Secuestros, asesinatos y corrupción acechan los territorios de las comunidades pertenecientes a la etnia indígena miskita, en la costa caribe nicaragüense.

Desde hace dos años ese grupo es blanco de violentos enfrentamientos en sus territorios invadidos por colonos armados con fusiles, que son de uso exclusivo del Ejército de Nicaragua. El propósito es desplazarlos y apropiarse de sus tierras y recursos naturales sin que las autoridades del Gobierno de Daniel Ortega hagan algo por evitarlo.

Elacio Holmes Benneth, líder de las comunidades miskitas, radicado en Estados Unidos, informó que más de un centenar de miskitos han sido asesinados, y más de 800 familias han emigrado hacia Honduras huyendo del conflicto en los dos últimos años debido al terror que invade la zona.

Susana Marley, activista de derechos humanos, dijo que 48 miskitos han resultado heridos en las refriegas por el conflicto de tierras, mientras ocho indígenas han sido secuestrados. “De su paradero nada se sabe”, dijo Marley.

Uno de los casos más recientes de esa violencia es el de Gerardo Chale Allen y Nelin Pedro Parista, secuestrados por colonos en agosto del 2016. Días después de su desaparición sus cuerpos fueron encontrados decapitados y descuartizados en el sector del Río Coco Arriba. Los restos pudieron ser identificados por sus familiares, sólo por la vestimenta.

Protegidos por el sandinismo

Los colonos se han dedicado a extraer la madera y el oro de las tierras pertenecientes a los indígenas. El Gobierno también hace lo suyo a través de la empresa ALBA Forestal, creada con los recursos que Venezuela entrega a Nicaragua amparada en los acuerdos de la alianza continental en la cual se agrupan los países pertenecientes al llamado socialismo del siglo XXI. Los colonos están organizados, trabajan en grupos y actúan bajo la coordinación de funcionarios del Gobierno, entre los que se incluye Erasmo Flores, un exmilitar sandinista.

El líder miskito Holmes Benneth, advirtió que no se quedarán de brazos cruzados y lucharán por preservar el derecho de sus tierras ancestrales. “Hay dos opciones, o nos defendemos o nos exterminan, pero algo va a pasar. Nos vamos a defender, nos estamos preparando para defendernos con todo el derecho. Igual que en los años 80, nos asiste la razón”, apuntó.

En los 80 el régimen sandinista asesinó a cerca de un centenar de indígenas, destruyó comunidades enteras y propició el éxodo de miles de familias al exterior para evitar al apoyo que daban a la contrarrevolución.

“De Raití Bocay hasta la desembocadura de Cabo Gracias a Dios, más de 300 comunidades fueron arrasadas, quemadas, nos vimos obligados a defendernos y así fue que iniciaron los diez años de guerra. No queremos repetir esa historia y pedimos al Gobierno interesarse por darle una solución al conflicto con los colonos”, apuntó Holmes.

Falta de atención

La activista Marley dijo que el Gobierno del presidente Ortega, mantiene en abandono a las comunidades miskitas. “Hay serios problemas de salud debido al constante estrés al que están sometidos por la presencia de civiles armados con fusiles de guerra”.

Precisó que carecen de condiciones para atender a los enfermos crónicos por lo que es indispensable trasladarlos a Managua a hospitales públicos por tierra o por avión. El gobierno no contribuye con los costos de traslado ni de los medicinas.

Solidaridad

Un grupo de nicaragüenses radicados en el exterior y en Nicaragua, han creado una red de apoyo a la situación para las comunidades miskitas; les proporcionan recursos para medicinas, traslados y alimento.

Alejandro Mondragón, nicaragüense radicado en Panamá, dijo que la ayuda es económica a través de la red de amigos MODU (Movimiento Democrático Unido), una organización que nació de la plataforma virtual para divulgar y concientizar a la población de los problemas políticos y sociales en Nicaragua. De esa manera se involucraron.

Uno de los casos más dramáticos es el de Kevin Ismael Davis, quien padece paraplejia por trauma. El estar acostado por mucho tiempo le ha ocasionado llagas en sus glúteos y tiene seis orificios que deben ser limpiados tres veces al día, lo que conlleva costos en insumos médicos.

Víctor Kiath Dixon presenta cromomicosis en el área abdominal, mientras Ismael Dixon, lucha por no perder la única pierna que le queda a causa de la diabetes.

“La falta de medicina, la falta de políticas encaminadas a promover la economía rural, y una de las crisis humanitarias más tristes es el desplazamiento de los indígenas provocada por colonos que valiéndose de ardides se han adueñado de tierras vírgenes para explotar sus recurso y todo en complicidad con las autoridades que hacen caso omiso a los llamados y denuncias”, afirmó Mondragón.

Para Mondragón, la Costa Caribe nicaragüense ha sido olvidada por los gobiernos, situación que ha provocado el estancamiento de la región, pese a su importancia cultural, ambiental, y turística.

“Creamos una red de amigos MODU que apoyan cuando se les convoca. Lo hacemos con recursos propios y conforme a nuestras posibilidades. Haber salido de Nicaragua en busca de oportunidades nos ha ayudado a cambiar la manera de pensar. Hoy nos damos cuenta de que podemos ayudar y provocar cambios. Hemos comprendido la responsabilidad que tenemos como generación y que mejor con ayuda y ejemplo a nuestros hermanos”, precisó.

Mondragón hizo un llamado a otros nicaragüenses dentro y fuera de Nicaragua para apoyar la causa de las comunidades miskitas a través de las redes MODU o la Fundación Wangki Luhpia.

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