viernes 20  de  febrero 2026
FÚTBOL

De la pasión por el fútbol al periodismo deportivo, Camilo Pérez reflexiona sobre su rol como comunicador

La historia de Pérez confirma algo simple: la pasión, cuando se trabaja con disciplina, puede convertirse en profesión

Por Alexandra Sucre

MIAMI.- A los 10 años, mientras otros niños soñaban con ser futbolistas, Camilo Pérez ya imaginaba alineaciones, memorizaba estadísticas y escribía sobre partidos que solo existían en su cabeza. El fútbol no era un pasatiempo: era su forma de entender el mundo. Si algo salía mal en la vida, pensaba en el You’ll Never Walk Alone del Liverpool. Para él, esa canción resumía una idea que aún lo acompaña: nunca se camina solo. Siempre hay algo o alguien que empuja hacia adelante.

Esa convicción temprana no fue una etapa. Fue el punto de partida de una carrera que hoy supera la década en el periodismo deportivo colombiano. En el colegio ya se sabía de memoria los campeones del mundo desde 1930, los medallistas olímpicos y las hazañas que marcaron época. Sus conversaciones giraban en torno al deporte. Amigos y familiares acudían a él para confirmar un dato o discutir un resultado. Pero su compromiso con el fútbol alcanzó otro nivel en 2002, durante el Mundial de Japón y Corea.

Faltaban dos años para graduarse cuando decidió escribirle una carta al rector de su colegio pidiendo permiso para entrar a las 11 de la mañana durante el mes del torneo. Los partidos se jugaban de madrugada en Colombia y no estaba dispuesto a perdérselos. La respuesta fue negativa. “Eso no sirve para nada”, le dijeron. Él pensaba lo contrario. Con el respaldo de su madre, asumió las consecuencias: llegó tarde durante semanas, estuvo bajo observación y rozó la expulsión. Años después, aquello que 'no servía para nada' se convertiría en su sustento y en el motivo para recorrer el mundo.

Al terminar el colegio aún no tenía claro qué estudiar. Un hermano le habló de un curso breve para comentaristas y locutores deportivos. Allí conoció a Javier Hernández Bonnet. Se acercó con una petición sencilla: quería observar cómo se hacía radio, sin estorbar. Contra todo pronóstico, recibió un sí. Ahorro en mano, llegó un sábado al estadio, cargó cables y entró por primera vez a un camerino profesional. La experiencia fue reveladora. Días después recibió una invitación inesperada: hacer prácticas en Caracol Televisión.

Ese gesto marcó el inicio formal de su carrera. Mientras estudiaba en la universidad, aprendió desde adentro el funcionamiento de un noticiero y se enfocó en el área deportiva. Luego pasó al noticiero CM&, donde durante cuatro años se formó en el oficio: escribir para televisión, entrevistar, leer con precisión, sostener un en vivo. Fue allí donde entendió que el periodismo, incluso el deportivo, exige método, rigor y respeto por la información.

Ascenso

El salto llegó tras un casting multitudinario para convertirse en talento de ESPN. Lo ganó entre más de 150 aspirantes. Ese fue el momento en que su especialización se consolidó. Si bien el fútbol seguía siendo su fuerte, amplió su conocimiento a disciplinas como el tenis, el atletismo y el ciclismo. Cubrió Juegos Olímpicos, Premier League, Copa del Rey, Giro de Italia y Vuelta a España, entre otros grandes eventos. La pasión se transformó en experiencia internacional.

Aunque domina varios escenarios, el fútbol sigue siendo su territorio natural. Suma casi dos décadas comentando y presentando este deporte. El ciclismo ocupa un segundo lugar cercano. Sin embargo, más allá de la disciplina, su mayor fortaleza está en el directo. Ha conducido noticieros de cuatro y cinco horas, transmisiones olímpicas de hasta doce horas continuas y coberturas de última hora sin guion previo.

Uno de esos momentos definió su carácter profesional. El día que murió el arquero Miguel Calero, recibió la orden de ir de inmediato al set sin mayor información. Mientras le acomodaban el micrófono y lo maquillaban, aún preguntaba qué había ocurrido. Solo segundos antes de salir al aire entendió la magnitud de la noticia. Escuchó en el auricular: “Estamos en vivo”. Durante tres horas condujo la transmisión apoyado en su memoria, su conocimiento y la capacidad de improvisar con fundamento.

Esa espontaneidad, sumada a la tranquilidad frente a la cámara y una memoria entrenada desde la infancia, es lo que hoy lo distingue. Camilo Pérez no improvisa por azar. Improvisa porque ha estudiado, porque ha vivido el deporte desde niño y porque convirtió una obsesión temprana en un proyecto de vida.

Más de una década después de aquella carta al rector, su historia confirma algo simple: la pasión, cuando se trabaja con disciplina, puede convertirse en profesión y en su caso, en una voz reconocida del periodismo deportivo colombiano que trabaja con pasión y amor por un oficio, el de comunicar.

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