MIAMI.- Visitar el país helénico, con Atenas por capital, deja al viajero con deseos de volver. La cuna de Occidente, donde se hizo teatro y se habló de derechos, filosofía y democracia, tiene mucho más que la gran Acrópolis. Por ello, tratemos de echar un vistazo a esta ciudad milenaria que descansa en el corazón del Mediterráneo.

Los griegos llaman al país Hellás o Ellada y su nombre oficial es República Helénica, pero en español se le conoce como Grecia.

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Atenas no es la típica ciudad europea con palacios renacentistas y avenidas voluminosas, pero cuenta con más de 3.400 años de historia y ostenta uno de los sitios arqueológicos más ricos del planeta.

Bastaría andar por la calle Ermou y contemplar la imagen del complejo arquitectónico Acrópolis, en lo alto de una inmensa colina de roca caliza, con su omnipotente Partenón que parece vigilar y proteger la urbe griega.

Cuentan los arqueólogos que la colina estuvo habitada desde el cuarto milenio a. C. y según los historiadores fue Periples, el gran ciudadano ateniense, quien coordinó la construcción de edificios a mediados del siglo V a. C.

Anímese y suba a la cima de la gran colina. Disfrute la presencia de inmensas columnas dóricas que soportan aún el paso de los años.

Allí está el Erecteón, el templo que fue erigido en honor a los dioses Atenea Polias, Poseidón y Erecteo, con la célebre tribuna de las Cariátides, que indicaba la tumba del mítico rey Cécrope.

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Protegida como ninguna otra reliquia arqueológica, la Acrópolis es donde prácticamente la civilización occidental comenzó.

En la llamada Colina de la Democracia perdura aún la explanada y la tribuna de piedra en las que los griegos aplicaron la regla del voto para solucionar problemas de la sociedad.

Hay incluso representaciones dramatizadas que tratan de reconstruir escenas milenarias, desde juicios y plenos políticos hasta lecturas filosóficas que recuerdan al gran pensador Aristóteles.

En la calle Dionysiou Areopagitou, que bordea la inmensa colina, está la moderna edificación que guarda el Museo de la Acrópolis. Allí, sin más preámbulo, protegen y muestran todo lo que pudieron rescatar del lugar tras la salida de los turcos en 1833.

Calle abajo

Cerca del museo se agolpan vendedores ambulantes y artistas callejeros que sirven de preámbulo a la entrada del barrio Plaka, con sus calles laberínticas, en muchos casos estrechas, donde abundan las tiendas, las tabernas y los restaurantes.

Unos pasos más y llegamos al Antiguo Ágora, en el corazón de Atenas. Es un lugar donde yacen las ruinas de lo que fue el centro de Atenas en algún tiempo. La entrada está incluida como parte de su boleto a la Acrópolis. Sin embargo, pocos son los que visitan la atracción histórica más famosa de la ciudad y luego acuden a este lugar, que alguna vez fue el epicentro de la vida política, cultural, social y religiosa en Atenas.

Seguimos y llegamos a Monastiraki, que es otro extraordinario barrio antiguo con tiendas, tabernas y restaurantes.

Desde la esplanada, que todos llaman Plaza Monastiraki, se aprecia una vista sinigual de la Acrópolis. Es un lugar imprescindible para visitar porque es el sitio predilecto por todos, jóvenes y menos jóvenes, que acuden a los café y restaurantes terrazas a comer, beber y conversar.

El bus

La manera más económica de pasear por Atenas es optando por el bus turístico. Por 29 euros, nueve si es menor de 15 años, recorre las calles y lugares más emblemáticos de la ciudad.

Puede bajarse del autobús en las paradas indicadas, andar y pasear por el lugar y volver a subir a él para continuar la ruta.

De esta manera, puede visitar el Templo de Zeus, el antiguo Estadio Olímpico, la amplia avenida Panepistimiou con sus edificaciones que replican la arquitectura clásica griega y la plaza Omonia que sirve de antesala a sectores más populares de la ciudad.

Si elige bajarse en la parada número siete, en la calle Vassilissis Sofias, podrá visitar el lugar donde estuvo el Liceo de Aristóteles, donde las ruinas recuerdan la presencia del sabio que vivió en el siglo IV a.C.

Comer

La cocina griega cuenta en Atenas con una amplia gama de platos repletos de sabores, carnes y verduras. Más allá del popular gyro con pita y la indiscutible musaca, están los pinchos de cerdo o cordero, los estofados o berenjenas rellenas de res que complacen el paladar más exigente.

Precisamente en Plaza Monastiraki, en la que los precios suelen ser asequibles, abunda la cocina griega y buena.

El vino griego, al que prácticamente debemos la gran oferta de tintos y blancos que disfrutamos hoy, suele tener una textura y sabor diferente al español, el francés o el italiano, pero en ausencia de alguno que complazca su gusto recomendamos una fría cerveza nacional, que hay varias.

Si le gusta el queso, para desayunar o merendar, no olvide probar los pasteles de feta. Los recordará.

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