MIAMI.- Si sentimos lo que decimos, escucharán lo que queremos es un libro del comunicador social, consultor y escritor venezolano Miguel Zambrano, que trata del uso correcto del habla, pero también de la motivación como fundamento para ser más efectivo al momento de comunicarnos.

Zambrano visitó la redacción de DIARIO LAS AMÉRICAS para dar a conocer detalles de su obra y comentó que el texto está escrito para todo tipo de personas, con anécdotas personales que lo enriquecen y le dan al lector la oportunidad de entender que las emociones y las experiencias juegan un rol importante al momento de hablar en público.

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Además de infinidad de consejos para cada día expresarse mejor, el autor reconoce que “lo mal” que hablan los miembros de su familia de la zona Andina venezolana, entre ellos sus padres, motivó su deseo de escribir este el que es su primer libro.

¿Este es un libro destinado exclusivamente a miembros de la prensa o para todo tipo de público?

Este libro lo escribí con el interés de que cualquier persona lo pueda leer, un periodista, un policía, un gerente, el portero de un hotel porque la oratoria es el arte de hablar con elocuencia y todos tenemos esa capacidad y solo hay que desarrollarla. El texto contiene técnicas fáciles de entender y, como me dijeron en la editorial cuando lo leyeron por primera vez, parece que le estuviera hablando al lector, lo que quiere decir es que el lector puede sentir que le están leyendo el libro.

¿Cuáles son los principales aspectos del libro?

Al principio habla de oratoria y sus distintas ramas para que la gente pueda entender la importancia de comunicarse de forma efectiva. Luego vamos a lo básico: cómo superar el miedo escénico con anécdotas propias que me llevaron a superar ese temor. También se refiere al lenguaje corporal y su importancia y a la dicción, que para mí es un capítulo muy importante. Los latinoamericanos tendemos a comernos o agregar palabras y sonidos. Mi familia es de Mérida, en la zona Andina de Venezuela, como Boyacá en Colombia, que es una parte donde la educación no tiene tanto acceso. Mis padres, desde mi punto de vista, hablan mal, pero ellos sienten y creen que hablan bien. Con este libro quise crear una analogía para que la gente entienda que no podemos juzgar a otras personas por hablar mal según un criterio personal.

¿El caso de tus padres sirvió de inspiración para escribir el libro?

Por supuesto. Mi papá tiene sexto grado, vive en Caracas, a donde llegó a los 14 años y sigue hablando igual de mal. Entonces, yo tenía ese espejo constante en casa, con palabras como 'hubieron', 'estábanos', 'fuistes' o 'vinistes', 'llegastes'. Al estudiar Comunicación Social Periodismo tuve una gran oportunidad de ver eso como un motivo de superación y ejemplo para los demás. Este no solamente es un libro, sino una serie de conferencia, talleres y prácticamente un estilo de vida o una marca personal que yo utilizo para conectar y enseñar a los demás.

¿Podría ser éste un libro útil para estudiantes y quienes comienzan en el mundo del periodismo?

Así es. En él pueden encontrar temas como la ética, que debe ser una conducta apropiada al momento de comunicar porque la palabra es poder, y hay gente que lamentablemente a través de las redes sociales o medios convencionales utilizan ese poder para destruir, desunir y generar caos, y la comunicación y la palabra nacieron para motivar, transformar e influir. Es un libro que tiene de todo un poco y siento que las nuevas generaciones tienen que tomar en cuenta que una persona apenas logra un título, de algún modo se vuelve en un arma o una herramienta. Se puede ver de buena manera o de mala manera. Allí van a descubrir qué tan importante es comunicarnos y cómo deberíamos comunicarnos.

¿Cuál es su experiencia personal con el miedo escénico?

El miedo escénico es válido sentirlo y, además, es sabroso sentirlo. Quien no lo sienta es porque está muerto y si no lo sientes pierdes el miedo a equivocarte o incluso el respeto a la gente. Si no tienes miedo les dices cualquier cosa a las personas. Mi anécdota con el miedo escénico fue probablemente de las más graciosas. Yo trabajaba en radio en Mérida, una ciudad del interior del país en Venezuela y en cabina me sentía muy bien, pero cuando me dijeron por primera vez a los 18 años que tenía que animar en una tarima en una fiesta tradicional frente a 1.500 personas, cuando fui a decir la primera palabra me temblaban las piernas, sudé, gagueé y casi que me desmayo. En ese momento me dije que ésto no es un juego. Allí entendí que el miedo escénico se basa en la autoestima, la confianza que tienes en ti mismo y técnicas como las afirmaciones, el reencuadre, la preparación constante, la respiración consciente y otras más. Todos hemos pasado por eso y lo importante es que las experiencias de los demás nos sirvan para mejorar la propia.

Este es su primer libro. ¿Cuál ha sido su aceptación?

Sí. Ya tiene 4 años y medio. Tenemos más de 6.000 ejemplares vendidos. En Latinoamérica un best seller es un libro que ha vendido más de 5.000 ejemplares. En países primermundistas o donde se lee más se habla de 20.000 ejemplares en adelante. En países como Venezuela se lee poco. Ahora estamos escribiendo otros dos libros, uno de una experiencia que me tocó vivir en diciembre cuando prácticamente estuve a punto de perder la vida. Fueron 27 días en una clínica y 11 en terapia intensiva por un problema en la vesícula que me generó un shock séptico. También tengo otro en proceso que es sobre relaciones interpersonales. Ya tiene título, pero todavía no quiero revelarlo. Este sería mi segundo libro. El de mi experiencia personal sería el tercero.

Usted ha sido profesor de oratoria en Miss Venezuela. ¿Es difícil enseñar técnicas de oratoria a reinas de belleza?

Con las reinas he entendido que estas lindas mujeres no tienen tiempo de estudiar y que no es como dice la gente, que son brutas. Eso no es así. Son personas muy jóvenes, entonces algunas o muchas no han podido estudiar. En tercer lugar, sí puede ser cierto que están más preocupadas por su físico que del intelecto. De tal modo, uno como profesor se ve limitado para trabajar con ellas. Aun así, he tenido grandes experiencias con ellas.

dcastrope@diariolasamericas.com
@danielcastrope

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