miércoles 24  de  diciembre 2025
ANÁLISIS

Importancia geopolítica de la Antártica: Chile como factor de proyección

El equilibrio de paz y cooperación científica, garantizado por el Sistema del Tratado Antártico (STA) desde 1961, podría verse tensionado a partir del año 2048

Por LEONARDO QUIJARRO SANTIBÁÑEZ

La Antártica en la encrucijada de la influencia global: El continente antártico y el Océano Austral ocupan una posición geográfica de alta importancia estratégica para el sistema internacional contemporáneo. Su valor es incalculable en términos científicos y medioambientales, pero su relevancia ha escalado debido a los crecientes intereses geopolíticos, el avance tecnológico y la competencia global por el acceso a recursos naturales. Este continente es el principal motor de la red de corrientes oceánicas del planeta, cumpliendo un rol fundamental en el control climático terrestre a través de la corriente circumpolar antártica. La necesidad de anticipar las implicancias que podría tener una eventual modificación del régimen jurídico antártico vigente justifica la urgencia de este análisis.

El equilibrio de paz y cooperación científica, garantizado por el Sistema del Tratado Antártico (STA) desde 1961, podría verse tensionado a partir del año 2048, cuando el Protocolo de Madrid, que actualmente prohíbe toda actividad de extracción de recursos minerales, pueda ser revisado y potencialmente modificado. Ante este panorama, la política antártica de Chile busca proyectarse no solo desde la perspectiva de su reclamación territorial histórica, sino desde su rol funcional como habilitador geopolítico y logístico regional. La posición geográfica chilena contribuye a garantizar una presencia efectiva, crucialmente, por el control soberano sobre el Estrecho de Magallanes y su proximidad estratégica al continente blanco.

El Estrecho de Magallanes: un activo geopolítico insustituible

La proyección de Chile hacia el continente antártico es inseparable de la importancia geoestratégica del Estrecho de Magallanes, sobre el cual Chile ejerce soberanía irrestricta. Históricamente, el control de este paso transoceánico fue fundamental, ya que era el único paso conocido entre los dos grandes mares que rodeaban el Nuevo Mundo en la época de la Conquista. En la actualidad, el Estrecho de Magallanes sigue siendo una parte esencial de la contextura de Chile como país marítimo. Su rol es crítico en la seguridad del transporte marítimo internacional, especialmente en caso de que el Canal de Panamá o las rutas globales se vean comprometidas, como ya ocurrió recientemente, ante la disminución de los niveles de agua en los lagos del referido canal. El Tratado de Paz y Amistad de 1984 fijó el límite de la boca oriental y mantuvo todo su curso bajo la soberanía de Chile, asegurando la permanente vigencia, para todas las banderas, de una libre navegación por sus aguas. Argentina, recíprocamente, se obligó a mantener, en cualquier tiempo y circunstancia, el derecho de los buques de todas las banderas a navegar en forma expedita hacia y desde el Estrecho de Magallanes al océano Atlántico.

El ejercicio de la soberanía sobre este paso marítimo esencial le otorga a Chile una posición única para proyectar influencia y vinculación marítima. Esta posición geográfica ha permitido que Punta Arenas y Puerto Williams se consoliden como puertas de entrada a la Antártica, ofreciendo conectividad para operaciones científicas y logísticas internacionales.

Es así como la capacidad de astilleros, para apoyo de servicios y reparaciones para naves mayores, posiciona al puerto de Punta Arenas como un actor gravitante, ante la creciente demanda de naves que circulan por el estrecho de Magallanes o aquellas que realizan el enlace hacia la Antártica, sea en apoyo a la investigación científica, de bases militares o simple turismo.

Por su parte, el proyectado Centro Antártico Internacional, a construirse en la ciudad de Punta Arenas, busca ser un espacio dedicado a la ciencia y la cooperación internacional, el símbolo de una política antártica que mira al futuro, preparada para los desafíos y oportunidades de investigación y turismo en la zona.

Geopolítica y los desafíos emergentes por los recursos polares

El valor estratégico del Océano Austral se basa en su rol como reserva crítica y su influencia climática global. Las investigaciones hacen alusión a que la intensidad de las corrientes oceánicas en el Océano Austral determina el desempeño de los océanos para regular el clima. Además, la Antártica y sus aguas circundantes contienen grandes reservas de recursos naturales y minerales.

Entre los recursos biológicos destaca el kril, considerado la reserva de biomasa más grande del planeta, el cual es muy relevante en la cadena alimentaria de las especies antárticas y como sumidero de carbono, al ser parte de la bomba biológica de carbono del Océano Austral. Por su valor nutricional y comercial, el kril es un recurso estratégico que China, por ejemplo, ha buscado asegurar para sus necesidades alimentarias futuras. En cuanto a recursos energéticos y minerales, el Océano Austral contiene petróleo y nódulos de manganeso. Estudios geofísicos rusos en el mar de Weddell han estimado un potencial de 70 mil millones de toneladas de petróleo. Esta riqueza mineral latente, sumada a los avances tecnológicos, aumenta la presión internacional, configurando un escenario incierto para la estabilidad del orden jurídico actual.

En este contexto de competencia, potencias globales con proyección estratégica han incrementado su presencia. China, por ejemplo, ha escalado su presencia como Parte Consultiva, operando cinco estaciones antárticas y ampliando su logística, declarándose “gran potencia polar” desde 2014. Su comportamiento es abiertamente disruptivo en la Convención para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA), donde ha bloqueado sistemáticamente la creación de Áreas Marinas Protegidas (AMP) para proteger sus intereses pesqueros en kril. Rusia, por su parte, mantiene presencia permanente con cinco bases científicas, ha desarrollado estudios geológicos y prospecciones sísmicas en el mar de Weddell y ha planteado un desacuerdo con interpretaciones restrictivas del Protocolo de Madrid, buscando fundamentar eventuales reclamaciones sobre recursos minerales tras 2048.

Chile: presencia y capacidad logística y científica

Frente a estas presiones, Chile ha consolidado su posición como actor relevante en el Sistema del Tratado Antártico, ejerciendo, además, una presencia efectiva mediante una red de bases científicas y logísticas operadas por el Instituto Antártico Chileno (INACH) y las Fuerzas Armadas. Actualmente, Chile mantiene cuatro bases permanentes (Base Eduardo Frei Montalva, Base Julio Escudero, Base Bernardo O’Higgins y Base Arturo Prat) y cinco estaciones temporales que funcionan, principalmente, en la temporada estival. Se deben agregar a esta presencia cinco refugios temporales.

La inversión chilena no solo se limita a la infraestructura. En un hecho destacado por la industria naval mundial, en el año 2024, incorporó al servicio de la Armada de Chile un nuevo rompehielos, el AGB-46 “Almirante Viel” (Ice Class PC5), el que aumentó sustancialmente la autonomía y capacidad de apoyo logístico y de investigación científica del país en el continente blanco, teniendo como puerto base Punta Arenas.

De esta forma, Chile se presenta como un gateway internacional, o país puente, ofreciendo conectividad para la proyección antártica internacional a través de Punta Arenas, que, sumado a su potencial de servicio y apoyo logístico, agrega la cercanía al continente antártico.

El liderazgo funcional chileno se demuestra a través de la cooperación en seguridad marítima, como la Patrulla Antártica Naval Combinada (PANC) con Argentina desde 1998, la cual es una experiencia de cooperación exitosa en búsqueda y rescate y control de la contaminación en la zona austral. El Estado proyecta activamente su soft power mediante la diplomacia científica, utilizando sus bases para albergar módulos o refugios de otras naciones y fomentando la cooperación internacional para generar conocimiento, lo cual es el vector que justifica el despliegue de recursos.

Conclusiones

El mundo converge hacia mayores necesidades y demandas por recursos naturales, los que, gracias al Sistema del Tratado Antártico, han permitido que esta región polar mantenga una condición casi prístina en cuanto a su resguardo y conservación. Sin embargo, en la actualidad se presenta una disputa sobre qué estrategia en las relaciones internacionales primará, realismo o constructivismo, lo que condiciona, potencialmente, que se mantenga la realidad antártica actual.

Chile, a través de su Política Antártica, ha estructurado la estrategia nacional antártica, centrándose en una proyección funcional como habilitador geopolítico y garante regional.

Esta estrategia ha demostrado un enfoque en tres pilares fundamentales que han consolidado la posición chilena. En primer lugar, buscando fortalecer la infraestructura logística en la Región de Magallanes (Punta Arenas y Puerto Williams), consolidando a Chile como la puerta de entrada indispensable a la Antártica y maximizando el uso eficiente de medios navales, como el rompehielos Almirante Viel, para mantener el control de los espacios marítimos en la zona austral. En segundo lugar, aumentando las capacidades científicas permanentes en la Antártica (bases, estaciones y refugios) y Subantártica (Centro Antártico Internacional de Punta Arenas), ya que la ciencia es el vector que justifica el despliegue de recursos y es un eje legitimador clave dentro del STA. Finalmente, impulsando una diplomacia antártica activa y anticipatoria, liderando consensos en las Reuniones Consultivas del Tratado Antártico (RCTA) y la CCRVMA para defender el régimen de paz y protección.

Al articular de forma decidida y coordinada la Logística, la Ciencia y la Diplomacia, Chile no solo resguarda sus intereses ante la eventual revisión del Protocolo de Madrid, sino que robustece su perfil de potencia antártica, consolidándose como un factor de proyección y garante funcional del orden cooperativo en el continente blanco. La coherencia y la persistencia de las acciones chilenas en el terreno, apoyadas por su soberanía sobre el Estrecho de Magallanes, aseguran que la posición de Chile sea respetada y esencial para la gobernanza antártica en el futuro.

Leonardo Quijarro Santibáñez, Contraalmirante, Armada de Chile (Ret.), analista sénior invitado, MSI²

Publicado originalmente en el Instituto de Inteligencia Estratégica de Miami, un grupo de expertos conservador y no partidista que se especializa en investigación de políticas, inteligencia estratégica y consultoría. Las opiniones son del autor y no reflejan necesariamente la posición del Instituto. Más información del Miami Strategic Intelligence Institute en www.miastrategicintel.com

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