PARÍS.- Marcada por una tendencia pragmática y sin riesgos, en la Semana de la Moda masculina de París, que termina este domingo, se vieron sobre todo trajes y prendas funcionales.
Con una actualidad llena de altibajos y las dificultades económicas que atraviesa el sector, las marcas buscan tranquilizar a la clientela y no quieren asumir riesgos
PARÍS.- Marcada por una tendencia pragmática y sin riesgos, en la Semana de la Moda masculina de París, que termina este domingo, se vieron sobre todo trajes y prendas funcionales.
Tras un 2025 dominado por los cambios en las direcciones artísticas de grandes marcas, esta edición otoño-invierno no fue tan excepcional, con menos desfiles y ningún debut.
"Es una temporada que ha sido bastante conservadora, sin propuestas increíbles", analiza para AFP Matthieu Morge Zucconi, jefe de la sección de moda masculina del diario francés Le Figaro.
"Estamos en un periodo en el que vamos directo a lo esencial. Eso se ve en los desfiles", coincide Astrid Faguer, periodista de moda en Les Échos Week-End.
Con una actualidad llena de altibajos y las dificultades económicas que atraviesa el sector del lujo, las marcas buscan tranquilizar a la clientela y no quieren asumir riesgos, estiman los especialistas.
La tendencia para el próximo invierno es más bien apostar por los valores seguros.
La combinación de traje y corbata se impone como una de las grandes marcas de las pasarelas.
En Louis Vuitton, Pharrell Williams la propone de múltiples formas: con botones simples o dobles, cortes más o menos entallados e incluso una opción con bermuda.
En Dior, el traje se inspira en los años 1940, con hombros suaves y pantalones amplios, o en los años 1960, con pantalón pitillo y americana corta.
El estadounidense de raíces mexicanas Willy Chavarria también propone trajes de inspiración retro, con amplias hombreras y grandes solapas.
En Hermès, la sastrería apuesta por materiales nobles, de la franela al cocodrilo, y Sacai le añade volantes al pantalón clásico, creando la ilusión de un short superpuesto.
Juun. J presenta versiones florales, en terciopelo o incluso con un pantalón de motorista amplio.
Los estampados de cuadros también triunfan. Se cuelan tanto en las piezas semitransparentes de tartán de Jeanne Friot como en las camisas, también de tartán, de Kolor.
En Dior, la emblemática chaqueta Bar se reinventa con diseño pata de gallo. Louis Vuitton multiplica los trajes con patrón príncipe de Gales.
La paleta de colores es sobre todo neutra (negro, gris, beige, marrón) con toques de colores vivos, como el violeta, que se ha visto desde Dior hasta Vuitton, pasando por Issey Miyake y Études Studio.
Para Adrien Communier, jefe de sección de moda en la revista GQ, esta sobriedad refleja sobre todo un retorno a lo esencial, para crear prendas "que sean capaces de durar y afrontar el día a día", observa.
En su opinión, tanto el público como los creadores ya no aspiran a piezas de temporada que queden rápidamente desfasadas, sino que buscan looks que perduran.
"Es imposible no ver aquí una referencia al contexto internacional", estima, y habla de posiciones responsables y pragmáticas respecto a la situación.
"La fantasía estará en otros terrenos", afirma por su parte Astrid Faguer.
Desde las pelucas punk de Dior hasta las gorras de cuero de Vuitton, pasando por las boinas al revés de Officine Générale y las máscaras de macramé de Rick Owens, "nunca habíamos visto tantos tocados en las cabezas", señala.
FUENTE: AFP
