MIAMI.- Cuando Leslie Pantin habla de los Kiwanis de la Pequeña Habana, su voz lleva el peso y el orgullo de medio siglo de servicio comunitario. Habla despacio, como quien recorre un álbum de memorias: rostros, anécdotas, luchas, victorias. Porque este club, nacido en 1975 de la visión de inmigrantes cubanos decididos a reconstruir comunidad lejos de su patria, se convirtió, sin buscar protagonismo, en uno de los pilares más sólidos del Miami moderno.
“Aquí estamos, 50 años después, haciendo lo mismo que quisimos desde el principio: ayudar a nuestra comunidad”, dijo a DIARIO LAS AMÉRICAS Leslie Pantin, fundador del club y una de las figuras más influyentes en la transformación social de la Pequeña Habana.
Un legado desde el exilo
Leslie Pantin llegó a Estados Unidos en la década del 60, siendo solo un niño. “Vinimos pensando que íbamos a regresar a Cuba en seis meses. Trajimos hasta bicicletas y un ventilador. No fue tan dramático como lo que vivieron millones de compatriotas, pero fue un cambio enorme”, recordó.
Su padre, un cubano trabajador que había estudiado en Miami en los años 30, fue uno de los primeros en involucrarse en la vida cívica de la ciudad. Y cuando le pidieron fundar un club Kiwanis, decidió delegarle la tarea a su hijo de 26 años.
“Mi padre me dijo que yo lo hiciera. Reclutamos a 30 socios… casi no llegamos a completar la lista el día de la primera reunión, pero lo logramos”.
Y así nació el Club Kiwanis de la Pequeña Habana, con el enfoque claro de que la organización no sería solo un espacio para almorzar o hacer networking, como ocurría tradicionalmente.
“Decidimos que no íbamos a ser un club más. Íbamos a hacer algo que de verdad ayudara a la comunidad, y lo logramos”.
50 años cambiando vidas
Uno de los primeros proyectos del Club Kiwanis fue un desafío humanitario: la operación de un joven llamado Manolito López. “Le pudimos implantar un marcapasos. Eso le cambió la vida y hasta hizo carrera como umpire de pelota”.
Ahí comenzó la tradición de proyectos que con el tiempo se multiplicaron, como la liga de baloncesto para jóvenes de bajos recursos. “Muchachos de 12 y 13 años pasaban los sábados con nosotros, aprendiendo disciplina, deporte, y viendo ejemplo de cómo se puede triunfar en Estados Unidos”, recordó.
También Leslie Pantin destaca la liga de fútbol soccer, un espacio seguro para cientos de niños que no podían pagar academias privadas. Y, por supuesto, la entrega de más de 500 becas universitarias. Un esfuerzo que sigue en aumento.
“Me paran en la calle adultos que me dicen: ‘Los Kiwanis me dieron una beca y gracias a eso hoy soy abogado, contador, médico’. Eso es lo más lindo que uno puede oír”, dijo Pantin, quien también destaca la escuela charter tecnológica que la organización abrió en Little Havana, y que destaca por enseñar computación, robótica y otras habilidades necesarias para el éxito profesional.
“También quisiera recordar nuestras campañas de regreso a clase, y es que una mochila es importantísima para un niño de 8, 9, 10 años. No todos pueden comprarla, así que nosotros se las damos. También costeamos campamentos de verano con chequeos médicos para familias que no cuentan con cobertura o recursos, entre otras decenas de iniciativas”.
Calle Ocho y Carnaval Miami
Si hay un evento que convirtió a Kiwanis en símbolo cultural de Miami, es el Festival de la Calle Ocho. Pero su nacimiento fue un vía crucis, recordó Leslie Pantin.
“Los burócratas decían que no se podía cerrar la calle, que no teníamos recursos para hacer eso, que era imposible. Sin embargo, el alcalde de Miami, Maurice Ferré, nos apoyó. Pero aún así, el primer año fue duro. Perdimos miles de dólares (risas). Pero al año siguiente los fondos turísticos pidieron expandirlo, y así nació Carnaval Miami, dos fines de semana completos de eventos, concursos, carreras y música”, reveló.
“Muchas organizaciones que empezaron como los Kiwanis ya no existen. La nuestra sigue fuerte”, agregó emocionado.
La fuerza del club
Leslie Pantin tiene claro cuál ha sido el secreto del éxito: “Los héroes son los socios. Los voluntarios. Tenemos casi 200 miembros. No tenemos que buscarlos: vienen ellos solos. Hijos, hermanos, primos de otros miembros”.
Incluso la estructura interna se diseñó para evitar caudillismos, aseguró: “Los presidentes solo pueden reelegirse una vez. Así aseguramos continuidad y renovación. Por eso estamos aquí 50 años después”.
Por otra parte, Pantin destaca que el club empezó siendo solo de hombres, pero hoy muchas de las líderes más activas son mujeres. Y aunque la mayoría de los socios ya no reside en la Pequeña Habana, el barrio sigue siendo el corazón del club.
“La Pequeña Habana fue donde los cubanos empezaron otra vez su vida. No es importante solo físicamente… es importante en el alma”.
El edificio del club, ubicado en la 1400 SW y la primera calle, está frente al lugar donde estuvo la oficina de los Pantin cuando llegaron al exilio.
“La Pequeña Habana nos dio la primera oportunidad. Y el mejor ejemplo del triunfo cubano es comparar La Habana, en ruinas, con lo que es Miami hoy… Si miras el litoral de Miami, muchos de esos edificios grandes los hicieron cubanos. Incluido el primer rascacielos grande de la ciudad, diseñado por Henry Gutiérrez”, dijo.
Los próximos 50 años
Para Leslie Pantin, el sueño ya se cumplió… pero quiere más. “Se han cumplido mis anhelos y mucho más. Solo espero que dure 50 años más. Y que sigan participando los hijos de nuestros amigos, y ahora también las hijas. Eso es lo lindo”.
Los Kiwanis de la Pequeña Habana no solo han organizado festivales, han transformado vidas, y educado comunidades. Y lo han hecho durante 50 años con una disciplina casi familiar, impulsados por un barrio que simboliza la resistencia y la esperanza de una comunidad inmigrante que convirtió la adversidad en progreso.
Si desea saber más de los Kiwanis y sus proyectos, visite el perfil en Instagram @kiwanisoflittlehavana