lunes 5  de  diciembre 2022
TURISMO

Barcelona, "la ciudad de los prodigios"

Barcelona es el monasterio de Montserrat pero también el Camp Nou, estadio del Barça. Muchos concuerdan en que esta urbe lo tiene todo, o casi todo

Por ANIA LISTE 10 de febrero de 2017 - 21:00

“Barcelona acoge a demasiados visitantes”. Es la opinión recogida en una reciente encuesta sobre la actividad turística de la ciudad. El 58% de los 6.000 consultados dijo que en Barcelona hay masificación para acceder a los lugares turísticos más emblemáticos. Asimismo casi el 40% expresó que los precios de la capital catalana son demasiado elevados en relación a la calidad que se ofrece, algo en lo que el 39.2% no está de acuerdo.

La Ciudad Condal es reconocida en Europa por su belleza arquitectónica.

Quienes llegan a Barcelona no dejan entonces de recorrer la Sagrada Familia, la Casa Batlló, la Casa Amatller, la Pedrera, el Arco de Triunfo, el monumento a Colón al final de las Ramblas, la torre Agbar, la Catedral, la Basílica de Santa María del Mar, el Palau de la Música, los mercados de la Boquería, de Sant Antoni y de Santa Caterina, la Plaza Real, la Plaza Sant Jaume o el Park Güell.

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Mercado de Santa Caterina.
Mercado de Santa Caterina.

Barcelona es una ciudad comodísima para caminar. Del mar a la montaña, o viceversa. Puede comenzar por el distrito de Sarrià-Sant Gervasi, situado al pie del parque de Collserola, el pulmón verde más importante de la ciudad; o por el contrario, iniciar un día de paseo en la Barceloneta, el barrio de pescadores que antaño quedaba fuera de la ciudad amurallada.

Y también hay más de uno que llega a la urbe y sigue una ruta que se ha trazado previamente siguiendo huellas literarias. En este caso hay para escoger: Esperadme en el cielo, de Maruja Torres; La ciudad de los prodigios, de Eduardo Mendoza; Últimas tardes con Teresa, de Juan Marsé; La plaza del Diamante, de Mercè Rodoreda; más recientemente la saga de Carlos Ruiz Zafón nacida con La sombra del viento y que finaliza con El laberinto de los espíritus; o La Catedral del Mar, de Ildefonso Falcones.

Desde Diario Las Américas le sugerimos un acercamiento próximo: algunos de los sitios predilectos de alguien que vivió en Barcelona durante 14 años. El trayecto comienza en el Raval (o Barrio Chino). Allí está Sant Pau del Camp, una iglesia románica. No se puede perder el claustro de arcos polilobulados, y las decoraciones de los capiteles. Hay dos notables: Adán y Eva al lado del árbol y la serpiente del pecado; y la segunda, una mujer atormentada por dos sapos que le devoran los senos.

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Sant Pau del Camp, iglesia románica.
Sant Pau del Camp, iglesia románica.

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Claustro de Sant Pau del Camp.
Claustro de Sant Pau del Camp.

También en el Raval está la Biblioteca Nacional de Cataluña. Además de su fondo patrimonial, está ubicada en un edificio de gran interés histórico como es el antiguo Hospital de la Santa Creu. El encanto de los jardines de la Biblioteca más el ambiente estudiantil te aproxima a la manera de ser de los catalanes.

Nos desplazamos ahora hacia el Hospital de Sant Pau, proyectado por Lluís Domènech i Montaner, uno de los más reconocidos representantes de la arquitectura modernista. Cada pabellón de Sant Pau, en el Eixample barcelonés, es una obra de arte.

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Pabellones del Hospital de Sant Pau.
Pabellones del Hospital de Sant Pau.

La siguiente parada que recomendamos es el Parque del Laberinto de Horta. Un mundo de cipreses. El Laberinto se ubica en los terrenos de una finca del marqués de Llupià, de Poal i d’Alfarràs, hombre muy ilustrado del siglo XVIII que encargó la obra al italiano Domenico Bagutti. Es un parque que nació neoclásico y quien lo terminó se decantó más por el estilo romántico.

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Parque del Laberinto de Horta.
Parque del Laberinto de Horta.

Para quienes viajan a Barcelona desde Estados Unidos, les encantará ver otro tipo de mall. El propagado espíritu antitaurino de los catalanes se refuerza con una plaza, Las Arenas, transmutada en centro comercial. El mirador de este mall, al lado de Plaza España, en medio de la Gran Vía de las Cortes Catalanas, y desde donde se ve perfectamente el Templo del Sagrado Corazón, en el Tibidabo, es un portento.

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Centro Comercial Arenas de Barcelona.
Centro Comercial Arenas de Barcelona.

Els Quatre Gats es destino obligado si se ama la pintura. Frecuentada por Picasso, esta taberna fue inaugurada el 12 de junio de 1897. Intentaba imitar el estilo del cabaret Le Chat Noir, de París.

El poeta nicaragüense Rubén Darío, quien alternaba en Els Quatre Gats, dijo que era algo más que un “remedo del chat noir”, porque si no, no se habría convertido en un lugar legendario. En las paredes de la taberna cuelgan muchos retratos. El aroma de lo bohemio.

Los turistas apegados a conocer los barrios más representativos de Barcelona, no dejen de acercarse a Gracia y la Barceloneta. Si lo hacen en metro, las paradas son Fontana y Barceloneta. Y a perderse en callejuelas.

El barrio de Gracia está superpoblado de artistas y gente liberal. Pero a la vez tiene una numerosa población de ancianos, que han vivido toda la vida en la misma casa. Siéntese en una plaza de Gracia al atardecer y conocerá verdaderamente a los catalanes. Al final de la noche podría sorprenderse de con cuántos prejuicios absurdos llegó a la ciudad.

La Barceloneta merece capítulo aparte. Los que han vivido allí toda su vida, todavía exclaman: “esta tarde tengo que ir a Barcelona”. Por aquello de que antes de la segunda mitad del siglo XIX, la Barceloneta quedaba fuera de las murallas medievales. Los habitantes del barrio muestran, sin incomodidad, el orgullo de ser de allí.

Probablemente sea el único espacio de la Ciudad Condal donde las puertas permanecen abiertas, sin temor alguno, y está permitido tender en los balcones. La Barceloneta, por instantes, sigue pareciendo un oasis dentro de la agitación de la gran urbe. Quizás sea la cercanía del mar o la sabiduría de los pescadores de toda la vida. Ellos ya estaban ahí, hace mucho, cuando Barcelona se fue transformando en el enclave turístico que es hoy.

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Balcones en una calle de la Barceloneta.
Balcones en una calle de la Barceloneta.

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