MIAMI.- El centro de detención de inmigrantes conocido como “Alligator Alcatraz”, construido en los humedales de los Everglades como parte de la estrategia de deportaciones masivas impulsada por la Administración del presidente Donald Trump, dejó de operar tras menos de un año de funcionamiento, anunció este jueves el gobernador de Florida, Ron DeSantis.
Durante una visita al complejo junto a Tom Homan, responsable de la política fronteriza de la Casa Blanca, el mandatario estatal informó que el recinto ya no albergaba migrantes detenidos y aseguró que cumplió el objetivo para el que fue concebido como una instalación temporal de apoyo.
“Alligator Alcatraz cumplió la función para la que fue diseñado”, afirmó DeSantis, quien sostuvo que el centro contribuyó a la expulsión de “muchísimas personas peligrosas” de Estados Unidos.
Las autoridades indicaron que los últimos detenidos fueron trasladados a otros centros de reclusión o deportados. Además, medios de prensa estadounidenses informaron que los contratistas ya recibieron instrucciones para iniciar el desmantelamiento total de la infraestructura sin precisar la fecha exacta.
Un coche de ICE posicionado en la entrada del centro de detención.
EFE
El recinto fue construido por el estado de Florida sobre una pista de aterrizaje prácticamente en desuso, en pleno ecosistema de los Everglades, y comenzó a operar en julio de 2025 como parte del plan para reforzar la política migratoria de la Casa Blanca.
Su nombre, “Alligator Alcatraz”, surgió por su ubicación entre pantanos habitados por caimanes y como una referencia a la antigua prisión de Alcatraz, situada en la bahía de San Francisco. Durante una visita al lugar, Trump incluso bromeó con que los reptiles servirían como guardias naturales para impedir fugas.
Desde su apertura, el centro estuvo en el centro de la controversia. Abogados, familiares de detenidos y organizaciones defensoras de los derechos civiles y humanos denunciaron presuntas malas condiciones de reclusión y posibles violaciones de las garantías procesales de algunos migrantes.
La iniciativa también enfrentó el rechazo de grupos ambientalistas y de la tribu Miccosukee, que advirtieron que su construcción afectaba el frágil ecosistema de los Everglades y ponía en riesgo la supervivencia de especies protegidas.
El costo del proyecto fue otro de los aspectos más cuestionados. Diversas estimaciones sitúan la inversión por encima de los 1.000 millones de dólares, una cifra que generó fuertes cuestionamientos desde su construcción y durante toda su operación.