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LA HABANA.- La lluvia es un lujo en Lima. Un aguacero cerrado en la Perla del Pacífico es considerado un fenómeno extraño para la mayor parte de su población y no es raro que acudan a chamanes en busca de buenos o malos presagios.

El promedio anual de lluvia reportado en el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez en la capital peruana es de 7 milímetros: la menor cantidad en un área metropolitana en el mundo. Algunos limeños recuerdan la hora, el mes y el año de las pocas veces que ha llovido intensamente en la ciudad.

Por tanto, es muy raro que una actividad al aire libre, convocada por la Cumbre de los Pueblos, que antecede a la reunión ministerial y de presidentes el 13 y 14 de abril, se suspenda por lluvia.

Los numerosos participantes a la Cumbre, procedentes de la isla –más de 300 entre gubernamentales y no gubernamentales– no fueron a turistear a Lima. Fueron a gritar consignas contra el imperialismo yanqui, a demonizar al capitalismo y linchar verbalmente a los compatriotas que piensan distinto, con estribillos fascistas como "al machete que son pocos".

No debieran darse esos choques chusmas y callejeros entre cubanos con ideologías opuestas en un territorio que no es el suyo. Por decencia y civismo, las diferencias se debieran discutir en casa.

Pero el régimen castrista no solo prohíbe cualquier espacio de diálogo con la disidencia política, sino también la reprime. Por tanto, al no tener espacio, la oposición, el exilio, ONGs y fundaciones, aprovechan estos cónclaves para que se escuchen esas voces apagadas.

Es una batalla brutalmente desigual: una pelea de alrededor de 2.000 disidentes y unos 200 periodistas independientes por abrirse un hueco legal en su patria. Cuba es la única nación, de las 34 de América Latina –incluso la dictadura de Nicolás Maduro permite grupos opositores–, donde la disidencia política es ilegal.

Como ocurrió en 2015 en la Cumbre de Panamá, la de Lima puede transformarse en un ring de boxeo verbal, donde a veces las partes contrincantes se lían a golpes.

En la esquina roja, los púgiles del régimen tienen la desfachatez de presentarse como "miembros de la sociedad civil". Desde luego que no lo son, pues dependen económicamente del Gobierno. Las sedes de sus agrupaciones (Comités de Defensa de la Revolución, CDR; Federación de Mujeres Cubanas, FMC, y Unión de Escritores y Artistas de Cuba, UNEAC, entre otras) pertenecen al Estado, que paga todos sus gastos, incluido el combustible que consumen.

Es una burla al resto de las sociedades civiles autónomas existentes en el mundo. Su misión es clara: sabotear el desarrollo de los eventos donde intervengan opositores cubanos o grupos alineados con su manera de pensar.

Lanzan en Twitter hasthags típicos de los ultras del fútbol como #Cubanosetoca. Cualquier reunión donde se produzcan intervenciones que consideren ofensivas contra su revolución fidelista, la revientan con gritos y consignas trilladas.

Para aparentar que se trata de una sociedad civil con todas las de la ley, en la delegación inscriben a cristianos, babalawos [sacerdotes de la santería], santeros y ecobios de abakuá [secta mutualista secreta].

A la variopinta comitiva incorporan "intelectuales" al estilo de Iroel Sánchez y Enrique Ubieta, intransigentes comisionados político-culturales quienes velan por la “pureza” del castrismo con tanto fanatismo que en ocasiones propician enfrentamientos orales entre los propios seguidores del socialismo.

Si esta gente es capaz de dispararle con fuego amigo a uno de los suyos, metafóricamente hablando, imagínense que queda para los que piensan diferente. Por supuesto, entre periodistas oficiales, abogados defensores del régimen y guatacas [aduladores] de diversa calaña, se infiltran provocadores profesionales de la contrainteligencia cubana.

Tipos que hablan poco y pegan mucho. Cultores del arte marcial y especialistas en golpear en medio del barullo. Esa es, a grandes rasgos, la sociedad civil que intenta vender la autocracia castrista en la Cumbre de Lima.

En la esquina azul, se localiza la otra sociedad civil, compuesta por opositores, periodistas independientes y exiliados. Una delegación diezmada, pues la Seguridad del Estado impidió viajar desde Cuba a la mayoría de los activistas.

Unos con más, otros con menos, los dos bandos estarán presentes en la Cumbre de las Américas y sus foros paralelos.

Lamentablemente, el plato fuerte de la VIII Cumbre de las Américas ya no será Donald Trump, si no su insípido vicepresidente Mike Pence.

Daniel Lozano en El Mundo escribe: "Trump iba a ser la vedette de la fiesta, dice Ramón Machado, exalcalde venezolano refugiado en Estados Unidos y miembro de Venezolanos Perseguidos en el Exilio, nada más conocerse la espantada del presidente estadounidense, que cayó como una bomba en América Latina y arrancó una sonrisa al gobierno bolivariano de Nicolás Maduro. Un arma de doble filo para el chavismo, ya que la ausencia de Trump prevé que casi todos los focos de la Cumbre de Lima recaerán ahora en el tema venezolano".

Raúl Castro y su guardia pretoriana, utilizará de estrategia los diversos puntos de coincidencias con América Latina en su diatriba contra la Casa Blanca, donde hay mucha tela por cortar. Las malas políticas de Trump hacia el continente, o la falta de ellas, han dibujado un panorama incierto para el país que debiera velar por la democracia e integración regional.

Aparentando apoyo a México, el club de naciones de la izquierda autoritaria que lidera Cuba, introducirá su guion previsto de defender y legitimar las elecciones de mayo en Venezuela.

Es una contradicción que Maduro no sea invitado y a Raúl Castro lo reciban con alfombra roja. Habrá que esperar a ver cual será la reacción de Mike Pence y la delegación de Estados Unidos hacia el régimen de La Habana.

Unos días que prometen brega. Como para coger palco.

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