CARACAS/ESPECIAL.- El quinto proceso de negociación entre los sectores de oposición venezolana y Nicolás Maduro podrían iniciar en las próximas semanas. No obstante, como ocurrió en los cuatro intentos precedentes Maduro -y los seguidores del chavismo que avalan la negociación- acudirán a este espacio realmente en busca de estabilizarse en el poder, no claudicar.

Cualquier escenario diferente a la estabilización del status quo revolucionario dependerá de la estrategia y unidad opositora, especialmente para evitar que Maduro utilice a la oposición como un factor para lograr estabilidad, pero sin pactar la alternancia en el poder.

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Para el profesor de políticas públicas y planificación estratégica Michel Penfold “el verdadero reto de la negociación ahora lo tiene Noruega: silenciar los micrófonos, obtener concesiones mutuas relevantes que hagan el proceso creíble y hacer que piensen menos en el show mediático y más en lo sustantivo”.

Sin embargo, para Maduro la negociación debe ser pública y rodeada de periodistas; una idea que ha sido descartada por Estados Unidos. Juan Sebastián González, subsecretario de Estado adjunto para Asuntos del hemisferio occidental de Departamento de Estado ha sido enfático al resaltar que, aunque la Casa Blanca apoya una negociación esta debe ser “ser seria, concreta, irreversible y limitada por el tiempo”.

Sobre el rol de la comunidad internacional en este proceso, González ha apuntado: “Lo que podemos hacer es identificar qué pasos concretos se deben tomar para que la comunidad internacional responda levantando la presión o haciendo algo para recompensar o premiar esas decisiones concretas”.

No obstante González ha enviado mensajes claro a ambas partes: “los dos lados van a tener que tragar sapos por el bien del país”.

¿Qué se necesita para que la negociación sea seria? Para el profesor Michael Penfold

Una negociación es seria si las partes “dan concesiones unilaterales previas que hagan ver que están verdaderamente comprometidos en generar un acuerdo y las partes dejan de hacer diplomacia de micrófono para predeterminar resultados”.

Además, sostiene que es indispensable que los aliados internacionales de ambos lados dan señales concretas que están dispuestos a convertirse en garantes frente a cualquier contingencia del proceso y adicionalmente deciden estar invertidos diplomáticamente en la construcción política de la solución”.

De la lista de condiciones de Penfold aún faltan por concretarse aspectos claves como dejar la diplomacia de micrófono, además de concretar el rol de la comunidad internacional como garantes de los acuerdos.

Para Penfold “hay avances”. Sin embargo, considera que todavía “ninguna de las partes quiere terminar de aceptar que la negociación no es una opción, sino que es la única opción verdadera. Si queremos seriedad: falta fortalecer aún más todas estas pre-condiciones”.

Las condiciones de Maduro

La falta de compromiso con el proceso impulsado por Noruega se puede ejemplificar con las exigencias de Maduro para sentarse a negociar: Maduro ha puesto como exigencias previas a la negociación que los líderes opositores reconozcan la Asamblea Nacional (AN) designada en diciembre de 2020, así como los demás poderes públicos, incluyendo al Poder Ejecutivo, al tiempo que exige que los fondos de las instituciones decomisados en el exterior a raíz de las sanciones, sean devueltos, así como los activos Citgo y Monómeros, controlados por juntas directivas ad hoc.

Además, sostiene que es indispensable “el levantamiento inmediato de todas las sanciones y medidas coercitivas unilaterales contra Venezuela”.

En relación con esta última precondición de Maduro para negociar Alejandro Grisanti, ex integrante de la junta ad hoc de Petróleos de Venezuela, sostiene que en el futuro cercano no habrá cambios en el régimen de sanciones hacia Venezuela. “Creo que la renovación de la licencia a Chevron en los mismos términos (muy restrictivos) es un ejemplo de ello. Es necesario que lleguemos a un acuerdo amplio para que levanten las sanciones”.

Una opinión similar mantiene el ex presidente de Fedecámaras Jorge Roig: “Maduro va a abrir la rendijita a cambio de legitimidad (para él y sus poderes públicos) y flexibilización de las sanciones. Pero obtener esas dos cosas le representará un costo y ahí es donde la oposición tiene que ser hábil y estratégica para aprovechar”.

En relación con las posturas ganar-ganar que han marcado las estrategias de los dos bloques en los cuatro intentos previos de negociación, el politólogo Angél Álvarez recuerda que “negocia quien lo necesita y no puede obtener lo que quiere por otras vías; cede el que no puede impedir perder algo; gana quien puede obligar al otro a ceder; acuerdan quienes obtienen lo que pueden no lo que quieren. Negociar no es renunciar al conflicto ni rendirse sin condición”.

Estabilización

Sobre el proceso de negociación el politólogo Ricardo Sucre ha escrito que el “conflicto político venezolano está en un punto muerto. Esta situación produjo una inercia que se estabilizó. Se puede llevar una vida, pero sin un desenlace político definitivo. El país puede estar en esta situación años y décadas, como pasa en otras naciones con conflictos sin solución. La vida sigue. La gente se adapta, aunque eche pestes al régimen. Y se adaptan más rápido en un clima de dolarización”.

Para Sucre -según un análisis publicado por El Cooperante- resulta evidente que “la razón del gobierno para aceptar unas eventuales negociaciones con la oposición es que quiere mantenerse en el poder. Concienció que tiene que enseriarse una vez que es gobierno porque la oposición no es una amenaza al poder (…) Este (en alusión a Maduro) puede tener más confianza en que culminará su mandato en enero de 2025 sin las amenazas que le tocó vivir desde 2014 hasta 2020. Maduro ganó la batalla para quedarse en el poder, pero pierde la guerra para gobernar un país. Está consciente y por eso acepta ir a una mesa con la oposición con sus condiciones, que no son las de un derrotado político, pero sí la de alguien que quiere tener estabilidad”

¿Por qué negocia la oposición? Para Sucre la respuesta a esta interrogante se encuentra en que los adversarios de Maduro necesitan “mantenerse en la arena política. No desaparecer o quedar como un grupo irrelevante, que es el camino que tomó (…) La oposición G4 adoptó una estrategia estática de esperar al quiebre, que lo busca desde 2014 y van 7 años. Pueden pasar 7 años más sin el “quiebre” con un país en peores condiciones, la oposición fuera del poder, y con el riesgo de desaparecer o ser desplazada por nuevas corrientes políticas, impulsadas por el gobierno u opciones originales”.

A la quinta va la vencida

Aunque los cuatro procesos anteriores de negoción con Maduro han fracaso, en esta ocasión algunos analistas creen que los resultados del proceso pudiesen ser diferente porque el cansancio y el agotamiento de la oposición y del gobierno de Maduro pueden llevarlos a acordar un camino que regule las relaciones políticas entre lo que queda del año 2021 y hasta 2024 cuando están previstas nuevas elecciones presidenciales.

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