El autor se encuentra por estos días en Miami, donde presenta sus libros El regreso de Mambrú y El verano en que Dios dormía.

Ángel es una de esas criaturas literarias que permanece en la isla a pesar del silencio y la represión a los que se enfrenta a diario. Como si fueran poco el bochornoso calor, las capas de olvido y suciedad en las calles, y el eco de consignas revolucionarias que llegan a un siglo XXI desgastadas y sin sentido, el escritor debe encarar, también, la mirada punzante de un régimen que, en el fondo, teme a sus palabras.

El hijo que el régimen no quiso

En entrevista con DIARIO LAS AMÉRICAS el autor describió algunos de los momentos más puntuales de su vida, que en cierto modo han resultado ser también su obra: un testimonio de las vejaciones del régimen. La censura y los encarcelamientos demuestran que ser escritor en una dictadura es un camino arriesgado.

El autor ha sido merecedor, entre otros galardones, del premio de cuento de la UNEAC (Unión Nacional de Escritores y Artistas) en 1995, con el libro Sueño de un día de verano; el premio Alejo Carpentier de 2001 con el cuento Los hijos que nadie quiso; el premio Casa de las Américas en 2006 por el libro Dichosos los que lloran (su último libro publicado en Cuba); el premio Internacional Franz Kafka de Novelas de Gaveta, República Checa, 2013, por El verano en que Dios dormía, y el premio de Narrativa Reinaldo Arenas 2016, por su libro El regreso de Mambrú.

Debería ser un orgullo para Cuba, pero el hecho de ser libre, extremadamente libre en una isla donde al que levanta la cabeza se la cortan, provoca incomodidad y tiene consecuencias. Ángel es una especie de fantasma incómodo para una dictadura anquilosada cuya narrativa se ha desteñido con el paso de los años.

¿Cómo sobrevive un escritor, un artista, en medio de un régimen donde se pretende imponer un decreto (Decreto 349, que pide a los artistas tener un permiso oficial para presentarse en lugares públicos o privados) que a todas luces es la continuidad de aquel sentencioso “dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada”, de Fidel Castro?

Los que no están a favor, quedan fuera de las editoriales, de los premios literarios y de los eventos oficialistas. Son perseguidos, vigilados y acosados repetidamente en un intento por silenciar las denuncias que a pesar de todo rebasan el cerco de la censura.

“Los regímenes les temen a los artistas, sobre todo a los escritores, porque llegan a muchas personas. Por eso creo que fue un escarmiento, en el 2008, lo que hicieron conmigo. Dejaron claro lo que pueden hacerle a los artistas si saltan el redil como hice yo. Fui acusado de intento de asesinato, de violación, de robo con fuerza, hasta de tráfico de drogas. Ellos recurren a cualquier cosa. Entonces le temen a las voces de los artistas. Ser escritor en Cuba es un oficio peligroso”, afirmó Santisteban.

“Por eso el 349 es una camisa de fuerza que le están poniendo a los artistas para decir ‘si quieres sobrevivir tienes que ser dócil’. Eso ya estaba desde que Fidel dijo aquello, pero ahora lo han edulcorado para hacerlo una ley oficial. El 349 estuvo siempre, pero ahora quieren ponerlo en la Constitución”, agregó el también miembro del PEN de escritores en Suecia.

En ese sentido, recordó que “esta desesperación es un síntoma de los estertores finales del régimen. Estaba hablando hace días con analistas venezolanos que decían que la corrupción en Venezuela iba a deteriorar más al régimen. Y creo que asfixiando a Venezuela ya Cuba no soportaría un segundo periodo especial y definitivamente creo que dos, tres años sería lo máximo. Por lo menos es mi afán. Creo que poner a este títere de Díaz-Canel es un paso desesperado tratando de demostrar al mundo otra cosa. Tienen que entregar el poder, sé que no lo van a hacer con facilidad, así que creo que va a ser con presión internacional”, comentó.

La cárcel doble

El escritor confiesa que encontró en la cárcel la necesidad de escribir. Como si no bastara vivir con “la maldita circunstancia del agua por todas partes”, en palabras de Virgilio Piñera (escritor cubano víctima del ostracismo por parte del régimen por sus ideas y abierta homosexualidad), con apenas 17 años conoció una de las prisiones más oscuras de la isla y con un gran historial de fusilamientos, la Fortaleza de la Cabaña, en La Habana. Los últimos meses de prisión tuvo que hacer trabajos de construcción en Micro X, una urbanización del distrito Alamar, en el este de La Habana.

“A los 17 años fue mi primera prisión por acompañar a mi familia a la costa, en 1984”, relató. Sus familiares abandonaron el país en una lancha pero fueron interceptados en alta mar y devueltos al país, donde enfrentaron años de cárcel. A él lo acusaron por complicidad y estuvo preso por 14 meses.

“Había cientos de menores en La Cabaña, con violaciones, abusos y robos entre los presos y los militares. Pienso que si Dios existe me mandó allí. No tengo nada de qué avergonzarme. Al contrario, todo lo que vi me fortaleció. Yo miro la prisión como una escuela, un estudio, un doctorado. Gracias a eso encontré mi vocación y comencé a escribir. Eso me hacía escapar de esa realidad, que era muy baja”, confesó el autor.

Luego, en el año 2013, fue apresado tras acusaciones por “violencia doméstica” con una condena de cinco años de prisión, de los cuales solo estuvo recluido dos años y medio gracias a la atención que atrajo su caso debido a presiones internacionales. Salió de la cárcel el 17 de julio de 2015.

“Con esta segunda prisión yo decía que era una escuela al campo. En la primera había abusos de oficiales y mano de obra esclava. Pero ahora ya no existen esos abusos tan profundos. Además, la segunda vez entré con una mirada de escritor. Ya no era ingenuo, entré buscando historias, con ese forzado periodista que me obligaba a hacer denuncias. Eran momentos en los que Cuba estaba siendo analizada en Bruselas sobre derechos humanos. Yo escribía muchas denuncias y según me dijeron después usaron esos textos”, afirmó.

“Tenía alrededor mío una red de presos comunes que a cambio de dádivas como visitas, pabellones o rebajas a condenas estaban vigilantes. Les daban premios sin conseguían información sobre cómo yo sacaba las denuncias de la cárcel”, agregó el escritor.

Sobre el modo en que sorteaba las estrategias dentro del penal para impedir su contacto con el exterior, señaló el apoyo de presos masones al igual que él, quienes le ayudaban a sacar sus denuncias. “Uno que estaba conmigo se lo llevaba a otro del salón del público, que se lo daba a uno de la enfermería, que a su vez se lo entregaba a otro que trabajaba en el taller de mecánica, que tenía acceso a la calle. Ahí hacían contacto con mis familiares, que recogían mis denuncias y les daban materiales impresos con información y así yo me enteraba de lo que estaba pasando afuera”, detalló.

“En otra ocasión cuando estaba en una unidad militar, me pasaban las cosas por un hueco que daba a una especie de fosa, eso me lo envolvían en un nylon y yo lo sacaba con un palo de escoba”, añadió Ángel.

“En la prisión me trataban como a un preso político. De hecho, los oficiales de la prisión no tenían autoridad sobre mí. Me decían ‘tú eres del Departamento 21, cualquier cosa contigo hay que informarles a ellos, nosotros nada más estamos aquí para vigilarte’. Me lo dejaban bien claro. Mi tarjeta decía CR, de contrarrevolución”, dijo el autor.

Como describe Santiesteban, el Departamento 21 es el encargado de “atender a la contrarrevolución” y realizar sistemáticas acciones de represión hacia los disidentes que optan por quedarse en la isla. La Seguridad del Estado y la Policía Política son factores constantes en la vida del escritor, que ya se ha “acostumbrado a las presiones y los chantajes” y no deja de hacer eso que lo define: escribir, reportar la realidad desde Cuba.

Presentación

Sus libros El regreso de Mambrú y El verano en que Dios dormía se presentan este viernes 30 de noviembre en el Miami Hispanic Cultural Arts Center en un evento organizado por el PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio y Viernes de Tertulia. La editora y periodista Nancy Pérez Crespo y los escritores José Antonio Albertini y Luis de la Paz darán las palabras de bienvenida.

Sobre El regreso de Mambrú, uno de los libros que se presentarán este viernes, el autor dijo que “es una especie de continuación de Sur: latitud 13, sobre el encuentro directo de los cubanos con el sufrimiento, la otra cara de la moneda de la guerra de Angola, un libro que sufrió bastante censura en Cuba. De hecho, en 1992, me anunciaron que era el Premio Casa de las Américas. Abilio Estévez era jurado en ese momento y contaba cómo la Seguridad del Estado lo llamó para decirle que no me podían dar el premio. Son historias de estos soldados que regresaron a Cuba. A muchos me los encontré en la prisión como presos comunes y me contaron sus historias”.

No es un secreto para el cubano de a pie que la guerra en Angola tuvo un traumático efecto en los jóvenes que se vieron obligados a subirse a unos camiones y posteriormente volar a la nación africana. Los que no murieron, regresaron muertos de algún modo, mutilados física y mentalmente.

Ese “síndrome de la guerra pos africana” al que se refirió el también escritor cubano Amir Valle, ha sido una línea constante en la obra de Santiesteban y una piedra en el zapato del régimen, que como en muchas ocasiones, ha insistido en borrar algunas páginas de la Historia de Cuba para suplantarla con su versión más conveniente.

Por su parte, El verano en que Dios dormía, premio Franz Kafka de Novelas de Gaveta en 2013, se basa en la desesperación de los balseros cubanos en los años 90. Un grupo de balseros son atrapados en alta mar y llevados a la Base de Guantánamo, desde donde tendrán que atravesar una serie de situaciones arriesgadas.

Tras la presentación (que se transmitirá en vivo) Santiesteban responderá a preguntas de los asistentes.

Miami Hispanic Cultural Arts Center. 111 SW 5ta. Ave., Miami Fl, 33130.

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