si no hay un sistema fortalecido no vamos a poder contar con la industria de hidrocarburos”.
La falta de personal especializado debido a la migración agravada hace 10 años. Es imprescindible una generación de relevo, dice. Operar un taladro en la industria requiere de un equipo con tres guardias de ocho horas cada uno, cada día.
Rangel, por su parte, puntualiza como dificultad autorización del contrato para que se haga realidad.
“De acuerdo con la Constitución venezolana vigente, ninguno de esos tratos petroleros se pueden hacer sin que pasen por la Asamblea Nacional que es completamente ilícita, porque es parte de un fraude electoral. Entonces, el riesgo está en que en cualquier momento o dentro de 10 años otras autoridades que sean legítimas van a decir que desconocen lo firmado y el paquete lo va a tener la empresa que está operando”, alerta Rangel.
Congreso de EEUU; abrir puertas de la libertad
En medio del debate sobre el acuerdo petrolero, congresistas de EEUU levantaron la voz esta semana a favor del convenio y de que el crudo venezolano implicado permita abrir las puertas de la libertad y la democracia en el país suramericano.
María Elvira Salazar consideró beneficioso el convenio para las dos naciones, pero acotó que Delcy Rodríguez “es la persona equivocada para hacer este acuerdo”.
"Rodríguez y los restos del régimen de Maduro no pueden ser el futuro de Venezuela", dijo.
“Solo un gobierno respaldado por instituciones democráticas sólidas y el Estado de derecho puede garantizarlo, y eso solo será posible con elecciones libres”, aseguró la congresista republicana de Florida. “El petróleo de Venezuela debe abrirle las puertas a la libertad".
El senador Ted Cruz se unió a la demanda de libertad e insistió en la necesidad de que haya elecciones "democráticas y justas" en Venezuela, y asomó que podrían celebrarse “a más tardar a mediados del próximo año”.
Recalcó también el inconveniente rol de Rodríguez en el acuerdo. “Fue la vicepresidenta de Nicolás Maduro, ilegítimo y marxista”, afirmó. “El acuerdo petrolero parece que podría tener un impacto muy positivo en EEUU y en su economía, y avanzará lo más rápido posible”.
También el congresista republicano Carlos Giménez remarcó que “Delcy es una dictadora interina”, tras considerar positivo el acuerdo petrolero entre Washington y Caracas.
“Que nadie se engañe sobre con quién estamos tratando en Venezuela. Delcy es una dictadora interina y a su lado continúa Diosdado Cabello, prófugo de la justicia estadounidense por narcotráfico”, afirmó. Pidió avances concretos de la transición en Venezuela. “Nada menos será aceptable”, sentenció.
FUENTE: Entrevistas con los analistas Beatrice Rangel, experta en desarrollo económico; y Horacio Medina, experto petrolero