Son más de mil kilómetros en casi 25 horas, pero vale la pena. El expreso de Oriente parte desde la capital turca, Ankara, rumbo a Kars, en la frontera con Armenia. En Turquía el viaje es furor.

Tugay Cicek se cuelga del tren andando y se aproxima tanto al suelo que ya es peligroso. Se aferra con una mano a la puerta abierta del vagón mientras, con la otra, se toma un selfie.

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El tren avanza traqueteando al costado del río Eufrates, que se abre paso por el este de Turquía. El viento tira de la gorra de Tugay. Suena la alarma y de pronto aparece un controlador de bigotes negros por la esquina. "Eso está prohibido", dice en tono firme y traba la puerta.

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Tugay Cicek y su novia, protagonistas del relato.

Tugay Cicek y su novia, protagonistas del relato.

El joven de 23 años ya logró su cometido: un poco de adrenalina y una foto que compartirá en Instagram, donde se publica un sinfín de fotos sobre el Expreso de Oriente, todo un fenómeno en el país, con el hashtag #doguekspresi.

Son 1.300 kilómetros que se recorren en 24 horas y 30 minutos, partiendo de la capital, atravesando siete provincias, bordeando en muchos tramos el río y llegando a la frontera con Armenia. El tren parte todos los días a las 18:00 de la terminal. Su llegada está programada para las 18:00 del día siguiente en la frontera, aunque hay que decir que no pocas veces tiene demora.

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Al pasar por la provincia de Erzincan el Eufrates se vuelve turquesa y sereno y refleja las montañas de la quebrada. Vale la pena ir al vagón comedor, donde las ventanas son más grandes.

Al pasar por la provincia de Erzincan el Eufrates se vuelve turquesa y sereno y refleja las montañas de la quebrada. Vale la pena ir al vagón comedor, donde las ventanas son más grandes.

La demanda es tal que pusieron en marcha una segunda versión del recorrido para turistas. Demora 32 horas en lugar de 24 porque va haciendo paradas y es algo más cara. Esa no sería una opción para Tugay, que estudia Turismo pero dice nunca haber salido de la zona occidental del país. Está contentísimo de poder viajar en la versión clásica del tren, de siete vagones cama para dos o cuatro personas, tres vagones de salones más grandes y un vagón comedor.

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Son 1.300 kilómetros que se recorren en 24 horas y 30 minutos, partiendo de la capital, atravesando siete provincias, bordeando en muchos tramos el río y llegando a la frontera con Armenia.

Son 1.300 kilómetros que se recorren en 24 horas y 30 minutos, partiendo de la capital, atravesando siete provincias, bordeando en muchos tramos el río y llegando a la frontera con Armenia.

Cuando el tren parte, el día se va apagando. El paisaje se despliega por la mañana en la provincia de Sivas, donde van apareciendo montañas y cada vez más nieve en el horizonte.

Tugay y su novia lograron reservar un coche cama para cuatro personas, algo muy difícil de conseguir, y llevan sus provisiones vitivinícolas. Y es que en el tren, de una ferroviaria estatal, no se vende alcohol. Seguramente sea un vestigio del gobierno conservador.

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El tren parte todos los días a las 18:00 de la terminal.

El tren parte todos los días a las 18:00 de la terminal.

Al pasar por la provincia de Erzincan el Eufrates se vuelve turquesa y sereno y refleja las montañas de la quebrada. Vale la pena ir al vagón comedor, donde las ventanas son más grandes. "La ventaja es que pueden verse muchos sitios hermosos, y quedan en la memoria", dice Tugay.

El expreso de Oriente existe desde los años 30. Antiguamente partía de Estambul. Ahora revivió su popularidad por las fotos y los videos que se postean en Instagram. En el tren se celebra la nostalgia, que linda en parte con lo kitsch. Cuatro estudiantes colgaron en su vagón fotos Polaroid, lucesitas y guirnaldas. Hay flores, velas y cassettes sobre la mesa plegable, mientras en el vagón 9 una mujer de 46 años baila al son de una melodía turca.

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Uno de los grandes intereses de la mayoría de los viajerors es Ani, conocida como la ciudad de las mil iglesias, justo en la frontera turco-armenia.

Uno de los grandes intereses de la mayoría de los viajerors es Ani, conocida como la ciudad de las mil iglesias, justo en la frontera turco-armenia.

La mujer se llama Tülay, lleva un pulóver rojo, pantalones blancos y una gorra roja por la que asoma una cabellera rubia. Dice que esperó un año para poder hacer este viaje. Junto a una amiga decoraron el vagón de rojo y blanco.

"No sólo es hermoso por la naturaleza. Uno conoce rápidamente a otra gente y al segundo día ya se siente como en familia", asegura.

Uno de los grandes intereses de la mayoría de los viajerors es Ani, conocida como la ciudad de las mil iglesias, justo en la frontera turco-armenia. Ani es patrimonio cultural de la humanidad de la Unesco desde 2016, fue capital de un imperio armenio en los siglos X y XI y una importante estación en la ruta de la seda. La frontera actual está cerrada desde 1993.

Otro atractivo del viaje es Kars, famoso por sus quesos, y cada estación tiene alguna particularidad. Pero el viaje ya es una experiencia en sí mismo. Seguramente alguien posteó en algún momento una "danza de vagón" en Instagram y ahora los viajeros suelen sacar a relucir diferentes bailes en los vagones.

A Tugay y el grupo que armó en el tren los bailes les resultan ridículos. Lo que lo llena de placer es el viaje en tren, ir mirando paisajes. Quiere recorrer Ani y conocer el lago Cildir, del que tantos hablan. Está tan entusiasmado que ya está planeando su próximo viaje con el Expreso del Sur. Allí tampoco ha estado nunca.

FUENTE: EUROPA PRESS

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