Este emblemático estadio se erige como el protagonista del torneo
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Una voz femenina anuncia las paradas del metro de Río de Janeiro en portugués y en inglés. De pronto, surge un narrador de fútbol y anima a bajar en las estaciones más cercanas al estadio. Es algo nuevo, un guiño al fútbol que hace sonreír a los brasileros.
Sólo a ellos porque el narrador habla tan rápido el portugués que los extranjeros no entienden más allá del nombre de la estación."E aí galera, tá chegando. Já chegou. Chegoooou ao Maracan u00e3. O Querid u00e3o. O querida u00e7o. Maracan u00e3. O palco da finaliiissima". nEl Maracan u00e3 se ganó a base de goles y gritos ser un emblema de la ciudad y no debió ser fácil porque están el Cristo Redentor, el P u00e3o de A u00e7ucar, el morro Dois Irm u00e3os y las playas.
Durante el mes del Mundial no compartirá el protagonismo con la naturaleza carioca; la ciudad le pertenece. En todas partes hay grandes pancartas que indican cómo ir al estadio. Maracan u00e3 en letras gigantes en las playas, en el metro, en los autobuses y en cualquier lugar que se anticipe turístico.
Todas las ruas conducen al fútbol. nEn una explanada enorme y soleada al norte de la ciudad, yergue orgulloso uno de los mayores quereres del brasilero. Renovado, reducido y encarecido, se preparara para recibir un juego mundialista después de 64 años.
Después de hundirse en el dolor más grande en la historia del fútbol: el maracanazo. Lo recuerdan mucho por estos días, pero el brasilero habla de él con la certidumbre de que ahora será distinto. nAlrededor del estadio hay muchos turistas que no paran de tomar fotos.
Hay algunos bares que agradecen las numerosas visitas y está Pelé, debajo de la estatua de Bellini, capitán de la sele u00e7ao en 1958, año del primer título.
Pelé no es Pelé, claro, pero se calza la camiseta del Rey y domina el balón en la entrada del estadio Mario Filho, verdadero nombre del Maracan u00e3. Lleva ocho años allí, a la sombra de Bellini, recibiendo monedas de visitantes que se toman fotos con él.
No sabe si podrá ir a un juego porque las entradas son muy caras. Sabe que es difícil, pero recuerda que para Dios nada es imposible."Quizá alguien llegue aquí y me invite", sonríe y no para la cámara. nUn vendedor de agua, refrescos y cervezas ambulante no sonríe mucho. La FIFA le impidió circular en bicicleta con sus productos los días de juegos."Prefiero que Brasil pierda.
Esto es solo burocracia y corrupción", y pedalea, como lo ha hecho durante 20 años alrededor del Maracan u00e3. nBrasil solo visitará el gran estadio en la final del 13 de julio. Si la alcanza y pierde, algunos plantearán su destrucción. Si la gana y obtiene el sexto título, olvídense de la naturaleza porque el templo del fútbol será la imagen de Río de Janeiro.