"Con el puño cerrado no se puede intercambiar un apretón de manos", Indira Ghandi
La plutocracia en Venezuela ha transformado el concepto de transparencia, mientras la concentración de poderes la convierte en una empresa rentable.
"Con el puño cerrado no se puede intercambiar un apretón de manos", Indira Ghandi
Para Venezuela y la mayoría de los países latinoamericanos, el tema ha significado algo así como nombrar la soga en la casa del ahorcado. La plutocracia en el poder ha transformado semánticamente el concepto de transparencia en "tramparencia", la cual se practica, impúdicamente, ante propios y extraños. La concentración de poderes ha dado lugar a que la gestión pública sea una de las empresas más rentables a nivel individual y de los grupos que mueven los hilos fundamentales en la toma de decisiones.
A la transparencia se le reconoce como parte del derecho a la información y por tanto se asimila a la exigencia de un derecho humano fundamental y no como una graciosa concesión de la clase gobernante. Esta precisión es para espantar a cualquier gobierno, sobre todo a los que manejan a la Hacienda Pública como una hacienda particular. .Viene a ser algo así como una causa mayor para estar ausente de cualquier evento donde se trate el tema, mucho más para aquellos que generan desconfianza y adolecen de legitimación frente a los ciudadanos.
Debe ser característica de todo mandatario promover el diálogo tanto a lo interno, con aquellos grupos que lo adversan, como a lo externo para reforzar lazos con países aliados o acercar aquellos que se consideren adversarios. Todo ello en función de los más grandes intereses de la Patria y del bienestar de sus ciudadanos. Son logros de la civilización humanizadora a los que ya no se puede renunciar sin incurrir en hacer concesiones a la barbarie. No es el capricho de un gobernante lo que debe signar la relación con los otros, con los que no piensan igual que él. Es el compromiso con el futuro de los pueblos, con su soberanía, sus valores y su cultura, su bienestar y felicidad lo que debe guiar a un Estadista. Hay que volver a las raíces, si, profundas raíces que nos hacen comúnmente humanos y no a las vanas manifestaciones nacionalistas, etnicistas y particularistas que van siempre como dice Savater, de rama en rama, haciendo monerías y buscando distingos.
Si algo nos hace iguales son las raíces humanas, común a todos los pueblos. La diversidad cultural es el modo propio de expresarse la común raíz humana, su riqueza y generosidad. Es verdaderamente deplorable oír a un presidente, como dijera Chávez, que no hay ninguna posibilidad de entendimiento con la oligarquía venezolana ni con el gobierno de Estados Unidos. Parece ser que el Presidente, en ese entonces, olvidó que el término "oligarquía" significa "gobierno en que unas cuantas personas de una misma clase asumen todos los poderes del Estado".
De modo que no habría, como efectivamente no hubo, entendimiento con nadie, que no los adulara ni adentro ni afuera, porque su concepción del poder era autocrática, su sentido de la vida era megalomaníaca y sus raíces no parecían humanas. Parece que en el poder quedaron algunos con ese parecer. Para ellos es difícil entender el perfil discrepante de sus rivales ideológicos, por tanto, como refiere Savater, "que todo el mundo tiene el derecho a equivocarse, pero nadie posee el de exterminar el error."
Los Chavistas, por darles una connotación, han venido cerrando soberbiamente todas las salidas de la democracia. Están abusando del desaire y la ofensa con países tradicionalmente amigos de Venezuela, sin darse cuenta que cada vez son menos los que creen sus engaños. Están quedando desnudos frente a propios y extraños. Como dijera Savater, "Es que la verdad vuela entre las dudas, como la paloma de Kant, en el aire que le ofrece resistencia, pero a la vez la sostiene". www.venamerica.org.
Neuro J. Villalobos Rincón*
*Director de VenAmérica
