LIMA.- Mucho tiempo después de sus hazañas en el atletismo, la leyenda de Carl Lewis se mantiene viva. Al menos así quedó demostrado durante la presencia del "Hijo del Viento" en los Juegos Panamericanos en Lima 2019.

"No entendí mucho lo que me dijo al momento de la premiación", comentó el cubano Juan Miguel Echeverría luego que Lewis le colgara la medalla de oro tras ganar la final en salto largo. "Pero igual siento como un enorme orgullo que un atleta legendario me haya premiado".

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El ocho veces campeón olímpico había llegado a la máxima cita multideportiva de Las Américas como invitado especial y aunque fue en Barcelona 1992 donde logró su última medalla, los jóvenes de ahora saben de quién se trata y lo veneran por todo lo que aportó al deporte.

En el estadio de atletismo en la Villa Deportiva Nacional, los voluntarios lo rodearon y uno por uno fueron pidiéndole que se tomara un selfie con ellos. La época de los autógrafos ya pasó de moda. Y Lewis, paciente y gustoso, posó con ellos y dedicó todo el tiempo del mundo para que pudieran tener un recuerdo inolvidable.

Para Lewis, los Juegos Panamericanos tienen un significado muy especial. En 1951, su madre Evelyn corrió las vallas en la primera edición de esta cita realizada en Buenos Aires. Luego, en Indianápolis 1987 él se consagró campeón. Y ahora disfruta con la buena onda que vivió en el torneo.

"Nunca en mi vida había visto unas instalaciones tan bien hechas para el atletismo", indicó el "Hijo del Viento" en el estadio atlético de Lima 2019. "Ha sido una grata sorpresa ver cómo se ha logrado montar un escenario ideal para que se luzcan los atletas".

A lo largo de su carrera deportiva, Lewis se paseó y brilló por los escenarios más imponentes del planeta y quizás sus palabras puedan haber sido un cumplido diplomático con los organizadores que lo invitaron. Pero lo que sí es seguro es que esas palabras encerraban respeto y admiración por todo el esfuerzo desplegado para brindarle las máximas facilidades a los atletas en aras de un mejor rendimiento.

También Lewis dedicó algunos valiosos consejos a todos aquellos que quieren trazarse un camino en la vida a través del deporte.

"No se trata de ganar una medalla, sino de representar a tu país de la mejor manera posible, para que estén orgullosos de ti", dijo Lewis. "Yo gané en los Juegos Panamericanos 1987. Ocho años antes fue mi primera participación en estos juegos y muchos de los que estuvieron en 1979 no regresaron. Por eso hay que entender que se debe hacer lo mejor porque no se sabe si habrá una próxima vez".

Lewis reveló que siempre le gustaron los desafíos y siempre supo salir airoso.

El mayor reto de su vida se produjo en los Juegos Olímpicos de Los Angeles 1984. Ahí lo daban como favorito para ganar cuatro medallas de oro: en 100 y 200 metros planos, en la posta 4X100 y en salto largo. Lewis estuvo a la altura de las exigencias y conquistó el oro en las cuatro pruebas.

De esta manera igualaba la hazaña que había conseguido en Berlín 1936 el gran Jesse Owens, quien había logrado esa proeza por primera vez y lo había hecho frente al dictador Adolf Hitler.

"Yo sabía que si no ganaba las cuatro medallas todos iban a considerar que había fracasado", explicó Lewis. "Yo no lo tomé de esa manera, solo pensé que debí esforzarme en mi preparación y luchar con todo lo que tenía en cada prueba. Si no se daban los resultados, lo intentaría una y otra vez hasta que lo lograra".

Tras haber acumulado grandes victorias en pista y campo, Lewis tenía abierto un gran camino y se pensaba que se convertiría en un comentarista de televisión. Tenía todos los atributos para triunfar en esa faceta, buena educación, buenos modales, buena oratoria y un mundo recorrido.

Sus planes, sin embargo, eran diferentes. Sus padres eran entrenadores de atletismo y de seguro aquello marcó su personalidad. En estos momentos, Lewis se desempeña como entrenador en Houston, el lugar donde nació y siente que lo suyo es la formación de talentos.

Lo llamaban "Hijo del Viento" porque Lewis decía que sus momentos más felices eran en el salto largo cuando se impulsaba y deseaba quedarse en el aire por una eternidad para ampliar su distancia y mejorar su récord.

Entre sus grandes hazañas figura haberse convertido en el primer hombre en bajar los 9,90 segundos en los clásicos 100 planos con 8,86 segundos para la distancia en Tokio 1991, donde sumó su tercer título mundial.

Lewis es desde hace tres décadas vegano y afirma que de niño sus mayores aspiraciones eran ser sano y famoso. Ambas las ha logrado con creces y ahora es un ventarrón de entusiasmo para todos los amantes del deporte.

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