lunes 12  de  enero 2026
OPINIÓN

El extraordinario desafío de desmontar la dictadura/Narcoestado de Venezuela con sus propios mafiosos

Es la lucha del pueblo de Venezuela liderado por Machado, la que legitima la nueva política exterior de EEUU y actuar en consecuencia fortalecerá el proceso

Diario las Américas | CARLOS SÁNCHEZ BERZAÍN
Por CARLOS SÁNCHEZ BERZAÍN

Luego de la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores, Estados Unidos se ha impuesto el extraordinario desafío de terminar la dictadura/narcoestado que controla Venezuela utilizando a los propios miembros del crimen organizado, reconocidos mafiosos que dan señales de conversión. En esta estrategia de desmontar el narcoterrorismo usando a sus integrantes las mayores amenazas son el tiempo y el engaño.

Tiempo, “ganar tiempo” es el arma fundamental de la dictadura de Cuba que acaba de cumplir 67 años detentando el poder criminalmente y con impunidad. El crimen organizado como socialismo del siglo 21 ha demostrado que controlado por la dictadura de Cuba puede ceder espacio para ganar tiempo, puede entregar el gobierno, pero no el poder, puede perder el dictador pero no la dictadura y puede aparentar derrota en espera de un mejor momento para prevalecer.

La fortaleza de la soberanía popular, que es el mandato temporal a gobernantes sometidos a la ley y obligados rendir cuentas, es debilidad frente a las dictaduras de crimen organizado que solo tienen que esperar el cambio de presidente o de gobierno adversarios, para sobrevivir. La victoria para las dictaduras es ganar tiempo, porque el tiempo corre en contra de los gobiernos y líderes democráticos, pero no contra el crimen en el poder, por la sencilla razón de que los criminales no rinden cuentas ni dependen del mandato popular.

“Estabilización, recuperación y transición” son las tres fases anunciadas por EEUU en el proceso de liberación de Venezuela. Se trata de desmantelar el centro de agresión más importante -que bajo estrategia de la dictadura de Cuba- ha atacado en este siglo a los EEUU con mecanismos de “guerra híbrida” como la migración forzada, el tráfico de drogas, el soporte a organizaciones de crimen común transnacionalizado, la acogida y expansión de grupos terroristas, la asociación con dictaduras extra hemisféricas, la penetración en la política interna y una larga lista de delitos.

Para la ejecución de las tres fases no se ha anunciado un cronograma y sería un error estratégico hacerlo, pero vale la pena apuntar que si no se ejecuta y concluye en pocos meses, antes de la elección de medio tiempo de noviembre 2026 en EEUU, es posible que el crimen organizado permanezca por lo menos parcial e impunemente en el poder en perjuicio del pueblo venezolano, de la seguridad nacional norteamericana y de toda la región.

Estabilización es “normalizar, regularizar o poner en orden lo que no lo estaba”. Venezuela es un país ocupado por el crimen bajo mando de la dictadura de Cuba que ha impuesto sus sistema de terrorismo de Estado como medio de sometimiento. En estas condiciones normalizar supone cuanto menos que los detentadores del poder retiren la ocupación cubana y cesen el sistema de terrorismo de Estado, expulsando a las fuerzas de intervención castristas, para militares y mercenarias, y desarticulando públicamente los aparatos de represión, terrorismo y crimen. No hay estabilización con presos políticos ni con protección al narcotráfico y al terrorismo desde el Estado.

La recuperación consiste en “volver a tomar o adquirir lo que antes se tenía”. La base es restituir la libertad y los derechos fundamentales de la persona para sostener la recuperación económica fundada en el petróleo y los recursos naturales rescatados de manos del crimen, de la intervención cubana y de las operaciones chinas, rusas e iraníes. Este proceso puede ser largo, pero sus fundamentos tendrán que ver con la reposición de los elementos esenciales de la democracia.

En la situación de Venezuela, “transición” debe entenderse como el cambio del control de poder. Es la etapa en la que el crimen organizado, además de dejar el gobierno, debe entregar el poder y la incertidumbre radica en el nivel de impunidad y de participación que los miembros del grupo delictivo del socialismo del siglo 21 o del Partido Socialista Unido de Venezuela pretenderán retener. Debería tratarse de la “restitución o restauración de la democracia” con sus cinco elementos esenciales y sin impunidad.

No se termina con una dictadura/narcoestado sin eliminar sus “leyes infames” definidas como aquellas que violan los derechos humanos y libertades fundamentales en lugar de protegerlos; no es posible el cambio con impunidad; y no habrá recuperación si los instrumentos políticos de la dictadura/narcoestado permanecen como actores políticos. En la historia de EEUU el éxito solo ha seguido a la “rendición incondicional” de sus enemigos.

Todo este proceso no es posible sin una contraparte nacional con legitimidad, y la única existente es la liderada por María Corina Machado, que más allá de simpatías o errores, es quien representa el mandato de liberación nacional de Venezuela que ha permitido llegar a la situación actual. Sin la lucha, la valentía, la determinación, la organización y el triunfo electoral del 28 de julio 2024 liderado por Machado, no hubiera sido posible la claridad en la identificación pública de los crímenes de Nicolás Maduro y su grupo criminal.

Es la lucha del pueblo de Venezuela liderado por Machado, la que legitima la nueva política exterior de EEUU y actuar en consecuencia fortalecerá el proceso de desmontar la dictadura/narcoestado.

*Abogado y Politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracy

www.carlossachezberzain.com

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