LA HABANA.- La noche del 25 de noviembre de 2016, Cuba se paralizó: Raúl Castro apareció en la televisión nacional con su uniforme de general de Ejército y anunció al país que Fidel Castro había fallecido.

"Con profundo dolor comparezco para informarle a nuestro pueblo y a los amigos de América y del mundo, que hoy 25 de noviembre, a las 10:29 horas de la noche, falleció el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana Fidel Castro Ruz", dijo.

La noticia, de la que este domingo se cumplen dos años, fue tantas veces un rumor que la certeza del momento sorprendió a la mayoría. Muchos vieron como el fin de una etapa y el inicio de otra, pero realmente Fidel Castro llevaba 10 años retirado de la primera línea de poder, desde que cedió la Presidencia del país a su hermano Raúl.

Esa década fue aprovechada por el pequeño de los Castro para iniciar una serie de reformas económicas que abrieron pequeños espacios a la iniciativa privada en el país socialista, aunque todavía dejando al Estado como predominante y sin considerar las reformas políticas que cuestionasen el partido único.

Cuba está viviendo el segundo año de ausencia de Fidel Castro inmersa en un proceso de reforma de la actual Constitución de 1976 y el cual promueve cambios en el texto que podrían permitir el matrimonio homosexual o la apertura de empresas privadas.

En esa hoja de ruta se mantiene el nuevo presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, que el pasado abril se convirtió en el primero sin apellido Castro en tener las riendas del país en los pasados casi 60 años.

Las tímidas reformas económicas han servido para restarle legitimidad institucional a los contrarios a la apertura, pero no ha terminado de fraguar.

El año de la muerte de Fidel Castro, 2016, cerró con la primera recesión en Cuba en más de veinte años: una contracción de la economía del 0,9 por ciento. A esta situación contribuyó en buena parte la crisis del aliado venezolano, que redujo a la mitad el envío de crudo a la isla, dejándolo en alrededor de 50.000 barriles diarios.

Un año después, el Gobierno cubano logró revertir la situación con un crecimiento estimado del 1,6 por ciento, según datos oficiales, gracias al aumento del turismo y la construcción hotelera.

Pero el pasado julio, Díaz-Canel, anunció un discreto aumento del 1,1 por ciento en el primer trimestre de 2018, lo que atribuyó a los desastres naturales y al endurecimiento del embargo estadounidense sobre la isla por parte del Gobierno del presidente Donald Trump.

La apertura económica de Raúl Castro sufrió un freno en el otorgamiento de nuevas licencias para los trabajadores autónomos que volverá a abrirse en diciembre pero con nuevas reglas, según el Gobierno, para "reordenar fiscal y legalmente" al sector.

Los "cuentapropistas", como se conoce en la isla a los trabajadores autónomos, aseguran que las nuevas medidas, como la de solo tener una licencia por persona para ejercer una actividad, buscan frenar su crecimiento por recelo del Estado a la fuerza que habían tomado en los últimos años.

Ante esto, la inversión extranjera sigue siendo una de las prioridades del Gobierno cubano, que ha cifrado en 2.500 millones de dólares anuales la cantidad que necesita para que la economía nacional crezca.

El tema más polémico que se debate es precisamente el artículo 68 que busca permitir los matrimonios entre personas del mismo sexo, algo que ha despertado el activo rechazo de las iglesias evangélicas de la isla.

La nueva Carta Magna tambien plantea la limitación de la presidencia a dos mandatos de cinco años y la creación de la figura del primer ministro, que atendería los temas diarios del Gobierno.

La oposición critica la reforma porque considera que no incluye cambios en el sistema del partido comunista único, que se mantendrá en el texto que se debe votar el 24 de febrero de 2019.

FUENTE: dpa

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