Nadie cree en las promesas de Maduro y la FANB no escapa a ello. El miedo no logra frenar las diarias deserciones que van dejando al estamento militar sin gente. Para tratar de maquillar la situación, Maduro apela a la milicia, sellando así el bochinche en una institución de por sí desdibujada, empobrecida, desmoralizada, traidora de sus principios y entregada a las mafias.

Los actos oficiales se han convertido en montajes. El pasado 99 aniversario de la Fuerza Aérea tuvo que sustituir el tradicional desfile por una publicidad de simuladores. No solo opera la paranoia de Maduro a los actos públicos, pesa también la certeza de militares descontentos. Los militares huyen, como buena parte del país. Por eso Diosdado Cabello llama a retomar las campañas para la captación de nuevos integrantes a la FANB. Ni obligados, dicen muchos.

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La FANB tiene pendiente el reclamo del país. Es la Fuerza Armada la señalada como principal responsable de que Maduro siga en el poder. La culpable de la represión. La que traiciona a la patria entregando la soberanía a cubanos, rusos, chinos, turcos, iraníes. La que asalta nuestras riquezas. Las pruebas son continuas. Un caso vigente: aviones Y8 del grupo aéreo número 6 han están haciendo vuelos nocturnos a Cuba. Lo hacen con frecuencia, ida y vuelta. ¿Qué transportan? Los aviones están adscritos al Ministerio de la Defensa.

Ejemplos sobran. Lo que están haciendo con el arco minero no tiene perdón de Dios. Lo terrible es que los militares, sin que les tiemble el pulso, son cómplices de masacrar a los indígenas. A la jerarquía castrense corrupta tampoco le importa la vida de sus propios compañeros. Son oficiales al servicio de las mafias, de los terroristas. En un año tres masacres deberían haber activado las alarmas del mundo. En noviembre de 2018, 12 indígenas y 4 efectivos de la GNB fueron atacados por un comando guerrillero en Bolívar. Las autoridades militares, como si nada. En febrero de este año en el reclamo de la ayuda humanitaria, la población de pemones en Santa Elena de Uairén fue brutalmente atacada, las familias se vieron obligadas a cruzar hacia Brasil. Nadie olvidará el efectivo de la GNB que se negó a ejecutar “las órdenes de masacrar al pueblo”. Desde entonces la zona fue militarizada. Y sin embargo, o justamente por eso, los desafueros en los que se ven involucrados efectivos militares de distinta jerarquía, no han cesado. Los oficiales seleccionados para el puente entre las mafias criminales y la FANB tienen privilegios enormes, como premio a sus sanguinarias acciones. Al hijo de Maduro, “Nicolasito” le son designados efectivos especiales. Inocultable son las operaciones con sofisticados equipos –helicópteros, armas- y personal a su servicio. Operaciones para negociar con las mafias nuestro oro. Lo más doloroso es que el tema ya pasa por la normalidad.

El pasado 22 de noviembre entre las 7 y 7 y media de la noche, la comunidad minera Ikabarú en el sector pemón número 7 en la Gran Sabana, fue víctima de un grupo armado que decidió tomar el control de la zona. Se trata de una población indígena de unos 2500 habitantes que viven en total indefensión a merced de pranes, guerrilleros, militares, y bandas armadas por empresarios del oro –mucho se menciona a Juancho cabeza de un grupo con más de 2000 hombres-. Todos estos criminales cohabitan con los intereses de Nicolás Maduro y a quienes él les ha permitido que accedan a su riqueza particular de las minas. Ellos son entre otros, Tarek El Aissami, Diosdado Cabello, Delcy Rodríguez y bueno, para que otros no se quejen, también les ha ofrecido su cuota a los gobernadores.

De esta masacre reciente, nadie, absolutamente nadie del régimen se ha dado por enterado. No lo hizo el Ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, a pesar de que un efectivo de la GNB falleció. Para los organismos como el Ministerio Público o la Defensoría del Pueblo, el caso no existe. Tampoco para la autoridad regional. La indiferencia se torna dramática ante los llamados desesperados de la comunidad que alertan estar sitiados por esos sindicatos criminales –el autor de la masacre sería el sindicato El Ciego- que con sus armas aterrorizan y amenazan con nuevos ataques.

En otras zonas del país sólo varía el objeto del negocio. En las fronteras occidentales, controladas indiscutiblemente por las guerrillas colombianas, el contrabando también opera bajo la complicidad de la FANB. Y oficial que se resista a delinquir, es castigado duramente para aleccionar. A un general en el Zulia, le fabricaron un expediente acusándolo de narcotráfico por haberse atrevido a enfrentar al ELN. Porque o están con el crimen o son acabados. ¿Cómo no van a desertar? Todavía hay gente decente.

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DLA Clasificados

 

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