MIAMI— “Eusebio es un gato al que no le gustan los pelos. Y que a un gato no le gusten los pelos es algo realmente ¡INCREÍBLE!”. O esto es lo que nos cuentan al comienzo de El gato que no quería tener pelo, publicado a principios de este año por Picarona, sello infantil de la Editorial Obelisco. El protagonista es un gato azul, pero no triste, sino más bien obsesionado con una idea.

Y en realidad despierta una pregunta interesante. Todos sabemos lo aficionados que son los gatos a mantenerse aseados. Los que más y los que menos, dedican una porción de su tiempo a eliminar cualquier rastro de olor de su pelaje antes de dormir. Un comportamiento propio de unos depredadores, que quieren asegurarse que ni presas ni competidores puedan olerlos, y que los felinos domésticos aún conservan. E incluso algunos gatos, en el colmo de la conservación de hábitos propios de felinos silvestres, intentan cubrir con tierra, real o imaginaria, sus cacharros de comida cuando han terminado de comer.

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¿Querría un tigre o un león perder el pelo que les protege de parásitos, del sol, y de extremos climáticos? Ciertamente no. Pero ¿qué pensarán los gatos, estos domésticos señores feudales? Eusebio el gato nos ofrece su opinión en un relato perfecto para leer a los más jóvenes.

Una obra con muchas lecturas: también ayuda a reflexionar sobre lo que pasa cuando nos empeñamos en ir contra la naturaleza. El gato Eusebio y su obstinada idea de no tener pelo es un ejemplo divertido de lo que puede ocurrir cuando tenemos ideas alocadas.

Este libro, escrito por Séverine de la Croix y Anthony Signol, cuenta con divertidas ilustraciones de Pauline Roland, quien también realiza películas de animación.

¿Quiénes son los autores? De la Croix es autora de libros juveniles, cómics para jóvenes, novelas y libros prácticos. Su amor por la vida, la naturaleza y los encuentros, dice la nota editorial, le inspira historias llenas de sentido del humor y de ternura. Signol es descrito como hiperactivo, el niño eterno al que le gustaría vivir en un país imaginario junto a Peter Pan. Su lema es “no os hagáis mayores, es un rollo”. Además, es un defensor del planeta y de los animales (que él no come). Vive con su gato Mushu.

Vale mencionar que dentro de esta serie hay otros títulos, de los mismos autores e ilustradora, que bien se pueden sumar al equipo: La gallina que no quería poner huevos, y El dragón que no quería escupir fuego.

En las llamativas ilustraciones de Roland, Eusebio pondrá en práctica una larga lista de ideas calamitosas con el fin de quedarse total, completa e irremediablemente calvo. Sí, como si fuera un gato de raza Sphynx, uno de esos felinos que carecen de pelo por una mutación genética. Al contrario de lo que se suele pensar, esta mutación no es ocasionada por el ser humano, sino que ocurre de forma natural. Así, se encuentran representaciones de gatos sin pelo o desnudos que aparecieron en el mundo azteca, en distintos grabados precolombinos. La existencia del gato sin pelo data del antiguo Egipto, donde quizás fueron seleccionados y mantenidos los primeros animales de este original grupo al que el gato Eusebio desea unirse con gran obstinación.

Eusebio es muy presumido, y se toma el momento del aseo personal, al igual que todo gato, muy pero que muy en serio. Lo que Eusebio no disfruta es que el pelo se le quede atascado en la lengua o en la garganta. Las bolas de pelo en el estómago son molestas, y tampoco resulta divertido quitarse los mechones azules de su larga lengua. Por este motivo, Eusebio suele estar malencarado. Hasta que una desgraciada casualidad altera su mundo. Sucede cuando intenta robarle a Teo, su compañero humano, el sándwich de jamón que siempre merienda. En la maniobra, la cola se le queda pegada a un chicle bajo la mesa. Y cuando Teo le ayuda a despegarse de la mesa, pierde parte del pelo de la cola.

Lo que hubiera sido una desgracia es el inicio de una idea para este gato tan tozudo. Si se quedara sin pelo todo sería más sencillo, más rápido, menos incómodo. Y él sería un gato elegante, que podría sentir el frescor del viento en su piel, y con montones de tiempo para dedicarlo a otras actividades.

Los niños podrán disfrutar de ilustrativos dibujos en los que Pauline Roland representa las diversas formas en las que Eusebio buscará con empeño quedarse sin pelo. Y una cosa es segura, aún sin un solo pelo en el cuerpo, este gato habrá de conservar su agudo ingenio.

Sin embargo, como moraleja, el gato habrá de arrepentirse del tesón demostrado al llegar el invierno. ¡Qué buen uso hubiera hecho Eusebio entonces de su grueso abrigo de pelo! ¡Miau!

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