sábado 31  de  enero 2026
ANÁLISIS

Especialista advierte riesgo de transición sin democratización plena en Venezuela

Miguel Martínez Meucci, politólogo, considera positivos algunos hitos recientes, aunque remarca que la represión no cesa y el proceso sigue siendo "frágil"

Por REDACCIÓN/Diario Las Américas

MIAMI - El politólogo y catedrático venezolano exiliado en España, Miguel Ángel Martínez Meucci, analizó el momento político que atraviesa Venezuela en el marco de la hoja de ruta impulsada desde Washington —basada en estabilidad, recuperación y transición— y advirtió que el proceso en curso muestra señales relevantes, aunque todavía insuficientes para hablar de una democratización consolidada. En entrevista, sostuvo que las excarcelaciones de presos políticos y ciertos gestos de apertura representan avances verificables, pero indicó que se trata de una dinámica gradual, frágil y sujeta a comprobación permanente.

Martínez Meucci explicó que el interés estratégico de Estados Unidos apunta a reubicar a Venezuela dentro de la órbita de las democracias occidentales, alejándola de alianzas con regímenes autoritarios. Sin embargo alertó que la viabilidad de la transición dependerá del compromiso real de los actores que hoy conservan control institucional dentro del país. “Toda transición política es un proceso que toma tiempo”, afirmó, al tiempo que remarcó que la liberación parcial de detenidos es positiva pero todavía limitada frente a la magnitud de la represión documentada.

El analista enfatizó que no puede existir una transición sin participación popular efectiva ni sin liderazgo opositor con capacidad de interlocución, mencionando el rol de la dirigencia democrática y, en particular, de la Nobel de la Paz, María Corina Machado y del liderazgo electo opositor. También advirtió sobre el riesgo de maniobras dilatorias por parte de sectores del poder, señalando que sin mecanismos de verificación y presión sostenida (de la sociedad civil, la prensa y la comunidad internacional) el proceso podría derivar en una “transición controlada” sin democratización real.

A continuación una entrevista íntegra publicada por el diario El Mundo en España:

Pregunta. La hoja de ruta de Washington marca tres etapas, estabilidad, recuperación y transición, con excarcelaciones y reconciliación, que sería en simultáneo a este proceso. Pero transcurridas casi cuatro semanas, los venezolanos presencian excarcelaciones a cuentagotas y a un aparato represivo que se hace ver y sentir pero que, de momento, no dispara. ¿Cómo valora el actual momento del país?

Respuesta.Es evidente y manifiesto que el interés de Washington en este momento es propiciar un cambio en Venezuela que vaya mucho más acorde con la visión occidental de la política, donde Venezuela deje de estar en la órbita de Rusia, China e Irán y otros actores, no necesariamente estatales, pero que sí son amenazantes para la democracia liberal. Todo esto implica dirigirse a un horizonte de democratización, pero al mismo tiempo es necesario para ello garantizar la estabilidad. Y todo lo que estamos viendo es un intento de ir en esa línea. Para ello se ha considerado contar con una colaboración interna, que puede ser más o menos forzada, más o menos voluntaria. Esa es la apuesta. La duda es si los actores que han quedado en control de la situación dentro del país están comprometidos, o no, con esa hoja de ruta. Está por verse. Hay algunos gestos importantes, sin olvidar que es un proceso, no es un cambio que se pueda ejecutar en pocos días. Toda transición política es un proceso que toma tiempo. Estamos viendo hechos trascendentales, empezando por la extracción de Nicolás Maduro, pero son pasos que se dan de forma paulatina. Es importante la liberación de presos políticos que se ha dado hasta ahora, pero es insuficiente. Estamos en un proceso de construcción donde es muy importante que los factores que están a favor de la libertad y la democracia en Venezuela tengan un papel en el proceso, para garantizar que los objetivos se cumplan paso a paso.

P.En las últimas horas hemos presenciado múltiples celebraciones por la salida de los presos políticos, impensables durante este año y medio de terror tras las elecciones presidenciales. Más allá de activistas y dirigentes universitarios, la soledad de las familias en sus vigilias es impactante. Incluso sólo tres dirigentes opositores han salido de la clandestinidad. ¿No le duele esta soledad?

R. Esto reafirma el nivel de represión que sigue existiendo en Venezuela. Y no ha desaparecido. Pero es importante ver que el hecho de que los familiares de los presos se estén movilizando de esta manera, que sus protestas trasciendan, también las movilizaciones universitarias, impensables en los meses anteriores, nos dice que algo está percibiendo la sociedad venezolana, como vientos de eventual cambio. Esa posibilidad está sobre la mesa, vemos una cierta pérdida del miedo, hay la sensación de que la presión externa es muy importante y esto lo está apreciando algunos de los sectores más movilizados. Es probable que esta corriente se vaya incrementando, en la medida de que se verifique que hay la posibilidad de un cambio. Si no se produce, la ruta de cambio se vería en entredicho. Por eso se habla de alguna reforma en esa hoja de ruta de Washington.

P.¿Es posible una transición sin pueblo?

R. Una transición sin pueblo no es factible, porque justamente transición significa transitar hacia la recuperación efectiva de la soberanía popular y nacional, una soberanía que radica en el pueblo. Estamos viendo pasos importantes, como la liberación de presos, que sin el 3 de enero posiblemente no existiría. Es importante resaltar la cantidad de presos extranjeros que han estado años recluidos en las mazmorras, empleados como fichas de cambio por el régimen para evitar la presión de las democracias. Esto ha sido posible porque el 3 de enero marca un punto de inflexión muy importante. ¿Es insuficiente, no avanza a la velocidad que dos desean? Eso es indudable. Y ahí es muy importante que se dé eco a la gente, a las movilizaciones populares, a la recuperación de los derechos civiles y políticos, porque si no hay avances no estaríamos hablando de una transición propiamente dicha. Estamos viendo gestos y hechos importantes en esa dirección, pero claramente insuficientes. La pregunta es si estos actores que mantienen control del Estado venezolano verdaderamente están o no comprometidos con esa ruta de apertura a la democratización. Está por verse y es día a día.

P. Los testimonios de varios presos extranjeros, que sí han podido hablar en sus países, parecen una ventana al infierno de los malos tratos y las torturas en esas cárceles deshumanizadas.

R. Estos testimonios trasladan la realidad tan cruda que sufren los presos políticos más allá de nuestras fronteras. Lo hacen llegar a otras audiencias. Fueron manejados como rehenes y al escuchar sus sentimientos el mundo está comprobando que lo de Venezuela es muy serio y afecta a muchos países. Esos rehenes han servido como un mecanismo para presionar a otros gobiernos con su política hacia el régimen. Que cientos de presos políticos den su testimonio preocupa al régimen, lo que explica que la excarcelación sea de forma gradual.

P. ¿Teme el chavismo reciclado que estas excarcelaciones prendan la mecha de la explosión social?

R. Es muy probable que así sea, que haya un temor al efecto de una excarcelación masiva y simultánea de tantos presos, por eso no hay listas previas. Esto se corresponde con los temores de los regímenes autocráticos cuando se inician este tipo de transiciones, el temor a una reacción masiva de una sociedad que siente que va ganando libertad. Lo importante es que el proceso no se desvía, de ahí la importancia de que prensa nacional e internacional, la sociedad civil y los actores políticos se mantengan vigilantes y presionando en la defensa de los presos políticos y de todos los venezolanos.

P. En todo este 'puzzle' falta una pieza por encajar, el liderazgo de la oposición real, en especial María Corina Machado, la líder de los demócratas en Venezuela. La urgencia histórica de la sociedad venezolana parece no encajar con ese proceso abierto por Washington, año y medio insinuó Trump que duraría enderezar la industria petrolera. ¿Cuál papel avizora para Machado y para la dirigencia de la oposición democrática en este momento?

R. No siempre cuando se produce un proceso de transición democrática existe un liderazgo del lado de la oposición que haya alcanzado un altísimo nivel de legitimidad, de organización popular y de representación política. En este caso existe un presidente electo, Edmundo González, y una líder política que incluso ha obtenido el Premio Nobel de la Paz. Y todo eso gracias a la articulación de cientos de miles de personas para poder ganar una elección presidencial en condiciones sumamente adversas. Es un liderazgo nítido y consolidado que tiene una voz que ejercer en el proceso. A día de hoy es quien mejor representa los intereses de los ciudadanos en medio de un proceso donde están representados otros intereses, nacionales y foráneos. Sería muy importante que durante el proceso esa voz tenga un papel que cumplir. Es necesario un nivel de interlocución de ese pueblo soberano, que tiene un liderazgo muy claro. El papel a jugar primero es vigilante de que las etapas en esa recuperación paulatina de los derechos civiles y políticos se vaya produciendo. En esa ruta hacia unas elecciones o el restablecimiento del orden constitucional es necesario que juegue un papel, porque de lo contrario será difícil de que se trate de una transición. Ahora, esto es un proceso donde estos mecanismos se van construyendo de una forma paulatina y donde es importante que la voz de la gente esté representada.

La Premio Nobel María Corina Machado.OLIVER CONTRERASAFP

P. ¿Esa vigilancia debe llevarse desde dentro de Caracas, como ocurría antes del Nobel? Es más, ¿le interesa a Washington que eso suceda?

R. La posibilidad de trabajar desde dentro de Venezuela serviría para medir que nos encontramos en una transición. Si eso no fuera posible, difícilmente sería una transición en curso. Si hablamos de un proceso de apertura y respeto progresivo de los derechos cabe imaginarse la liberación de todos los presos políticos, el cese de toda persecución política y la posibilidad de retorno del liderazgo fuera del país. Estamos hablando de la mayor parte del liderazgo principal de la oposición. Lo contrario hablaría de un proceso bajo control de las élites del régimen autocrático, por lo que no sería exactamente una transición. Incluso podríamos denominarlo una transición a la rusa, donde se desmoronó un sistema autoritario pero el poder terminó siendo manejado por élites internas de ese sistema, que controlaban los sistema de inteligencia y represivos y que de alguna manera terminaron controlando la privatización de la industria nacional. Una transición a la rusa no sería una transición a la democracia en los términos que espera la sociedad venezolana.

P. ¿Es posible una reforma de la hoja de ruta diseñada por Washington, con ese comité técnico?

R. El nivel de incertidumbre es tan grande que no se puede hablar en términos absolutos. Muchas cosas que parecen imposibles pueden acabar siendo posibles. Y para comenzar, lo que vimos el 3 de enero. Lo que sí veo como una constante es la determinación de EEUU de que Venezuela se convierta en un actor afín dentro del rediseño de las relaciones internacionales que plantea esta administración estadounidense. Venezuela representa un punto muy importante dentro de esa nueva política exterior de EEUU, que prioriza una influencia indiscutida en el continente americano y en la cuenca del Caribe. Dentro de esa visión, Venezuela debe salir de la esfera de influencia de regímenes como el ruso, chino e iraní y quedar bajo la influencia estadounidense. Y, por supuesto, la forma de alienar esto de forma coherente es que Venezuela reingrese al sistema democrático con plenas libertades. Es un proceso difícil, con muchos pasos, pero sometido a mecanismos de verificación que confirmen que la hoja de ruta se transita de la forma correcta. En la medida en que eso no se vaya comprobando será factible que haya reajustes en la hoja de ruta, no para salirse de ella, sino para garantizar que se mantiene el rumbo dentro de la misma. Y ahí pueden cobrar la fuerza la tesis de que los ajustes permitan la entrada paulatina del liderazgo legítimamente electo por la ciudadanía.

P. ¿Sería una carambola geopolítica si Venezuela recupera la libertad gracias a la recuperación de la Doctrina Monroe?

R. El problema de Venezuela es que durante más de un cuarto de siglo un proyecto político autoritario, pese a estar en el corazón de las Américas, estableció fortísimos vínculos con las principales autocracias del planeta, dando la espalda a su propia tradición política y diplomática. Venezuela no sólo era una de las democracias más estables, además era un factor constructivo de democracia en toda la región. Lamentablemente los recursos petroleros que tiene Venezuela hizo que se convirtiera en un factor muy importante dentro de esa especie de Internacional autoritaria. Las autocracias juegan muy rudo y las democracias, por lo general, no juegan tan rudo. La solidaridad de muchos actores occidentales fue manifiesta en estos años, pero no era capaz de propiciar la ruptura con las autocracias euroasiáticas, Cuba y Nicaragua. Ha tenido que ser de una forma mucho más abrupta y me temo que sería muy difícil pensar en una democratización sin que esto hubiera sucedido. A uno le podrá gustar más o menos, pero esa es la realidad de los hechos. Hoy en día existe una oportunidad cierta para revertir estos vínculos con las autocracias y reinsertar a Venezuela en las democracias de Occidente. De lo contrario hubiera sido altamente improbable.

P. ¿Cuál sería el banderazo real para dar inicio formal a la transición? Algunos apuestan por la amnistía total, otros por el regreso de Machado a Caracas para incorporarse a la lucha política, que se podría comparar con el regreso de Santiago Carrillo a España y la legalización del Partido Comunista.

R. Las transiciones no son procesos lineales, donde no hay un momento específico. Los hitos y los acontecimientos van abriendo, poco a poco, la posibilidad para el cambio. Las primarias del 2023 con la elección de María Corina como candidata unitaria de la oposición es un hito. La elección de Edmundo González como presidente de Venezuela el 28 de julio de 2024 es otro hito importante. El tres de enero también lo es. Solo viéndolo con perspectiva histórica nos damos cuenta que algo se está moviendo hacia el cambio. La acción en la que fue extraído Maduro es polémica, pero recordemos la intervención de EEUU en Europa contra la Alemania nazi. Hubiera sido muy difícil revertir ese control si no hubieran participado los estadounidenses. La pregunta es si las democracias deben privarse de todos los medios en su lucha contra una autocracia, sobre todo cuando hablamos de un régimen cuya dirigencia ya está siendo procesada por la Corte Penal Internacional por sus crímenes de lesa humanidad. Cuando escuchamos los testimonios de los presos políticos, cuando vemos que una tercera parte de la población ha decidido emigrar del país, sólo comparable con Siria o Ucrania. A nadie le gusta enfrentar situaciones límite, pero si nos vemos obligados a hacerlo, la duda es si la defensa de las libertades y derechos fundamentales debe privarse de los medios de los cuales no se priva a los enemigos de esas libertades.

P. En 1945 los republicanos españoles también pidieron la ayuda de EEUU para que actuara contra el dictador Franco para liberar a España.

R. Efectivamente, esa intervención estadounidense que sí se produjo en Italia muchos esperaban que se diera en España. Y quien la reclamaba eran republicanos. Tal y como dijo Jorgen Watne Frydnes, el presidente del Comité del Nobel de la Paz, es muy fácil juzgar a quien está al límite por recuperar su libertad. Hay que estar en su piel para comprender las difíciles decisiones que hay que tomar, de supervivencia, de vida o muerte.

P. Una de las primeras medidas de los hermanos Rodríguez es la reactivación de un consejo de paz que es más de lo mismo, con ministros chavistas, boliburgueses, opositores complacientes, hasta quienes extorsionaron a la hija de Edmundo González con la libertad de su marido. Pero nadie de la oposición democrática. ¿Es desconcertante para usted o esperaba esta estrategia de cal y arena?

R. Claramente es una iniciativa insuficiente para sostener un verdadero diálogo nacional. Los factores representados ni remotamente son los que representan a la mayoría de la población de Venezuela. Por otro lado es muy importante no perder de vista que los hermanos Rodríguez han sido los principales operadores de Maduro durante los 13 años en los que logró mantenerse en el poder. Cuando a Maduro le toca asumir la sucesión de Chávez, elegido por él mismo, tuvo que enfrentar obstáculos muy fuertes. En primer lugar, el desastre económico que Chávez le dejó. En segundo, liderar a ese compendio de intereses muy oscuros que es el chavismo. Y luego controlar a un sector militar sin ser parte de él, como Chávez. Maduro sorteó todas estas dificultades día a día en una presidencia donde sobrevivió a muchas crisis ganando tiempo, combinando represión y procesos de diálogo en los que nunca se construyó nada concreto. Y que cuando sí hubo algo concreto, como los Acuerdos de Barbados de 2023, finalmente fueron todos violados por el régimen. Quienes encabezaron esa forma de contemporizar con actores internos y externos fueron precisamente los hermanos Rodríguez, sin comprometerse con acuerdos para los derechos civiles. Hay un riesgo cierto de que esto se convierta en maniobras para seguir ganando tiempo, en lo que han demostrado tener una enorme habilidad. Los gobiernos democráticos tienen poco tiempo para hacer cualquier cosa por los límites temporales de la Constitución. Los autócratas logran tener mucho más tiempo, de facto, porque se perpetúan en el poder. Este factor no se debe subestimar en este momento.

P. En realidad, el chavismo ha demostrado durante dos décadas que es campeón mundial en ganar tiempo. Tras el control por los daños del 3 de enero, ¿no teme que su estrategia real tras este repliegue táctico evidente no sea mantenerse en el poder hasta el 2000 siempre, tal y como repetía Chávez?

R. No es una especulación, es un riesgo cierto. Lo hemos visto a lo largo de los años. Esta hoja de ruta tiene que estar sometida a algún tipo de mecanismo de verificación, comprobando los pasos en esa dirección. Si los pasos no se dan, son señales de alerta que debe ser considerada. Y no lo digo solo en el respeto a los derechos civiles y políticos y el progresivo restablecimiento de la voluntad soberana de Venezuela, también desde un punto de vista muy pragmático de que este plan funcione y rinda para EEUU los resultados que ellos mismos están esperando. En pocas palabras, es muy importante la verificación, porque de lo contrario la posibilidad de una transición a la rusa, que al final no es tal transición, pudiera estar teniendo lugar.

P. Hace dos décadas escribió 'Apaciguamiento', sobre el referéndum revocatorio que llevó a la consolidación del chavismo. ¿No se corre un riesgo parecido de apaciguamiento ahora, con la gran diferencia de que la inmensa mayoría, dentro y fuera, apuesta por el cambio?

R. Sí, pudiera darse algo así, que concesiones que se dan a un actor que no contempla la posibilidad real del cambio le permita fortalecerse en el tiempo. Que se les permita ganar tiempo y tiempo y que los intereses de los actores democráticos se desdibujen mientras los intereses de los actores autocráticos se fortalezcan gracias al tiempo. Estamos en un proceso que toma tiempo, pero en el que no se puede perder el tiempo.

FUENTE: Con información de El Mundo-España

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