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@luisfsanchez6

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La ironía es que dos hombres que mostraron un enorme respeto por uno y otro saldrán a matarse a golpes apenas suene la campana, el próximo 23 de noviembre en el MGM Garden en Las Vegas (Fox, PPV), por la corona mundial de los peso pesados.

En efecto, el 28 de septiembre pasado en el anuncio de la pelea, el campeón defensor del Consejo Mundial de Boxeo, Deontay Wilder (41-0-1, 40 KOs), le extendió el mayor de los elogios al retador cubano Luis Ortiz II (31-1, 26 KOs). Le dijo que nadie quiere pelear con él, porque sencillamente representa un riesgo que puede resultar caro. Ortiz, por su parte, agradeció públicamente el gesto que le brinda el estadounidense y que muchos otros se lo han negado.

"Gracias a Deontay por darme esta oportunidad", dijo el zurdo de Camagüey. "Es mi segunda oportunidad. Como gladiador que soy voy a guerrear, a morir en el ring. El 23 de noviembre no será lo mismo que la vez pasada. Esta vez mi mente se encuentra más explosiva, más agresiva".

A las puertas

Ortiz jamás olvidará que el 3 de marzo del 2018 estuvo apenas a unos segundos de lograr lo que nunca ha conseguido un boxeador cubano, conquistar la corona mundial de la máxima categoría del boxeo.

Esa noche, en el Barclays Center de Brooklyn, en el séptimo asalto, Ortiz castigó duramente a Wilder, quien también defendía su corona de los pesados, y lo puso al borde del KO. El de Alabama pudo capear el temporal y sobrevivir al feroz embate que para muchos fue el más escalofriante en sus 11 años de carrera en el boxeo profesional.

Wilder, sin embargo, contradijo lo que vieron todos desde fuera del ring y aseguró que dentro del encordado la situación realmente no fue tan dramática.

"En el séptimo round yo nunca estuve herido", aseguró Wilder días atrás. "La gente malinterpreta la diferencia entre aturdido y mareado. En ese instante mi voz interior me dijo: 'Recibiste, pero sigue. Asegúrate de ver al árbitro. Sigue golpeando o el referee parará la pelea'. Me mantuve en control. Si hubiese estado herido, no hubiese reaccionado de esa manera".

La pelea había puesto de pie a los aficionados que llenaban la arena, en un choque de invictos que luchaban con todo para mantenerse inmaculados sobre el entarimado. En el quinto asalto, Wilder conectó a Ortiz y lo hizo besar la lona por apenas la segunda vez en su carrera. Dos rounds después, el cubano tuvo el combate en sus manos, pero no alcanzó a rematarlo. En el décimo asalto, Wilder tiró dos veces a la lona a su rival y se llevó la victoria en gran estilo.

Respeto mutuo

Ortiz, de 40 años de edad, no es de hablar mucho, en cambio Wilder es una ametralladora con la boca, pero no cae en excesos, y por el contrario no es mezquino cuando se trata de elogiar la capacidad de su rival.

"La primera vez hicimos una pelea asombrosa", explicó Wilder, de 33 años, sobre el choque en el Barclays Center. "Él tiene más de 300 peleas como amateur y estaba invicto como profesional. Me exigió al máximo. Nadie quiere pelear con él en la división de los pesados, por alguna razón será. Yo soy el mejor boxeador del mundo, lo creo y por eso quiero pelear con Ortiz. Pongo mi vida en la línea por mi familia, como lo hace él también".

Dicen que Wilder aseguró una bolsa de ocho cifras por el combate con Ortiz. Si vence al cubano, tendrá una pelea de desempate multimillonaria contra el inglés Tyson Fury.

Ambos deben ganar dos peleas cada uno para hacer posible un nuevo enfrentamiento entre ellos. Fury ya lo hizo sobre Tom Schwarz y Otto Wallin, mientras Wilder superó a Dominic Breazeale y ahora le queda la valla más alta contra el cubano.

Si Ortiz gana, entonces tendrá que concederle la revancha a Wilder pero de seguro tendrá una bolsa de ochos cifras para él y se convertirá en uno de los candidatos para enfrentar a uno de los ganadores de la revancha con cuatro coronas mundiales en juego entre el campeón Andy Ruiz Jr. y el retador, Anthony Joshua.

Tanto en juego, sin embargo, no ha provocado odios entre Ortiz y Wilder, incluso en la conferencia de prensa las primeras palabras del cubano fueron dedicadas para la hija de su próximo rival y Wilder también respondió con gracia.

"Yo creé un vínculo con Ortiz en nuestra primera pelea debido a nuestras hijas", afirmó Wilder. "Somos dos padres que en el ring tenemos que batallar por nuestras familias. Yo sé que Ortiz viene para esta nueva pelea para ganar su cheque y yo, también, y ambos tratamos de darle a los aficionados lo que quieren ver".

Este tipo de peleas, como las que protagonizan Ortiz y Wilder le hacen mucho bien al boxeo.

La división de los pesados atraviesa por uno de los mejores momentos de su historia con por lo menos 10 púgiles de alto nivel en la categoría. Ahí están Joshua, Ruiz Jr., Manuel Charr, Fury, Trevor Bryan, Alexander Povetkin, Joseph Parker, Dillian Whyte, y por supuesto Wilder y Ortiz.

Cuando marcha bien la categoría de los pesados, el boxeo alcanza su pico más alto. Su prestigio lo irradia a todas sus divisiones. Ocurrió entre las décadas de los años 1970 y 1980, cuando alrededor de Muhammed Ali brillaban otros inolvidables pesados del boxeo como Joe Frazier, George Foreman, Ken Norton, Oscar "Ringo" Bonavena, Jimmy Young, Jimmy Ellis y Jerry Quarry, entre otros. Y más abajo, Roberto 'Mano de Piedra" Durán, Sugar Ray Leonard, Carlos Monzón, Marvin Hagler, Tommy Hearns, Alexis Arguello, Wilfred Benítez, Salvador Sánchez y muchos más.

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